Brasil: ¡no al golpe, fuera Temer!

Por Valter Pomar *

El historiador petista analiza la suspensión de Dilma Rousseff luego de que el Congreso brasileño aprobara el proceso de impeachment, al que caracteriza como golpe parlamentario, una estafa y un fraude, perpetrado por las derechas de Brasil en connivencia con el vicepresidente Michel Temer, para instaurar el programa neoliberal que fue derrotado en las elecciones presidenciales del 2014.

El 17 de abril de 2016 la Cámara de Diputados de Brasil aprobó la admisión del proceso de impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff. La Cámara de Diputados tiene 513 legisladores. De éstos, 367 han votado a favor de la admisión del impeachment, 137 votaron en contra y los demás se abstuvieron o no asistieron a la sesión.

En 12 de mayo fue el turno del Senado. De los 81 senadores y senadoras, 55 votaron a favor de la admisión y 22 en contra. Ese mismo día, Dilma Rousseff fue alejada en forma provisoria de la presidencia de la República.

Ahora le toca al Senado juzgar el mérito de la acusación en un plazo máximo de 180 días, al final del cual hay dos posibilidades:

  1. Si 1/3 de los senadores y senadoras consideran que Rousseff es inocente de las acusaciones, vuelve a la presidencia;
  2. En caso de que 2/3 de los senadores y senadoras consideran que culpable, entonces la presidenta es destituida en forma definitiva.

¿Cuáles son los cargos que están formulados contra la Presidenta de la República? Recomendamos la lectura de la relatoría que fundamentó la decisión de la Cámara de Diputados [1] y de la relatoría que fundamentó la decisión del Senado [2].

Finalmente, recomendamos la lectura de la defensa hecha por el Abogado General de la Unión [3].

Como se puede verificar, la acusación realizada contra Dilma Rousseff es infundada, ya que no ha cometido ninguno de los supuestos crímenes de los cuales es acusada. Inclusive, en el caso de que los hubiera cometido, ninguno constituye razón suficiente para destituir a la Presidenta de la República. Por otro lado, si las acusaciones fueran verdaderas y si éstas cumplieran con los criterios exigidos para destituir a la Primera Mandataria, entonces también debería ser destituido el vicepresidente de la República, Michel Temer, ya que se le adjudicarían exactamente los mismos cargos de los cuales la Presidenta es acusada.


«Lo que la mayoría del Senado y de la Cámara de Diputados inventaron fue un pretexto ilegal para destituir a la Presidenta y por eso estamos frente a una estafa, a un fraude. Y sin la existencia de un crimen de responsabilidad, un impeachment es lo mismo que un golpe.»

Es importante dejar en claro que la Constitución brasileña establece que para realizar un impeachment es necesario que el titular del cargo haya cometido lo que se denomina “crimen de responsabilidad”. Sin embargo, la Presidenta es acusada de haber cometido actos que bajo ninguna circunstancia pueden ser considerados como tales.

Si el régimen político en Brasil fuera el parlamentarista y si Dilma fuera Primer Ministro, una mayoría parlamentaria podría aprobar un voto de desconfianza y disolver el gabinete ministerial, pero en Brasil el régimen político es presidencialista. No existe, por lo tanto, el instrumento del voto de desconfianza, la disolución de gabinetes y el llamado anticipado a elecciones. De esta manera, lo que la mayoría del Senado y de la Cámara de Diputados inventaron fue un pretexto ilegal para destituir a la Presidenta y por eso estamos frente a una estafa, a un fraude. Y sin la existencia de un crimen de responsabilidad, un impeachment es lo mismo que un golpe.

Estamos por lo tanto frente a un golpe parlamentario, que tuvo el respaldo de la mayoría del Supremo Tribunal Federal de Brasil. Una versión un poquito más elaborada de lo que hicieron en Paraguay contra Fernando Lugo.


«La llegada de Michel Temer a la Presidencia significará la adopción integral del programa que fue derrotado en las elecciones presidenciales del 2014. Por lo tanto, el impeachment no es solamente una estafa, un fraude, una invención. Se trata también de la sustitución de la elección directa hecha por el pueblo por una elección indirecta hecha por los parlamentarios.»

