El compás de los tiempos

Por Mario Toer

Ya hace algún tiempo he venido señalando que los escenarios políticos cada vez más se asemejan al milenario juego del Go. Quizá mi metáfora no haya obtenido tanto eco por el sencillo hecho de que este juego no ha alcanzado, en nuestro medio, la difusión que se merece, que sí lo tiene, por cierto, el del otro tablero, el Ajedrez. Ambos fueron concebidos hace muchísimo en las tierras de oriente, donde también se teorizó sobre la guerra, sin metáfora, con cabal trascendencia, y se construyeron imponentes murallas. La gran diferencia entre ambos juegos estriba en que, mientras en el Ajedrez existe la posibilidad de arribar a un repentino y pronto final, con el movimiento preciso de fichas claves, en el Go no hay protagonistas encumbrados ni jerarquías ni tampoco atajos. Todos son peones, de a pie, y se trata de ir creando cadenas que compongan territorios e impedir a su vez, con apropiados rodeos, que el enemigo los construya. Por cierto, hay un momento en que la primacía de uno de los contendientes se hace evidente y termina por paralizar al rival. Pero esto no se define con prontitud. Más bien, todo lo contrario.

Esta convocatoria al tino, la reflexión, y el cálculo a mediano plazo, para colocar la ficha en el lugar apropiado, está tornándose, cada vez más, en el aspecto que prima en la lucha política, tanto en nuestro país como en buena parte del planeta. De allí que a veces sea muy notable la emergencia de algunos protagonistas que parecieran no estar debidamente anoticiados de las nuevas reglas del juego. ¿Será Trump uno de ellos? Lo veremos, siempre a sabiendas que las decisiones en la principal potencia no pueden ser fruto del capricho de un mandatario y que nunca ha habido un establishment con tanto despliegue y recaudos para evitar sorpresas. Cuando hubo innovadores en ciernes en el pasado o cuentas duras que ajustar se recurrió al magnicidio que se llevó a tres presidentes o al juicio político, de data más reciente. Quizá eran tiempos del Ajedrez…

Pero yendo a nuestra región, los movimientos en los escenarios nos recuerdan que la guerra de posiciones está instalada como nunca antes. Ya el dato de que las fuerzas armadas se hayan convertido en una última instancia silenciosa, es un dato que podría sorprendernos, sobre todo a los que cargamos más años. Puede decirse, como al pasar, en buena hora. Mal que les pese a los impacientes o más impetuosos de cualquier signo. A diferencia de lo ocurrido en el siglo XX, con las excepciones conocidas en medio oriente, las leyes de la política se sobreponen a las de la guerra.

Todo esto no significa que la tirantez, las tensiones, los movimientos, alcancen menos trascendencia y hasta cierta espectacularidad, a su tiempo. El enorme despliegue de recursos que EE.UU dedica a componer un orden dócil sobre uno de los yacimientos petrolíferos mayores del planeta a pocas millas de sus fronteras es muy notable. Como ciertas también son las dificultades del gobierno venezolano para consolidar lo alcanzado y retomar la iniciativa. Y allí tenemos un ya prolongado posicionamiento que no sabemos cómo puede evolucionar. La convocatoria a una Asamblea Constituyente puede permitir redoblar la movilización de significativos sectores de la población, pero no indica que las dificultades que hoy se encuentran desplegadas pueden llegar a sortearse. Si queda claro, que el horizonte auspicioso al que se convocó, arriesgando nombres como el del “socialismo del nuevo siglo”, no se encuentran próximos ni podrán visualizarse sin la conjunción de toda una región.

México se acerca nuevamente a una confrontación electoral en un país donde los recursos espurios han sido ostensibles, si bien, esta vez, las expectativas de López Obrador crecen ante la docilidad humillante que muestra el actual oficialismo frente a la arrogancia y la amenaza del futuro muro, material y moral, que se levanta desde el norte. La América Central, expectante, sufre las alternativas de la región, a sabiendas que, por escala, depende de cómo se desplieguen los territorios en su torno.

Colombia es quizá el país donde mayores novedades pueden emerger, ya que al haber concluido trabajosamente los acuerdos de paz, ha generado un escenario político en el que emergen nuevos liderazgos, que con anterioridad se encontraban con los límites de una sola ciudad, con el agregado de que la propia derecha ha visto ahondarse las diferencias en su seno.

