Calidad educativa, emprendizaje y desmaestralización. Las posverdades del neo-conservadurismo educativo en la Argentina

Por Mariano Indart1 y Silvia Andrea Vàzquez2

      ¿Quién puede oponerse a la calidad educativa? Seguramente nadie. ¿Quién puede pensar que no es meritorio esforzarse por aprender? Tampoco, nadie. ¿O que es nocivo desarrollar la creatividad para emprender nuevos proyectos? Sería casi absurdo.

Sin embargo, estos interrogantes así formulados, impiden visualizar aspectos fundamentales de la realidad a la que aluden. En principio dan por sentado que existe un acuerdo tácito sobre qué es calidad educativa, mérito, emprender y, como corolario, supone que dichos conceptos son neutrales, es decir, que no tienen nada que ver con los intereses políticos y económicos que construyen los parámetros para evaluar una determinada calidad o  mérito.

Es al menos inquietante que una propuesta que se promociona como una “revolución educativa”3 explicite tan visiblemente su desprecio a la educación pública y a los maestros; y así y todo avance logrando respeto y expectativas favorables en gran parte de la opinión pública.

Nuestra hipótesis es que la fortaleza de las propuestas de reforma educativa de Cambiemos se asienta en una serie de principios estructurantes, históricamente consolidados en el sentido común hegemonizado de la población. Valores y sentidos que otorgan a los procesos educativos una finalidad técnico-económica relacionada con la eficiencia productiva en el mercado, que se consolida en el modelo desarrollista de las décadas del ´50 y ´60 del siglo pasado hasta alcanzar el clímax, situados en el mundo globalizado desde la caída del muro hasta nuestros días.

Dichos principios se despliegan sobre una matriz cultural proveniente del liberalismo y del positivismo educativo, que dieron origen a una racionalidad particular que combina las ideas de individuo, competencia y propiedad con las nociones de orden, solidaridad y comunidad. Esta novedosa articulación de principios puede conceptualizarse como un  liberalismo conservador que, unido a la fuerte influencia de la Iglesia Católica tradicional, se fue constituyendo como ideología de las clases dirigentes de nuestro país durante la construcción del Estado Nación mientras se instalaban, concomitantemente, las bases materiales de un capitalismo dependiente.

La actual ofensiva neoliberal conservadora que propone Cambiemos introduce el concepto de emprendedurismo como una reversión actualizada de la noción de capital humano de los 50’ y 60 del siglo pasado, recreando el ideario meritocrático, que debe rastrearse en el mencionado liberalismo pero también en el organicismo y el funcionalismo sociológico4. El discurso del emprendedurismo irrumpe en nuevos contextos digitales, globalizados, con predominio del capital financiero y con mutaciones inéditas en el mundo del trabajo. El impacto, intencional o no, se orienta a despojar al sentido común de todo indicio de politicidad que pudiere haberse manifestado durante los proyectos populares5 surgidos de la primera crisis del neoliberalismo, a finales del siglo XX.

Otra novedad estaría, en esta nueva etapa del neoliberalismo, en el intenso y rápido retroceso, contradiciendo los principios liberales históricos,  de la responsabilidad del Estado en la educación pública, abriendo paso, en cierta medida descaradamente, a la mercantilización de la educación desde varios frentes: la endoprivatización del Estado6, la desinversión educativa estatal y la abrupta entrada de Fundaciones, ONGs, y directamente empresas en lo que hace al gerenciamiento y la gestión de numerosos aspectos de las políticas educativas y de las tareas escolares, en nombre de una necesaria calidad educativa que exigiría el mundo actual globalizado.

Si bien existe una gran resistencia a este modelo, sobre todo desde el sindicalismo docente, la militancia política opositora, y la ciudadanía consciente de la inevitable politicidad y los intereses en disputa presentes en lo educativo, es interesante analizar cómo muchas propuestas de Cambiemos avanzan aprovechando al terreno fértil que encuentran instalado en el universo simbólico  predominante en la opinión pública, misión con la que colaboran, permanentemente, los medios de difusión más poderosos y corporativizados.