La derecha opositora (de la que forman parte el expresidente Fernando Henrique Cardoso y los senadores Aécio Neves y José Serra, los tres integrantes del Partido Social Demócrata Brasileiro-PSDB) y la derecha inserta en el gobierno (de la que forman parte el vicepresidente Michel Temer, el presidente del Senado Renan Calheiros y el expresidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha, los tres del Partido do Movimiento Democrático Brasileño-PMDB) se unificaron e hicieron un golpe parlamentario. En este marco, cabe preguntar, ¿por qué razón no esperaron a las elecciones presidenciales del 2018?

Hay varios motivos, entre los cuales están los siguientes: 1) la oposición de derecha ha perdido las últimas 4 elecciones presidenciales y sabe que esto puede pasar nuevamente en 2018; 2) sin embargo, la misma derecha que ha perdido las elecciones presidenciales consiguió una gran victoria en las elecciones legislativas, que resultaron en una Cámara de Diputados y un Senado en los que predomina por amplia mayoría la derecha; 3) hay un ambiente favorable para la derecha en América Latina y el Caribe, y Estados Unidos tiene prisa para consolidar este ambiente, cambiando la postura del gobierno brasileño; 4) esta premura es compartida por el gran capital, que debido a los cambios en la situación internacional “necesita” rebajar los salarios, anular los derechos sociales y laborales, reiniciar las privatizaciones y cambiar la política exterior; 5) además, las medidas adoptadas por las izquierdas brasileñas desde noviembre de 2014, especialmente las del gobierno Dilma Rousseff, facilitaron las cosas para los golpistas, ya que debilitaron y achicaron el apoyo que teníamos en las clases trabajadoras.

Hay que recordar, asimismo, que las derechas brasileñas no son democráticas y que en distintas ocasiones han recurrido a los golpes. Claro que ellas no lo reconocen. Basta mirar los titulares de la prensa del 1 de abril de 1964, cuando presentaron el golpe militar como un acto en defensa de la democracia. Hoy hacen lo mismo, llegando a acusar al PT de “golpista”…


«La derecha ha decidido romper con los parámetros dentro de los cuales ha funcionado la política brasileña desde 1988. Una vez más, queda demostrado que el gran capital, el oligopolio mediático, los partidos de derecha, sus aliados internacionales y sus empleados en el aparato del Estado tienen una relación totalmente pragmática con las libertades democráticas. El golpismo está en su ADN.»

El 12 de mayo el vicepresidente Michel Temer asumió temporalmente la Presidencia. En caso de que la presidenta Dilma Rousseff logre la absolución en el juicio político, Temer volverá a ser vicepresidente. Si en cambio la Presidenta es considerada culpable y destituida, Temer asumirá “en forma definitiva”. Las comillas indican el hecho de que una parte importante de la sociedad brasileña no está de acuerdo con esto y no reconoce la legitimidad y la legalidad de un gobierno encabezado por Michel Temer.

Un ejemplo sencillo puede aclarar las razones: en 1992, cuando se produjo el impeachment del entonces presidente Fernando Collor, la Presidencia fue asumida por el entonces vicepresidente Itamar Franco, sin que hubiera cambio en la orientación programática del gobierno. Ahora pasa todo lo contrario, como se puede confirmar leyendo el documento denominado “Puente para el futuro”, divulgado en Octubre de 2015 por el PMDB4. En sus dos últimas páginas hay una serie de compromisos que dejan más que claro cuál es el programa que el vicepresidente Temer pretende implementar en su gobierno golpista, ilegal e ilegítimo. Observemos algunos de estos compromisos:

  1. Eliminar las vinculaciones presupuestarias, o sea, no habrá más un mínimo de inversiones en educación y salud. Reducir las inversiones sociales;
  2. Ejecutar una política de desarrollo centrada en la iniciativa privada, por medio de privatizaciones;
  3. Cambiar la ley que regula la explotación del Pre-Sal, o sea, permitiendo a los intereses privados hacerse cargo del petróleo brasileño;
  4. Hacer acuerdos comerciales internacionales sin considerar la integración regional;
  5. Establecer una agenda de transparencia y de evaluación de políticas públicas, que abandone la legislación laboral vigente desde los años 30, que garantiza un mínimo de protección para los trabajadores, especialmente cuando la debilidad de los sindicatos hace que prevalezca la posición del capital;
  6. Reducir las protecciones medioambientales.