Ecuador parece no querer ser menos en esto de mostrar diversidades y a poco de haber culminado su éxito electoral y renovación del mando, afloran desinteligencias en Alianza País, entre el retirado Correa, orgulloso de su gestión, y el pragmático Lenin que explora maneras de recuperar adhesiones.

Perú sigue siendo el país donde las variantes dispuestas a seguir asociadas a las aspiraciones del establishment no encuentran una amenaza cercana, a pesar del crecimiento de nuevas expresiones que se pretenden alternativas.

Chile también se encamina a un proceso electoral con algunas novedades de importancia. Se ha constituido por izquierda una alternativa al gobierno de Nueva Mayoría, el Frente Amplio, sustentado, en parte, en los estudiantes que han crecido y que se han impuesto en Valparaíso, la segunda ciudad del país, y aspiran a desplazar al candidato socialista en el ballotage con el reincidente Piñera, que estará nuevamente al frente de las filas de la derecha. No es fácil que ocurra, pero con la apertura por fuera de la democracia cristiana, lo que era un escenario de dos fuerzas se estira ahora a cuatro.

Bolivia sigue siendo tierra firme para el MAS, a pesar de no haber podido imponer la reforma que hubiese permitido la reelección de Morales. De todas maneras, no es sencillo prever futuros escenarios, que en buena medida dependen del grado de cohesión que alcance una oposición que hasta ahora se ha mostrado dispersa. Paraguay, después de la restauración conservadora, ha comenzado a percibir que las fuerzas alternativas, que reconocen en Lugo una referencia, han comenzado a componer una capacidad organizativa que en el pasado reciente era débil y que ahora no puede dejar de ser tenida en cuenta.

Uruguay sigue siendo un escenario que se caracteriza por la estabilidad, pero también con la relativa paridad de las fuerzas que confrontan y de otra parte, el persistente, aunque ordenado, debate de posicionamientos entre quienes constituyen el Frente Amplio.

En último término, los dos países en los cuales la derecha ha recuperado el gobierno, por diferentes medios, pero que por su peso entran en cualquier consideración sobre lo que puede ser una caracterización de lo que constituye el acontecer regional. No es un dato menor, pero en ambos casos, los propósitos restauradores ven inesperadas dificultades para llevar a cabo sus planes. En Brasil, Temer ve peligrar su cargo, aunque nadie deja de suponer que habrá un reemplazante llegado el caso. Pero la situación agudiza las disputas del bloque que se constituyó para desplazar a Dilma y no les resulta fácil encontrar un camino de convergencia y un candidato para afrontar las elecciones del próximo año. De allí que los esfuerzos por cerrar el camino a Lula, al frente de todos los sondeos de opinión, se haya convertido en el recurso cardinal de la ofensiva conservadora. El juez Moro acaba de condenar al líder del PT a una pena de 9 años, por supuesto dolo “pasivo” ante la supuesta tentativa de facilitarle un domicilio al final de su mandato, lo que nunca llegó a consumarse. Como en otros manejos de estos recovecos judiciales, las hipótesis de intencionalidad y los dichos de acusados en estado de permanente presión para “arrepentirse” de favores a los liderazgos populares, junto al clamor de los medios, componen veredictos que no se distancian de la mera infamia. Aún resta la apelación del caso, pero los tiempos estarían pensados para impedir la candidatura de Lula en las elecciones de 2018. Por cierto, que aquí habrá de intervenir la necesaria movilización popular. En el caso brasileño y probablemente de manera creciente en el argentino, las protestas con motivo de la “corrupción” van perdiendo contundencia. Cada vez más emerge la certeza de que, en el último de los casos, se trata de la colonización de zonas del aparato estatal, de larga data, por parte de empresas que lucran con la obra pública, al margen de las identidades políticas. La implicación tanto de Temer como del ex candidato Neves, termina por poner en evidencia que la selectividad contra el anterior gobierno se derrumba y muestra que el verdadero propósito se encaminaba a hacer efectivas leyes que devalúen la fuerza de trabajo y los haberes jubilatorios, entre otras demandas del mundo empresario.  Sin duda esta resolución del juez provincial erigido en censor de la República, muestra uno de los flancos más ríspidos de las futuras controversias en toda la región. En este contexto, el PT, quiere recomponerse, no sin esfuerzo, contando a su favor con el descontento creciente de amplios sectores y la mirada hacia Lula, que hoy es referencia ineludible. La posibilidad de que la justicia impida finalmente que Lula pueda concurrir a elecciones, a sabiendas del costo político que esto puede suponer y los riesgos impensados que pueden ocasionar, habrá de conmover el escenario político brasileño y repercutirá con fuerza en el resto de la región.