La irrupción de los emprendedores en el capitalismo del siglo XXI

El eficientismo y la tecnocracia educativa que propuso el neoliberalismo de los 90’ constituyen una reformulación de las nociones de inversión educativa y capital humano de los 50 y 60’ del siglo pasado, cuando el Estado aún era considerado promotor macroeconómico de la inversión tanto pública como privada y las empresas eran todavía “multi” y no corporaciones transnacionales. Por entonces el poder estaba supeditado – aunque decreciendo a medida que avanzaba la globalización y según cada caso nacional – a las decisiones soberanas de los Estados nacionales7. En la versión actual del emprendedurismo, el individuo es considerado un “empresario de sí mismo”, responsable único de su triunfo o derrota, lo que se sostiene apelando al imperativo del “deudor”, noción que pareciera justificar la autoexigencia desmesurada, para corregir un supuesto pasado de beneficios, fundamentalmente ligados al papel del Estado Social, que deben terminarse por “injustos e inviables”8.

En este sentido, la insistencia del presidente Macri a que los argentinos se conviertan “en 40 millones de emprendedores”, resulta, mirado desde una perspectiva crítica, un planteo sin duda perverso, sobre todo para los sectores populares, al colocar a cada individuo como responsable exclusivo de su triunfo o derrota en la inevitable competencia por las condiciones de vida a la que nos someten las políticas de ajuste. De esta manera se termina por privatizar el éxito y el fracaso de cada uno, que pasa a depender de una esencia individual a-histórica, donde los talentos y las voluntades tienen un origen natural, sin  consideración de los “soportes” externos, sociales, históricos que condicionan la existencia, el desarrollo y los proyectos de vida de los sujetos9.

En lo referido a educación, los valores de esta versión del emprendedurismo vienen siendo desplegados por numerosas iniciativas desde la gestión del Pro y ahora de Cambiemos a partir de varios programas, vínculos con Fundaciones y ONGs e incluso como propuesta “filosófica” desde el mismo diseño curricular del Ministerio de Educación desde que gobiernan la CABA.10  Una versión (sin duda devaluada) derivada de esta cosmovisión es la (fallida) invitación de la gobernadora Vidal, durante el 2017, al voluntarismo de la ciudadanía para reemplazar a los docentes adheridos a las medidas de fuerza convocadas siempre, desde la visión hegemónica, por el siempre indeseable “corporativismo gremial” invariablemente propenso al paro docente.

Todo se trataría de buena voluntad, de un compromiso capaz de superar cualquier obstáculo, “querer es poder”, en lugar de “fomentar la vagancia” y la “corrupción de la burocracia sindical”11. El concepto de resiliencia es rescatado frecuentemente desde la psicología y la psicopedagogía, y funciona como un paliativo motivador para afrontar, casi con orgullo, la exigencia y la adversidad el deterioro de las condiciones objetivas. La emocionalidad gana terreno en las jornadas de capacitación docente. La autoayuda y nuevas formas de espiritualidad y religiosidad terminan siendo el complemento necesario para colaborar con el cambio12.

“Emprendizaje” y “desmaestralización: el desprecio por los docentes y la escuela pública

Tanto la desvalorización de la profesionalidad de maestros y profesores, que toma estado público en la mencionada  apelación a su reemplazo por voluntarios en el 2017 por el gobierno provincial, como la autoinfringida crisis de la educación superior, ambas consistentes con el intento de reducir drásticamente la oferta de formación docente inicial, constituyen la punta del iceberg de un modelo educativo del que emergen políticas orientadas hacia la desescolarización y la desmaestralización. Trataremos de desarrollar nuestro argumento.