Es decir, la llegada de Michel Temer a la presidencia significará la adopción integral del programa que fue derrotado en las elecciones presidenciales del 2014. Por lo tanto, el impeachment no es solamente una estafa, un fraude, una invención. Se trata también de la sustitución de la elección directa hecha por el pueblo por una elección indirecta hecha por los parlamentarios.


«Haremos todo para que la situación cambie, para que los golpistas no sigan teniendo éxito, para que el golpista Michel Temer se convierta en ʻTemer el Breveʼ, es decir, para que no llegue hasta el final de un mandato para el cual no fue elegido.»

Por supuesto que los golpistas saben que hubo resistencia al golpe y que esta crecerá frente a las medidas antisociales previstas en el programa “Puente para el futuro”. Por eso no pueden limitar el golpe parlamentario-judicial.

Como dicen al final del documento “Puente para el futuro”, para implementar su programa será necesario “orden y progreso”. Traduciendo, será necesario:

  • Impedir que Lula pueda ser candidato en las elecciones presidenciales de 2018. Hay que desmoralizarlo, hacerle un proceso judicial, condenarlo, tornarlo inelegible y si fuera posible, arrestarlo;
  • Reprimir e inviabilizar el funcionamiento del Partido de los Trabajadores, así como del conjunto de las organizaciones que integran la izquierda política y social brasileña;
  • Si fuera necesario, cambiar el régimen político brasileño, adoptando por ejemplo algún tipo de parlamentarismo, eliminando así el mecanismo de elección presidencial directa del Presidente de la República.

Si miramos el conjunto de la situación, la conclusión es la siguiente: la derecha ha decidido romper con los parámetros dentro de los cuales ha funcionado la política brasileña desde 1988. Una vez más, queda demostrado que el gran capital, el oligopolio mediático, los partidos de derecha, sus aliados internacionales y sus empleados en el aparato del Estado tienen una relación totalmente pragmática con las libertades democráticas. El golpismo está en su ADN.


«La ofensiva de la derecha está teniendo éxito en diferentes países de América Latina y el Caribe, independientemente de la orientación política de la izquierda que gobierna. Los hechos demostraron la tontería de los que decían que en América Latina había dos izquierdas, una carnívora y otra vegetariana, una radical y otra moderada. La verdad es que existen muchas izquierdas, pero son parte de un proceso común que ha evolucionado positivamente hasta 2008 y desde entonces entró en una fase de reflujo.»

En este momento, la ofensiva de las derechas contra las libertades democráticas es una premisa para: a) realinear a Brasil con Estados Unidos, alejándonos del BRICS y de la integración regional; b) reducir al mínimo posible los salarios y los derechos sociales de los sectores populares; c) destruir los avances obtenidos desde 2003 cuando comenzó el primer gobierno de Lula; d) anular los aspectos positivos de la Constitución Federal de 1988 y de la legislación laboral de los años 30; e) consolidar el dominio del país por el capital financiero, destruyendo lo que resta de nuestro parque industrial y convirtiéndonos nuevamente en una combinación entre hacienda y minería.

Una pregunta importante es por qué motivos ellas han conseguido ser exitosas hasta ahora. Algunos de ellos son los siguientes:

  • Durante 13 años no conseguimos alterar aspectos fundamentales de la matriz económica brasileña. En particular, no cambiamos el control del oligopolio financiero sobre la economía nacional;
  • Durante 13 años no conseguimos afectar las palancas del poder político de las clases dominantes. Tuvieron continuidad el oligopolio mediático, el financiamiento empresarial de las elecciones, la ausencia de control social sobre la Justicia y sobre las fuerzas de seguridad;
  • Durante 13 años no creamos mecanismos de financiamiento militante de nuestras actividades. Al mismo tiempo, fue creciendo nuestra dependencia frente al financiamiento empresarial. Además, para hacerlo, algunos de nosotros adoptamos (o dejamos adoptar) el mismo modus operandi y los mismos “operadores” del financiamiento empresarial hechos por la derecha. En parte, como resultado de esto y también de una intensa campaña jurídica y mediática, parte importante del pueblo aceptó como verdaderas las acusaciones hechas en contra nuestra sobre el tema de la corrupción,
  • Esto se facilitó por el hecho de que, durante parte de estos 13 años, cambiamos para mejor la vida del pueblo, pero sin cambiar el nivel de consciencia y de organización de las mayorías populares;
  • Finalmente, pero lo más importante, la política económica adoptada desde noviembre del 2014 hizo que amplios sectores de la clase trabajadora perdieran la confianza y cesase el apoyo al gobierno.

Hablando en otros términos, conseguimos derrotar a las clases medias conservadoras, conseguimos incluso derrotar al gran capital; pero a partir del momento en que perdimos el apoyo de parte importante de los trabajadores, no conseguimos derrotarlos más. Y fue este apoyo el que en los últimos meses contribuimos a perder con una política económica desastrosa de “ajuste fiscal”.

En pocas palabras, esta política derrumbó la inversión estatal. Como el capital privado ya había cesado sus inversiones, el resultado fue recesión y desempleo, produciendo una pérdida de apoyo en la clase trabajadora. Lo que explica que gran parte de la movilización contra el golpe no haya incluido, hasta ahora por lo menos, paros en los locales de trabajo.

Es bueno decir que esto no constituye una sorpresa. En el primer semestre de 2015, 45% de los delegados y delegadas en el Congreso del Partido de los Trabajadores apoyaron una resolución que destacaba como necesario un cambio inmediato en la política económica, alertando sobre la posibilidad de que no tuviéramos éxito en la defensa de la democracia. En ese entonces, 55% de los delegados y el gobierno de Dilma Rousseff no prestaron atención a esa postura.

Un año después, en Febrero del 2016, 100% de la Dirección Nacional del PT estuvo de acuerdo con la misma idea que antes defendía solamente el 45% de los delegados y delegadas. Pero el gobierno continuó sin prestar atención, colaborando con la victoria de los golpistas el 17 de Abril y el 12 de Mayo.

Por supuesto que haremos todo para que la situación cambie, para que los golpistas no sigan teniendo éxito, para que el golpista Michel Temer se convierta en “Temer el Breve”, es decir, para que no llegue hasta el final de un mandato para el cual no fue elegido.

Desde el punto de vista institucional, esto significa pelear para que por lo menos 1/3 del Senado considere a la presidenta Dilma Rousseff inocente de los cargos que se la acusa. Para que Dilma regrese a la Presidencia y haga un gobierno minoritario en el Parlamento, pero mayoritario en las calles. Segundo, que tengamos un buen resultado en las elecciones municipales del 2016 y que salgamos victoriosos de las elecciones presidenciales de 2018. Tercero, que durante el mandato presidencial 2019-2022 hagamos las reformas estructurales que el país demanda, especialmente las referidas a la estatización del sistema financiero, la democratización de los medios y la reforma política.

Indudablemente, nada de eso será posible sin una inmensa movilización popular. Para esto hay que recuperar el apoyo de la clase trabajadora y el Partido de los Trabajadores tiene que cambiar la línea política y de conducta, lo que supone una evaluación de los motivos por los cuales pasó lo que pasó. Siguen, en este sentido, algunos aspectos a considerar.


«La ofensiva de derecha empezó en 2011 cuando los efectos de la crisis internacional de 2008 se hicieron sentir más fuertemente en Brasil. Desde entonces, el Capital está buscando que el Brasil retorne a su ʻmodo normalʼ, o sea, a un capitalismo que se basa en la superexplotación, en la escasa democracia política y en la relación cuasi carnal con los Estados Unidos.»

Lo primero es que la ofensiva de la derecha está teniendo éxito en diferentes países de América Latina y el Caribe, independientemente de la orientación política de la izquierda que gobierna. Los hechos demostraron la tontería de los que decían que en América Latina había dos izquierdas, una carnívora y otra vegetariana, una radical y otra moderada. La verdad es que existen muchas izquierdas, pero son parte de un proceso común que ha evolucionado positivamente hasta 2008 y desde entonces entró en una fase de reflujo.

Lo segundo a destacar, en el caso de Brasil, es que los hechos desmoralizaron tanto a la ultraizquierda como a los ultramoderados. La ultraizquierda que creía que el PT era un instrumento del Capital, ahora no entiende por qué el Capital hace de todo para destruir al PT. Y los ultramoderados que creían que el Capital les era grato por las concesiones hechas, ahora no entienden por qué el Capital es el que comanda la operación de la derecha contra nosotros. La verdad es que la ultraizquierda y los ultramoderados tenían simétricas ilusiones de clase, y ahora no entienden lo que pasa.