En el caso argentino, las causas judiciales contra Cristina Kirchner, y otros dirigentes del gobierno pasado, siguen siendo el recurso inalterado e insistente, a falta de la posibilidad de mostrar algo halagüeño, producto de la gestión del gobierno de Macri. Plagadas de ambigüedades e inexactitudes, rayan el ridículo, como en el caso de la presunta connivencia con Irán o la fecha de compra de un automóvil en los años ’90 por parte del ex vicepresidente, con el propósito de sustraerlo de una división de bienes con motivo de su divorcio. Como todo en la vida, las cosas tienen su límite, y si bien algunas de estas operaciones han influido en algunos sectores poco anoticiados, el curso de los acontecimientos muestra que sigue existiendo y mostrando su fuerza un sector de la población que no quiere someterse a lo que le tiene programado el sistema. Lo poco que viene trascendiendo entre los pliegues comunicacionales del oficialismo indican que la opción que lidera Cristina Kirchner, ahora candidata al senado de la Nación, no cede.

Con este recorrido se puede intentar sumar alguna consideración al curso del debate que pretende entender el escenario actual en la región. Lo más insistente ha sido referirse a este acontecer como la expresión de un “fin de ciclo”, muchas veces traído a colación como una expresión de deseos. No se trata de ignorar o despreciar hechos, pero cuando se supone que un ciclo concluye hay que dar cuenta que algo nuevo está emergiendo en forma sostenida y, como contrapartida, se diluyen los protagonistas que emergieron en el ciclo anterior. Pero por lo que hemos venido diciendo, no es el caso. Los planes restauradores flaquean y la presencia popular se hace notoria en avenidas y estadios. Y algunas encuestas lo reconocen.

Una apreciación que pareciera ser más ecuánime nos habla de un “empate estratégico”. Originada en pareceres de Antonio Gramsci y puesta en escena en nuestra región por Juan Carlos Portantiero, en ocasión de los reiterados intentos de cerrar el paso del retorno de Perón al gobierno, nos alude a esta situación en la que “ellos” no consiguen reimplantar todo su proyecto ni “nosotros” las tenemos todas como para retomar la contraofensiva. Puede ser que así encontremos que se alude a este rasgo de incertidumbre más o menos instalada en toda la región. Pero existe un riesgo en este decir, que es suponer que “ellos” y “nosotros” nos hemos repartido el poder en una forma más o menos pareja. Y debemos reconocer y aceptar que no es así. A pesar de que podemos considerarnos protagonistas de la mayor oleada popular que ha recorrido la región desde su independencia y que debemos sentir orgullo y satisfacción por tal motivo, tenemos que ser precisos y admitir que ellos nunca dejaron de tener consigo los resortes esenciales del poder. Se les hizo más difícil el manejo del carruaje y seguirá siendo complicado manejarlo. Pero no han quedado a la vera del camino. Aún lo tienen. En Venezuela, por momentos, existió la impresión que lo habían perdido. No fue menor que el caudillo pionero fuera alguien que desde las filas militares convocara al pueblo. Ni tampoco que por vez primera se hiciera retroceder a un golpe “cívico-imitar” que terminó siendo efímero. Pero los resortes del entramado productivo, comercial, financiero, con todas sus limitaciones y deformaciones y con todos sus lazos con ese mundo exterior que sigue marcando el rumbo, sigue siendo ajeno. Los productores del “sentido común”, que somete y paraliza, sigue siendo de ellos en toda la región. Se han vuelto en este sentido más sofisticados y han volcado allí crecientes recursos. Y si bien es cierto que ha crecido en forma significativa el número de los que no les cree, aún funciona. La trama que ha hecho difícil componer acuerdos y complementos compartidos en la economía de la región, condición obligada para dar nuevos pasos, sigue en sus manos. Para no hablar de otros recursos más conocidos y tradicionales.