Es posible apreciar en las propuestas educativas oficiales un movimiento dirigido a legitimar la mercantilización del conocimiento y la introducción de programas virtuales que permiten reemplazar horas de clase presenciales por estrategias de educación a distancia mediada por las TICs.  No se trata de demonizar la inclusión de nuevas tecnologías en los procesos de enseñanza – que situada desde otros principios resulta absolutamente virtuosa – sino de denunciar el uso que el neoconservadurismo educativo hace de la misma al servicio de la privatización de la enseñanza. Ya en enero del 2016 Adriana Puiggrós anticipaba cómo el acuerdo realizado en Davos por Mauricio Macri con Sunny Varkey, fundador de Gems Education Management Systems, promovía la adquisición e introducción de estrategias y dispositivos empresariales que ponían en jaque la lógica de las instituciones educativas,  permitiendo que GEMS ingrese a la Argentina, por ejemplo, “para entrenar a los docentes”13.

En los años siguientes se registran diversas iniciativas que, apoyadas en la virtualidad, invaden los formatos escolares. En la CABA – laboratorio de las políticas educativas del macrismo – comienzan a ensayarse propuestas curriculares virtuales que incluyen tiempo escolar fuera de las escuelas (como las pasantías del último año de los estudiantes de la secundaria); y a la vez que se desmantela el plan CONECTAR, se lo reemplaza por la entrega de celulares, no casualmente en un contexto donde el Gobierno aprobó la fusión entre la operadora de cable Cablevisión – casi en su totalidad en manos del Grupo Clarín –  y Telecom, cuya órbita de negocios y de control abarca desde la transmisión de contenidos audiovisuales y los datos hasta la telefonía móvil y fija14.

También la provincia de Buenos Aires se ve afectada por estas formas de terciarización educativa desescolarizante: en nuestro trabajo con los ISFD15 hemos relevado que promotores de la Editorial Longman – que pertenece al grupo Pearson Educaciòn  del cual ha sido representante el actual Director General de Escuelas, Gabriel Sanchez Zinny – recorren los ISFD para “conveniar” con ellos la homologación de cursos privados (pagos) de inglés realizados de forma particular por asignaturas de los profesorados públicos de idiomas.  Nuevamente se advierte el reemplazo de funciones de las instituciones educativas públicas por servicios ofrecidos por empresas comerciales.

El conjunto de estas acciones parece orientado a instalar la ineficiencia de sostener escuelas e institutos públicos si hay mucha gente que puede pagar por obtener esos conocimientos por fuera de las instituciones educativas. La reducción de la inversión estatal destinada a sostener la educación pública quedaría así plenamente justificada.

Este avance desescolarizante tiende a complementarse con otro movimiento que apunta a debilitar la necesidad de sostener plantas docentes, que en la consideración de muchos funcionarios de Cambiemos resultan excesivas, inútiles, e improductivas y que nos atrevemos a llamar desmaestralización, en tanto desplaza la centralidad del docente a los dispositivos tecnológicos y relega la enseñanza, que es reemplazada  por el denominado emprendizaje: concepción que tal como es promovida desde el programa “Emprendizaje NES” de la Ciudad Autónoma de Bs. As. se  “basa en la conexión personal con los propios recursos, la disposición para aprender permanentemente, y el coraje para innovar y generar cambios que impacten positivamente en las personas y su entorno16.

Aparece así la creación de figuras como la del líder educativo – estudiantes secundarios entrenados para manejar software educativo que cobran en negro menos de la mitad de un salario docente –  o el co-docente – jóvenes contratados por la ONG “Enseña x Argentina”17 que sin formación ni título habilitante trabajan a modo de pareja pedagógica -. Y por supuesto la  lamentable convocatoria a voluntarios para reemplazar a los trabajadores de la educación que hacen huelga en la provincia de Buenos Aires.

Frente a todo esto la retórica de la jerarquización de la formación docente presentada como la llave para la recuperación de la calidad educativa resulta, en el mejor de los casos, una humorada de mal gusto.

