Alan García, la historia no termina

Por Florencia Tursi Colombo

El miércoles 17 de abril por la mañana el ex presidente Alan García se suicidó mientras miembros de la justicia peruana habían ido a buscarlo para llevarlo detenido en el marco de las investigaciones por el caso Odebrecht. Investigaciones por las cuales estuvieron presos Ollanta Humala y su esposa Nadine Heredia por sobrepagos en la obra pública, actualmente se encuentra presa Keiko Fujimori por la financiación de su campaña electoral, y hay pedidos de captura para Pedro Pablo Kuczynski (PPK), quien evitó la cárcel por su estado de salud y Alejandro Toledo que se encuentra en los Estados Unidos evadiendo la extradición.

Tarea difícil, decir algo que trascienda al hecho en sí, la bronca por la justicia truncada y los oportunistas que hablan de persecución y levantan las banderas del mártir. Pero llama la atención que todos los presidentes desde la vuelta a la democracia, en el año 2001, tengan procesos judiciales abiertos por coimas en las obras públicas realizadas.

Lejos de tratarse de una persecución política o de una campaña del odio. Lo que pone en evidencia los escándalos de corrupción en Perú -a diferencia de lo sucedido en otros países de la región- es el armado político detrás de un modelo de crecimiento económico próspero. Mientras que, por ejemplo, en Brasil y Argentina, los casos de corrupción son usados políticamente para denostar e impedir candidatos, en Perú, en cambio, la judicialización ha llevado a cuestionar las bases mismas en las que se sustenta el sistema político, el entramado entre políticos y empresarios para construir un supuesto bienestar que deja por fuera a gran parte de la población.

El sistema político que rige en Perú es el formulado por Alberto Fujimori en el contexto del autogolpe de 1992, en el que cierra el Congreso y lanza una nueva constitución (aún vigente). Los  grandes beneficiados del sistema establecido por Fujimori fueron los empresarios que lograron hacer negocios con el Estado conformando la llamada “tecnocracia”, y controlar los puestos clave como el Ministerio de Economía y el Banco de la República para hacer sus negocios.

  1. ¿En democracia?

En los últimos años de la dictadura de Fujimori se fue forjando una oposición en el Congreso, ganando la fuerza suficiente como para destituirlo por “causa moral”. Aunque antes Fujimori intentó dimitir a su cargo desde Japón para evitar ser juzgado y encarcelado. Finalmente, se estableció un gobierno intermedio a cargo de Valentín Paniagua y se llamó a nuevas elecciones democráticas. Desde entonces, se han celebrado elecciones presidenciales, Alejandro Toledo (2001-2006), Alan García en se segunda presidencia (2006-2011), Ollanta Humala (2011-2016) y Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018). Lo que se suele mencionar es que todos han ganado elecciones promoviendo cambios y criticando al fujimorismo aunque al llegar a la presidencia ninguno realiza dichos cambios, por el contrario perpetúan y profundizan el mismo modelo neoliberal. Esto es así, pero sólo en parte, pues podrían señalarse un par de cuestiones. La primera, el rechazo social al fujimorismo -a quien se emparenta con corrupción y violación a los derechos humanos-, aunque es inconsistente porque sigue obteniendo cierta adhesión en elecciones y hasta tiene mayoría en el Congreso. Esto se ve claramente en las ultimas dos elecciones presidenciales en las que se enfrentaron en ballotaje la candidata fujimorista, hija del ex-presidente, Keiko Fujimori con Humalla en 2011 y con Kuczynski en 2016 resultando ganador en ambos casos el candidato no fujimorista. Todo el espectro político se alinea en las elecciones para impedir la llegada de un nuevo Fujimori a la presidencia e incluso ha sido crucial en ambos casos el voto de la izquierda para definir la elección, al grito de “Fujimori nunca más”.

El rechazo que provoca Fujimori implica que ya no pueda sostenerse el neoliberalismo de la misma manera que se dio en los 90′. Este es el segundo punto a señalar como distintivo de la democracia que comenzó en el año 2001. Ya no puede hablarse de continuidad del proyecto fujimorista, han sucedido, en democracia, una serie de cambios que dieron lugar a una nueva forma de entender la economía peruana[ ][1]. Es lo que se llama el ‘milagro económico peruano’ en referencia al crecimiento de la economía del país desde 2005. Un crecimiento económico como el que experimentó toda la región latinoamericana ligado al boom de los commodities y al aumento de la demanda del mercado chino. En Perú ese crecimiento fue resignificado como parte de lo que se denomina en teoría económica como un milagro económico, un crecimiento exponencial y desusado de la economía nacional. Incluso, quien habló de milagro económico en 2007 fue el Banco de Reserva (o BCR por sus siglas). No fue casual que dicha institución, con el aval del FMI (Fondo Monetario Internacional) usara ese término para describir la economía de inicios del siglo XXI. El BCR va a ser la institución que encarna al neoliberalismo post-Fujimori. Es decir, se saca al neoliberalismo de la esfera del polémico personaje político y por fuera de la dictadura para encauzarlo por “vías democráticas”. En una institución gobernada por tecnócratas, allí en donde la “gente de negocios” se hace fuerte.