En tercer lugar, hay que destacar que la ofensiva de derecha empezó en 2011 cuando los efectos de la crisis internacional de 2008 se hicieron sentir más fuertemente en Brasil. Desde entonces, el Capital está buscando que el Brasil retorne a su “modo normal”, o sea, a un capitalismo que se basa en la superexplotación, en la escasa democracia política y en la relación cuasi carnal con los Estados Unidos. Para lograr estos objetivos, debían recuperar el Gobierno Nacional. Casi lo hicieron en 2014. Como no lo consiguieron, al día siguiente de la elección presidencial desataron una doble operación. Por un lado, llevar al gobierno de Dilma a aplicar un programa recesivo, que facilitaría los objetivos de la derecha en 2018. Por otra parte, crear las condiciones para acortar el mandato presidencial. Para esto, ha contribuido mucho una operación policial-mediática denominada Operación Lava Jato. Esta operación ha creado la idea de que el PT es una organización criminal y corrupta que se apoderó del aparato del Estado brasileño. Incluso partidos amigos del PT se dejaron influenciar por esta idea y la repiten sin prestar mucha atención a los hechos, que son testarudos y demuestran algo un “poquito” diferente. Desde marzo de este año, finalmente, la derecha se unificó en torno a la táctica de acortar el mandato presidencial.

En cuarto lugar, hay que hablar de Lula. Para la derecha, Lula es un blanco a ser desmoralizado, juzgado, condenado y arrestado. Para la izquierda, es un símbolo a ser defendido, independientemente de que lo pensemos acerca de la política que implementó en su gobierno y de la estrategia que defendió para la izquierda. La derecha no ataca a Lula por sus errores, lo ataca por sus aciertos, entre los cuales se cuenta su capacidad para disputar con posibilidades de victoria las elecciones presidenciales de 2018.

En quinto lugar, hay que comprender que lo que pase dependerá de la correlación de fuerzas. Nosotros haremos todo lo posible para impedir que pase lo que ellos desean. En 1990 la situación era peor que la de hoy y aun así tuvimos éxito. Hoy puede suceder lo mismo, pero para eso debemos tener una orientación clara, para este período de defensa estratégica y para la etapa siguiente, de recuperación de la ofensiva.


«Para la derecha, Lula es un blanco a ser desmoralizado, juzgado, condenado y arrestado. Para la izquierda, es un símbolo a ser defendido, independientemente de que lo pensemos acerca de la política que implementó en su gobierno y de la estrategia que defendió para la izquierda. La derecha no ataca a Lula por sus errores, lo ataca por sus aciertos, entre los cuales se cuenta su capacidad para disputar con posibilidades de victoria las elecciones presidenciales de 2018.»

Para eso hay que hacer un balance de este período que se cierra y construir una política para el nuevo período. Esta es una tarea de todos los sectores que integran el Frente Brasil Popular, que hoy reúne a la mayoría de las organizaciones políticas y sociales de la izquierda brasileña. Pero es una tarea principalmente del Partido de los Trabajadores que fue y aún es el principal partido de la izquierda brasileña.

Saldremos más rápido de la situación defensiva en que estamos si el PT demuestra la capacidad de hacer un balance crítico y autocrítico, cambiar de estrategia y de comportamiento. Para esto creemos necesario realizar este año un Congreso Extraordinario del Partido. Pues la derecha cambió de estrategia y nosotros debemos hacer lo mismo.

*Historiador y Doctor en Historia Económica por la Universidad de São Paulo. Miembro del Partido de los Trabajadores (PT).

Notas al pie:

[1] http://www2.camara.leg.br/atividade-legislativa/comissoes/comissoes-temporarias/especiais/55a-legislatura/denuncia-contra-a-presidente-da-republica/documentos/outros-documentos/ParecerDep.JovairArantes.pdf

[2] http://agenciabrasil.ebc.com.br/sites/_agenciabrasil2013/files/files/Relat%C3%B3rio%20de%20Antonio%20Anastasia%20sobre%20processo%20de%20impeachment.pdf
[3] http://www2.camara.leg.br/atividade-legislativa/comissoes/comissoes-temporarias/especiais/55a-legislatura/denuncia-contra-a-presidente-da-republica/documentos/outros-documentos/manifestacao-da-denunciada/ManifestaodaDenunciada.PDF
[4] http://pmdb.org.br/wp-content/uploads/2015/10/RELEASE-TEMER_A4-28.10.15-Online.pdf

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