La calidad educativa en un mundo competitivo

Como venimos afirmando, el emprendedurismo se sostiene en la noción de que cada individuo es su propio capital humano.  Millones de argentinos y latinoamericanos  todavía no habrían advertido su potencial empresarial, dado que estuvieron durante los últimos años en un revival del Estado keynesiano que, al promover el mercado interno, el fortalecimiento del empleo y la inclusión social, acostumbró a que todo “viene de arriba”, estancando el espíritu de competencia.

Este discurso neoliberal va delineando una forma de entender la calidad educativa que apunta como ideal la construcción de una ciudadanía de mercado, instalando los criterios e instrumentos adecuados a tal finalidad. Una calidad entendida como sinónimo de eficiencia y productividad, ya ni siquiera al servicio de un proyecto de país, como durante el desarrollismo, sino en función de la competencia individual del “sálvese quien pueda”.

Si lo que se busca es premiar el mérito  (entendido como un mix de capacidades y esfuerzos) en un marco de disputas entre individuos, en vistas a fortalecer el espíritu emprendedor, el instrumento adecuado es la evaluación estandarizada de resultados de aprendizaje, y si la misma proviene de la OCDE, como las pruebas PISA, con más razón. Si esta es la finalidad primordial no tienen importancia  la consideración de aspectos vinculados al punto de partida desigual, a los recorridos diferenciados, las dimensiones vinculadas a lo local (institucional y/o comunitario), aspectos socio-afectivos, nociones de ciudadanía, pensamiento crítico y autónomo. “Sí, se puede”, “haciendo lo que hay que hacer” constituyen algunos de los principales sintagmas adecuados con los cuales se promociona Cambiemos, dado que no hace falta aclarar nada más; la matriz hegemonizada del sentido común hará el resto. El Estado queda relegado a mero ejecutor del “control de calidad” llevando adelante las evaluaciones estandarizadas, lo demás es responsabilidad de cada individuo.

Si bien seguramente queda sobreentendido, es necesario observar que, en toda la argumentación precedente, están premeditadamente ausentes tanto la noción de derechos sociales y humanos como la responsabilidad estatal para su concreción. La búsqueda es naturalizar, consagrar en el sentido común, que habitamos un mundo de emprendedores individualistas en mutua competencia.

Para cerrar: disputar el sentido común… o rendirse

A pesar de las críticas y resistencias que provienen de quienes intentamos desenmascarar un proyecto que no solo esconde que solo sirve a un reducido grupo social, fundamentalmente vinculado a la alta burguesía, sino que pone en riesgo la idea misma de sociedad entendida como construcción colectiva e incluso la supervivencia ecológica en el planeta,  el discurso del emprendedurismo,  como venimos afirmando, pareciera estar funcionando en gran parte de la opinión pública; amplificado, también como ya se ha señalado, por los medios de difusión dominantes.

Este peligroso discurso aspira a consolidarse como único y hegemónico. Y la hegemonía, según Gramsci, da cuenta de un proceso de dominación cultural en las sociedades avanzadas construido con el consenso activo de la sociedad civil, y con aspiraciones de convertirse en sentido común. Esperemos estar a la altura de la batalla cultural que estamos atravesando y tener posibilidad de intervenir en las disputas por el sentido de la educación pública y su relación con el orden social, dado que la utopía neoliberal no solo es cuestionable en el nivel simbólico y cultural, sino que es materialmente inviable.

En este sentido, debemos decir que, a riesgo de ser considerados cínicos, aún con el mayor empeño emprendedor, es estructuralmente imposible que todos podamos convertirnos en empresarios (pequeños, medianos o grandes) dado que el capitalismo es un régimen de acumulación que funciona merced a la explotación de trabajo ajeno, y donde los medios de producción son privados, o sea que tienen dueños.

Nuestros horizontes de justicia educativa van un poco más allá de promesas mediocres. Y en esa disputa estamos.