El BCR construyó un modelo neoliberal que se presenta ante la sociedad peruana y ante el mundo como exitoso, sin embargo sostiene una economía privatizada que exporta materias primas, principalmente minerales, con una mano de obra barata y no sindicalizada que trabaja en la economía informal. Cabe aquí la pregunta que se hace Nicolás Lynch[2] “¿es posible un gobierno democrático del neoliberalismo?” ya que se construyó de manera autoritaria por Fujimori de la mano de negociados abusivos. El milagro económico peruano vino a demostrar que era posible profundizar un neoliberalismo que gana elecciones: ganó con Toledo, ganó con García y con Humala y Kuczynski también. Pese a ganar en elecciones, el milagro económico ya finalizó. He aquí, paradójicamente, los motivos para ser optimista.

  1. El punto de inflexión

Los acontecimientos que se sucedieron desde diciembre del 2017 a diciembre del 2018 marcan un punto de inflexión. Primero se produjo el pedido de vacancia presidencial (el primero) contra PPK en diciembre del 2017, el Congreso debía votar para sacar a Kuczynski del cargo sospechado de corrupción cuando había sido Ministro de Economía y Finanzas entre 2004 y 2005. El pedido es rechazado gracias a un negociado secreto de ultimo minuto entre Kuczynski y el congresista Kenji Fujimori que implicó diez abstenciones de Fuerza Popular (el partido fujimorista). A cambio de la no destitución y para devolver el “favor”, en las vísperas de navidad, Kuczynski indultó a Alberto Fujimori.

El indulto por razones “humanitarias” a Fujimori quien estaba cumpliendo su condena en la cárcel por 25 años desde el 2007, produjo la reacción popular, movilizaciones en Lima y en las principales ciudades que fueron reprimidas por la policía. El descontento social se hizo sentir en las calles los últimos días de diciembre y enero. En marzo de 2018, revive el pedido de vacancia, se revelan nuevas transacciones sospechosas de Kuczynski con empresas privadas y aparecen los “Kenjivideos”, salen a la luz las cámaras ocultas que filmaron la compra de votos de congresistas de Fuerza Popular para no aprobar el primer intento de destitución. Sin embargo no llega a votarse la vacancia ya que PPK renuncia a su cargo para evitar pasar nuevamente por el congreso, sabiendo que en esta oportunidad no contaba con maniobras a su favor.

La salida de PPK deja al descubierto la crisis política que vive el país, la falta de legitimidad de los representantes. A lo que se suma el escándalo de la magistratura en julio de 2018, una vez asumido la presidencia el Primer Vicepresidente, Martín Vizcarra, en medio de pedidos por una “nueva constitución”, que desembocó en el referéndum de diciembre de 2018 para reformar en cuatro puntos la Constitución, solo tres de ellos aprobados, los referidos a la reforma del Consejo de la Magistratura, la regulación de la financiación de las organizaciones políticas, y la no reelección de parlamentarios, mientras que resultó rechazada la propuesta de un sistema bicameral.

Mientras la política atraviesa la mayor de sus crisis, pocas son las voces que se alzan cuestionando las causas profundas de su inestabilidad. No ha habido desde la vuelta a la democracia en 2001, y antes tampoco (el primer gobierno de García lo puso en evidencia con el intento fallido de estatizar la banca) gobierno que pueda funcionar sin el apoyo del establishment.

  1. El perro del hortelano

García fue un personaje de su época, quizá uno de los más importantes, el segundo después de Fujimori. Juntos, Fujimori y García -con Toledo también- fueron los hacedores de un sistema hegemónico novedoso en cuanto a sus alcances y perpetuación.

