Buenos Aires, ciudad Mediterránea

Por Antolín Magallanes

      Dos proyectos en los bordes de la ciudad marcan las contradicciones del neoliberalismo. Estas Contradicciones emanan de la imposibilidad de convivencia del capital con las necesidades de una ciudad y sus habitantes. Hacia el sur, y por suerte, sigue su derrotero la obra que va a resolver gran parte de la actual contaminación del Riachuelo, algo quedo de la pesada herencia. Se trata del Colector Margen Izquierdo, un gran conducto que dará tránsito y tratamiento a los líquidos cloacales que terminaban en el Riachuelo y por ende en el Río de La Plata. Es una mega obra, la más grande en sistemas de cloacas del área metropolitana en su historia. Hacia el norte y por las orillas del Rio de La Plata, crecen los niveles de incertidumbre, ya que no solo se está alejando aún más al rio de los habitantes de la ciudad, sino que además nunca terminan de aparecer proyectos para esa franja ribereña. En estos días se habla de sumar la posibilidad de mudar el estadio de River Plate (el popularmente conocido Monumental) a tierras cercanas a la Ciudad Universitaria. En ese sentido, sabemos que de estos globos de ensayo siempre surgen posibilidades.

De seguir ese saneamiento y generar mejoras ambientales, el problema que se nos presenta a futuro sigue siendo (y de forma cada vez más agravada) el de la accesibilidad al rio. De esa forma, nuestro estuario va a estar absolutamente vedado y será exclusivo por la cantidad de proyectos superpuestos existentes que hay para ocupar sus riberas y aledaños, construyéndose definitivamente una barrera imposible de superar para llegar a este.

Por un lado, tener un Riachuelo limpio y un río limpio rodeado por una coraza disfrazada de espacios verdes, con torres que pondrán jardines en sus techos y paredes, tiende a ser la franja excluyente de una ciudad para pocos y ricos.

Por el otro, un club que no quiere perder su condición de local por dos años para agrandar su estadio, lo que se le suma a un gobierno que ve en las tierras vacantes que dejaría River Plate un espectacular espacio para celebrar la especulación inmobiliaria, colabora y propone ese futuro.

Pensemos por un momento que nuevo corredor urbano de la ciudad se sumaría  a las tierras subastadas del Tiro Federal Argentino (al que se le otorgaron 15 hectáreas de espacios verdes en la Costanera Norte, para su traslado) como así también a las tierras del CENARD y del Instituto Superior de Educación Física Enrique Romero Brest.

Hablamos de grandes extensiones de tierra, de espacios que se consolidan sobre el borde ribereño, un avance “a lo Puerto Madero”, que seguramente también irá por las riberas del Riachuelo. Esos serán los nuevos usos que marcarán la impronta de las tierras de la Ciudad.

De este modo, vamos hacia una nueva geografía ciudadana, una que tendrá los ribetes del lujo, la sofisticación de los edificios en altura con vista al río, además de intercalar en sus espacios boliches y gastronomía, estos también de índole exclusivos. En contraposición, habrá otra ciudad de índole mediterránea, sin riberas y sin río, una ciudad que tendrá un bajísimo lugar para espacios verdes, proponiendo niveles de hacinamiento nunca antes vistos. Ejemplo de ello son los nuevos micro departamentos de 18 metros cuadrados, que configuran nuevas formas de seguir encareciendo el suelo porteño, en una nueva e insólita carrera por la injusticia socio espacial.

Ante este panorama, tengamos en cuenta que la mayoría del área urbana (a excepción de un área de la Comuna 4) será sometida a estacionamiento medido -es decir, pago- mientras que la paradoja de esto es que no hay nada a cambio para el habitante de la ciudad. No hay más y mejor transporte público, no existen los tan prometidos diez kilómetros de subte anuales, en su momento promesa realizada por el PRO en sus primeros años de gestión porteña. Resulta sumamente paradójico observar la lógica que se dio en el resto del mundo, donde la prioridad otorgada al transporte público (para luego instalar los parquímetros) funciono como vértice indispensable para reducir el uso del automóvil particular en la ciudad.

Del mismo modo, observando la celeridad electoral de las obras del Paseo del Bajo de la ciudad entendemos claramente que ese paseo viene a hilvanar las nuevas necesidades de estos proyectos y del puerto de Buenos Aires, al que le vencen sus concesiones en el 2020. Para renovar esas concesiones y unificarlas, fue recientemente designado Cónsul en Singapur Nicolás Caputo (el “hermano de la vida” del actual presidente de la Nación) quien trabaja para que dicho país gane la licitación de nuestro puerto.

Entendemos que el gobierno de Cambiemos en territorio porteño se vio favorecido ampliamente por las políticas del gobierno nacional anterior, caracterizada por una etapa de bonanza expresada en estas tierras, en inversiones privadas y grandes ingresos en las arcas de la ciudad.  La gran paradoja es ver hoy el recorte y la necesidad de avanzar por la venta de bienes de la ciudad, porque hoy las políticas nacionales no acompañan a la ciudad.

Es así como Buenos Aires empieza a ser una ciudad que se prefigura hostil para muchos de sus habitantes, ya que se está transformando en una ciudad cara y desigual. Si a este factor le sumamos la falta de planificación urbana -solamente proyectada por los negocios inmobiliarios- estamos hablando claramente de una ciudad sumamente injusta con sus habitantes, tanto en la distribución de sus ganancias, como en la de sus espacios donde la gente vive.

Ya está claro que el proyecto es excluyente, y que de seguir está secuencia el río limpio será un área exclusiva para pocos. Una inversión a mediano plazo, un aprovechamiento claro de un gobierno que prioriza solo especulación y negocios.

En contraposición, en las frías veredas de la ciudad, hay familias enteras en las calles, gente que tiene elementos de su ultimo hogar en las veredas, televisores, mesitas de luz, gente que reproduce dificultosamente sus hábitos hogareños que hasta hace poco ocurrían bajo techo. Esas personas son las primeras muestras de la gran tenaza que desde sus bordes asfixia a Buenos Aires, personas que son el síntoma de una política que, en el lugar mediterráneo de la ciudad, empieza a mostrar sus injusticias de forma cada vez más sostenida.

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