 

 

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  1. Profesor de la UNLu y UBA.
  2. Profesora de la UNLu. Coordinadora de Comisión de Formación Docente del Instituto Patria.
  3.  Ver Declaración de Purmamarca,12 de febrero de 2016. Disponible en www.bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL005528.pdf
  4. Nos referimos a la teoría sociológica de Emile Durkheim  y Talcott Parsons. Un análisis más profundo de estos modelos sociológicos puede consultarse en un trabajo anterior Emprendedurismo y meritocracia en la evaluación de la formación docente
  5.  No vamos a entrar a debatir aquí si el concepto adecuado es el de populares o populistas. Intentamos dar cuenta de las numerosas experiencias sociales y políticas surgidas luego de la aludida  crisis del neoliberalismo, que en Argentina explotó en los años 2001 y 2002
  6.  Carli, S. (2017): “Management público, conservadurismo y reocupación estatal: el lugar de las universidades públicas”, En Filmus, D. : Educar para el mercado. Ed.Octubre, Bs. As.
  7. Aronson, P. (2007): “El retorno de la teoría del capital humano” en Fundamentos en humanidades, Univ. Nacional de San Luis, Argentina, Año VIII.
  8.  Aleman, J. (2016): “Horizontes neoliberales en la subjetividad” Capítulos seleccionados. Pags 13 a 57 y 63 a 76. Gramma Ediciones, 2016.
  9. Castel, R. (2010):  “Prefacio. Una gran transformación” en: El ascenso de las incertidumbres. Trabajo, protecciones y estatuto del individuo, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2010. (pp. 15-55)
  10.  Duhalde, M., Feldfeber, M. (2016). Tendencias privatizadoras “de” y “en” la educación Argentina”. Instituto de Investigaciones Pedagógicas “Marina Vilte”, Secretaría de Educación, CTERA, 2016.
  11.  Nos referimos al paro por paritarias nacionales y luego al provocado por las muertes de Sandra y Rubén en Moreno, que motivó un reclamo por infraestructura y demás condiciones de enseñanza aún vigente. Otro uso del emprendedurismo como argumento, esta vez a nivel nacional; en un trabajo anterior desarrollábamos cómo al asumir la actual gestión de gobierno, y con el argumento del respeto al federalismo y a la capacidad “emprendedora” de cada provincia,  se dejaba de lado la Paritaria Nacional Docente. El ME sostiene desde entonces la conveniencia de que cada jurisdicción provincial se haga cargo de su sistema educativo. Este supuesto respeto al federalismo no es más que la consolidación de una “descentralización desigualadora”, dada la diferencia de recursos y condiciones de las distintas provincias argentinas, despojando del derecho a la educación a millones de niños de nuestro país. (Indart y Vázquez; 2016)
  12. No vamos a realizar un análisis de pretensiones exhaustivas sobre los componentes del discurso educativo de Cambiemos. . Quedarán para otra oportunidad las dimensiones vinculadas a disciplinas como las neurociencias, o conceptos como “capital mental” e “inteligencia emocional”, que se vienen difundiendo como contenidos centrales en las actividades y materiales de capacitación promovidos desde la actual gestión.
  13.  Puiggrós, A.. Como educa Davos. Página 12. 25 de enero de 2016.
  14.  Es significativa la irrupción de fundaciones y empresas en diversas áreas que hacen a lo educativo. Además de los aspectos científicos tecnológicos aparecen involucradas en la formación de liderazgos y diversos mecanismos vinculados con la eficiencia y la competencia adecuada a “los tiempos que corren”.
  15. Nos referimos al proyecto de extensión: “El trabajo docente en los ISFD” que venimos desarrollando desde el 2017 en la provincia de Buenos Aires.
  16.  Cita extraída de http://www.buenosaires.gob.ar/noticias/convocatoria-al-programa-emprendizaje-nes
  17.  Esta ONG es financiada por socios como Google, Microsoft, Fundación La Nación, Universidad Católica Argentina, Universidad Austral y San Andres, bancos como el HSBC, Banco Galicia, Deustche Bank, y empresas como Techint y LAN. Disponible en ensenaporargentina.org/
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