Y con esto de modo alguno valido a los comentaristas que le quieren restar valor a lo acontecido. Al contrario. Son escuálidos sus argumentos y sospechosas sus intenciones. Como lo hiciera Correa y lo reitera García Linera, los que se quejan de que no se les dio suficiente poder al pueblo o por que se continúa extrayendo riqueza de las entrañas de la tierra para contar con recursos insustituibles son de una superficialidad apabullante y con su voluntarismo infantil operan como quinta columna.

Quien también se ha sumado al debate, con autoridad, es Marco Aurelio García, recientemente en Buenos Aires, y cuyos pareceres pueden verse en el buen número que ha sacado Le Monde Diplomatique sobre el tema. También sale al cruce de los que presuponen un “fin de ciclo” y nos advierte que, si bien los trabajadores no pueden sustraerse claramente de las ideas dominantes, esto no significa que se “hayan transformado en aliados de un proyecto que se revela globalmente cada vez más concentrador de riqueza y autoritario a escala mundial” revelándose “igualmente racista, misógino y oscurantista”, ampliando el espectro de contradicciones que habrán de seguir sucediéndose. El problema, para Marco Aurelio, se relaciona con la necesidad de percatarse en toda su significación, que se “fortalece la dimensión democrática de las luchas de los trabajadores” lo que tiene que asociarse con la perspectiva de un “reformismo fuerte” que no se supo enfatizar lo suficiente en el pasado reciente.

Quien también hace un abordaje sistemático y elocuente de la situación es el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera. En un artículo que resulta en extremo recomendable1 destaca los avances más notorios que se han producido, en lo que, siguiendo a Marx, denomina la “oleada” que hemos venido protagonizando en esta década y media. Comienza destacando la “ampliación de la democracia política”, que ha dado pasos sin precedentes; continúa con la “redistribución de la riqueza común y ampliación de la igualdad social”, que también ha permitido a muy amplios sectores a sumarse al circuito del consumo y salir del relegamiento; en tercer término menciona las “formas posneoliberales de gestión de la economía y de administración de la riqueza”, que en muchos casos ha incorporado a nuevos sectores a la gestión, sin que por ello estemos hablando de propuestas postcapitalistas, “pues estas solo podrán prosperar a escala universal”; finalmente menciona la “construcción de una Internacional latinoamericana progresista y soberana”, donde el vínculo entre los liderazgos, las fuerzas políticas, las nuevas instituciones y el cuidado solidario de las espaldas mutuas ha jugado, como sabemos, un rol decisivo.

A continuación, para que la experiencia sirva de enseñanza, pasa a definir lo que considera “las fragilidades de la década”, de las que desprende cinco tareas inmediatas: Comienza por destacar lo que considera que los revolucionarios, sin la experiencia suficiente, viniendo del batallar por los reclamos, es posible que no ponderen en toda su dimensión: el papel que juega en la perdurabilidad de un gobierno el “crecimiento y la estabilidad económica: base material de la justicia y la fortaleza política”. Con sus propias palabras nos referimos a lo que se puede resaltar en este sentido: “Ningún avance hacia el socialismo será posible sin una mayor democracia, pero tampoco sin las condiciones mínimas de bienestar, de mejoras económicas de la sociedad, que mantengan la confianza en su gobierno y la preparen para nuevos y más grandes “asaltos al cielo”. Ingenuos chapuceros e izquierdistas “deslactosados” que dilucidan los grandes problemas prácticos de una revolución removiendo una cucharilla de café, olvidando que no existe decreto que pueda sustituir el largo aprendizaje de masas y que ningún voluntarismo gubernamental reemplaza la fuerza de la realidad capitalista mundial”. Los demás temas pendientes tienen que ver con “una revolución cultural permanente”, que siga removiendo los ancestrales y renovados anclajes con que se paraliza a muy amplios sectores. Seguirá con la necesidad de fortalecer lo que llama “reforma moral e incorruptibilidad”, referida a quienes asumen tareas de gestión. Sigue después con el problema de la “continuidad de los liderazgos históricos”, que a la par de ser imprescindibles como referencia y convocatoria de unidad, deben dar lugar a las normativas que regulan los períodos de gobierno. García Linera sugiere que “tal vez la importancia esté en promover y trabajar liderazgos colectivos que permitan mayores posibilidades de elección, en el ámbito democrático, para la continuidad de los procesos”. Por último, se refiere a la necesidad de dar pasos más consistentes en la perspectiva de un “Estado continental plurinacional”, que nos permita seguir aprendiendo de los requerimientos de la integración, que tanto trabajo nos ha costado.

Para García Linera es dable pensar que estamos protagonizando el final de una primera gran oleada, un repliegue que puede durar meses o años, pero que es un proceso que contiene un alto potencial y que seguramente retornará en una segunda ola que será más profunda, ya que puede darse por descontado que los restauradores no podrán satisfacer las demandas profundas que siguen vigentes.

Nuestra visión es coincidente con lo aquí expuesto. Solo creo que es posible añadir que la recuperación de la iniciativa y la vertebración de las tareas pendientes deberá estar íntimamente asociada a la expectativa democrática que establecen tanto Marco Aurelio García como García Linera. Está claro que nadie puede disputarnos la bandera de la democracia en ningún terreno. Ni en la economía, ni en la política, ni en la cultura ni tampoco en la construcción del sustento de los nuevos protagonistas. Y aquí sí se puede agregar una tarea pendiente que aún produce inhibiciones o equívocos. Hemos avanzado, pero aún en el campo popular quedan remanentes que asocian lo democrático a lo burgués. Son interpretaciones que han quedado muy pegadas al análisis de la sucesión de modos de producción en términos abstractos o acordes con las características de los países centrales en el siglo XIX. Me he referido al tema en un artículo anterior publicado en esta revista que alude a las repercusiones de la Revolución Rusa, con motivo de su centenario2. Asimismo, gravita la herencia cultural forjada en un período que también quedó atrás, cuando se suponía que el “tercer mundo” podía generar un cerco que hiciera implosionar al “centro”. En nuestro continente, se convocó entonces a “crear dos, tres, muchos Vietnams”… Reagan y Thatcher se encargaron de avisar que el centro tenía escapatoria y algo más… Las tradiciones conceptuales, culturales, no se actualizan con la dinámica que sería de desear, por eso hay debates que no deben obviarse, aunque parezcan obsoletos o anacrónicos. Si se los relega con indulgencia, reaparecen de manera inesperada.

El escenario contemporáneo es un inmenso tablero de Go, y en nuestra región debemos facilitar que la próxima oleada sea de masas, nacional, popular y democrática y tenga puesta la mirada en la convergencia con otros procesos que se han comenzado a desplegar en los países centrales. Más que nunca los pueblos se necesitan mutuamente. Sabido es que en Europa se ha reconocido le importancia de las enseñanzas de lo ocurrido en América Latina en la gestación de nuevos protagonistas. Incluso me atrevo a decir que no ha sido ajeno a la presencia de los nuevos discursos de Jeremy Corbyn y Bernie Sanders en las dos potencias imperiales de la época. Aún más, creo que es dable afirmar hoy en día, que sí existe una revolución permanente que nos convoca: la de la Revolución Democrática, camino insustituible rumbo a una sociedad justa para todos. Nuestro tiempo no tiene ninguna relación ya con la época en que las burguesías invocaban a la democracia para cuestionar el mundo feudal. Ya no pueden dar un solo paso en esa dirección. Por el contrario, son quienes buscan cuestionarla y sustraerla en todos los terrenos. De esta manera, más allá de las visiones intencionadas que machacan con el “fin de ciclo”, como ya lo habían hecho con el “fin de la historia”, el viejo topo sigue abriendo conductos y las cadenas, brazo con brazo, vuelven a asomar y como en el Go, generan espacios nuevos, con los que “nadie” había contado…

 

 

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  1. Álvaro García Linera: ¿Fin de ciclo progresista o proceso por oleadas revolucionarias?  1/7/17   (Portalalba)
  2. http://horizontesdelsur.com.ar/100-anos-de-busqueda-de-atajos-en-pos-del-socialismo/.
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One thought on “El compás de los tiempos

  1. Excelente artículo de Mario. Informado y conceptualmente sólido nos coloca en un punto de observación fundamental para las luchas en las que estamos incluidos y en las que se avecinan.
    En fin, no voy a tener más remedio que aprender a jugar al go, sin que eso signifique abandonar mi condición de aficionado obsesivo al ajedrez.

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