Hace 34 años, García asumía su primera presidencia (1985-1990), la primera vez que el APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana) partido creado por Haya de la Torre a partir de la revuelta estudiantil de 1924, llegaba a conformar gobierno. Se abría un contexto de esperanzas para las izquierdas -con el gobernador Alfonso Barrantes de Izquierda Unida en Lima- y los movimientos nacionalistas que apoyaban al APRA y al programa económico heterodoxo que impulsaba su gobierno.

El principal proyecto que fundamentaba el programa heterodoxo, la estatización de la banca, fue enviado al Congreso para su debate y aprobación en el año 1987, sin embargo se encontró con la oposición del establishment obligando a seguir lo preestablecido y dejando lugar a la hiperinflación, cercana al 3000%. Asimismo, las izquierdas se vieron relegadas al segundo plano dentro de la confrontación armada entre el Estado y el grupo guerrillero Sendero Luminoso. La guerra interna destruyó la imagen democrática de las izquierdas peruanas teniendo que, en los sucesivos años, reconstruirse. Mientras que, Alan García se refugió en las fuerzas armadas provocando incalculable cantidad de muertes y violaciones a los derechos humanos.

La segunda presidencia de García (2006-2011), se dio en un contexto más amable ya que gozó de los “beneficios” de las reformas estructurales iniciadas en los 90 por Fujimori y profundizadas por Toledo en lo que se definió como un neoliberalismo con características propias, con una peculiar sensibilidad hacia lo popular y adaptado a las necesidades locales. De esta manera se construyó el mito sobre el supuesto éxito del caso peruano, paradigma de neoliberalismo “exitoso” en la región.

Sin embargo para García no fue suficiente la prosperidad heredada, se encargó de profundizar el modelo a través del tratado de libre comercio con EE.UU, y de denunciar a través de un artículo conocido como El perro del hortelano, los recursos en manos de comunidades originarias que no eran utilizados de manera productiva pero que tampoco dejaban que otros privados accedan a ellos. El “Baguazo”, las multitudinarias protestas de las comunidades amazónicas en la provincia de Bagua en contra de la privatización de sus recursos naturales en 2009 y el enfrentamiento policial que terminó con la masacre de 34 personas dejó en evidencia los relegados de tal próspero sistema.

En 2018 el ex director de contrataciones de la empresa Odebrecht confesó haber pagado coimas a Alan García en 2009 para adjudicarse los tramos 1 y 2 del metro del Lima, así como también instalar el Cristo Blanco, monumento que asemeja al de Río de Janeiro pero de cara al Pacífico, construido por la misma empresa a cambio de no pagar impuestos municipales.

  1. Los capítulos que faltan escribir

El análisis es complejo, conlleva cuestionar un modelo que ha sido, por años, vendido como exitoso pero que, sólo fue posible de la mano de la corrupción. Los empresarios tuvieron -y siguen teniendo- más poder de decisión que políticos votados. Sumado a que, el sistema político limita la participación de nuevos partidos y la presentación de candidaturas por fuera de los partidos ya asentados (Ley de Organizaciones Políticas, número 28094); y la ley antiterrorista, aún vigente, que ha provocado el encarcelamiento de dirigentes sociales por supuesta “apología del terrorismo”.

El patrón de corrupción reaparece constantemente. (1) Un primer momento fue el de construcción del neoliberalismo con Fujimori. (2) Producido el “cambio de época”, la llegada de la “democracia”, el neoliberalismo se profundizó con el “milagro económico” pero continuando con similares prácticas. Entre el primero y el segundo momento se logró demostrar la corrupción fujimorista y encarcelar al líder. Sin embargo, no se encontraron culpables económicos, los empresarios, conocidos como tecnócratas, persistieron al cambio de época, incluso con más poder que antes ya que nadie se atrevía a cuestionar al modelo exitoso del milagro económico. Lo que está pasando hoy es que, ante el estancamiento del modelo económico -el Perú ya no crece exponencialmente- comenzaron a cuestionarse las prácticas de dicha élite de negocios y se están investigando a los líderes, supuestos responsables. El anhelo persiste para que, en esta oportunidad, se logren cambiar las causas profundas para construir un sistema legítimo y democrático.

[1]         Cabe aclarar que la Constitución que aún rige es la formulada por Fujimori en 1993 aunque se ha retirado su firma del papel.

[2]           Lynch, N. (2017): “El gobierno según Pedro Pablo Kuczynski”; Nueva Sociedad: http://nuso.org/articulo/el-gobierno-segun-pedro-pablo-kuczynski/

LinkedInFacebookTwitterEmailFlipboardGoogle+Share

One thought on “Alan García, la historia no termina

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *