El desafío de construir y frenar la demolición

Por Martín Sabbatella

El referente de Nuevo Encuentro repasa las medidas tomadas por el Gobierno de Macri durante los cinco meses de gestión que avanzan en la restauración del paradigma neoliberal en la Argentina, describe los actores que integran la alianza gobernante y plantea los desafíos del kirchnerismo frente a la constitución de lo que CFK llamó el frente ciudadano.

Mauricio Macri encaró, desde su llegada a la Presidencia de la Nación, un proceso de restauración conservadora tendiente a que los estamentos más altos de la pirámide social amplíen aún más sus ingresos, recuperando los privilegios que perdieron durante los 12 años y medio de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. El proceso de transferencia de recursos desde los sectores trabajadores, las pymes y los pequeños productores hacia los económicamente más poderosos, junto al resto de las medidas encaradas por Macri, evidencia que estamos frente a un gobierno de derecha clásica: liberal en lo económico y profundamente autoritario en lo político.

En estos casi 5 meses de gestión, el gobierno de Macri impuso, entre otras medidas, la reducción y quita de las retenciones a los exportadores agropecuarios y mineros; la eliminación de subsidios a la energía junto a un aumento brutal de tarifas de luz, gas, agua, combustible, telefonía y transporte; la devaluación del peso; el despido masivo de trabajadores y trabajadoras del Estado, a los que se descalifica como “ñoquis”; el freno –desde el propio Ministerio de Trabajo- a las negociaciones paritarias; el pago a los fondos buitres y un nuevo megaendeudamiento; la baja impositiva a los autos de alta gama, el champán o los palos de golf; la apertura indiscriminada de las importaciones; la tolerancia a las suspensiones y despidos en el sector privado; el aumento del padrón de contribuyentes de impuesto a las ganancias; la paralización o eliminación de programas sociales destinados especialmente a sectores de bajos recursos económicos como Progresar, Conectar Igualdad, Qunita o FINES; la suspensión indefinida de obras públicas de infraestructura o vivienda social.


«El proceso de transferencia de recursos desde los sectores trabajadores, las pymes y los pequeños productores hacia los económicamente más poderosos, junto al resto de las medidas encaradas por Macri, evidencia que estamos frente a un gobierno de derecha clásica: liberal en lo económico y profundamente autoritario en lo político.»

Los datos oficiales demuestran que, a pesar de haber transcurrido un tercio del año 2016, la ejecución del presupuesto en áreas claves como vivienda, obras públicas, seguridad o salud no supera el 6% (en algunos casos, es del 0%), demostrando un desplazamiento del rol estatal que afecta directamente la calidad de vida de millones de ciudadanos, en especial de los sectores medios y bajos de la pirámide socioeconómica.

Lo antedicho está en línea con la decisión de Macri, evidenciada en todas las dependencias del Poder Ejecutivo, de retomar el paradigma neoliberal de un Estado que no garantiza derechos a las mayorías ni se ocupa de regular la economía para promover un desarrollo con justicia social. Mientras se inyectan recursos en los niveles más altos –vía devaluación del peso, desgravación impositiva de bienes suntuosos, quita de retenciones, etcétera- se liberaliza el mercado, dejando a las pequeñas y medianas empresas, a las cooperativas y a todos los ciudadanos y ciudadanas como rehenes de un intercambio económico salvaje, en el que los más grandes concentran e imponen condicionamientos que amplían la desigualdad y la exclusión.

Las consecuencias son imposibles de ocultar para el gobierno de las corporaciones: crecimiento del desempleo, la pobreza y la indigencia; suspensiones y despidos en el sector privado y estatal; caída del consumo popular, incremento de la inflación y cierre de industrias y comercios. Una verdadera restauración conservadora que arrasa en forma demoledora en un contexto continental de avance de las derechas contra los sectores populares y sus líderes. En ese sentido, sobresale el golpe institucional en marcha en Brasil, donde los representantes del establishment económico desplegaron una brutal embestida política, mediática y judicial contra Dilma Rousseff, Lula da Silva y el gobierno popular del PT.


«Las consecuencias son imposibles de ocultar para el gobierno de las corporaciones: crecimiento del desempleo, la pobreza y la indigencia; suspensiones y despidos en el sector privado y estatal; caída del consumo popular e incremento de la inflación y cierre de industrias y comercio. Una verdadera restauración conservadora que arrasa en forma demoledora en un contexto continental de avance de las derechas contra los sectores populares y sus líderes.»

La alianza restauradora de Gobierno

Macri no está solo. Lo apuntalan actores de gran incidencia en la vida política, económica, institucional y cultural del país: en estos cinco meses, el Gobierno ha conseguido algunos apoyos claves de una mayoría transitoria en ambas cámaras del Congreso, por ejemplo, para la eliminación de las leyes Cerrojo y de Pago Soberano y el aval para pagar a los fondos buitres. El massismo, aliados provinciales y los llamados “opoficialistas” (entre los que se suman exintegrantes del Frente para la Victoria) se mostraron de entrada de acuerdo con ayudar a Macri votando junto al interbloque PRO-UCR-CC, aunque la temperatura social efervescente empieza a hacerlos dudar de la comodidad de las poltronas oficialistas.

Los que no aparecen nada dubitativos en avalar al Gobierno son los representantes de corporaciones económicas que desde el primer día ingresaron al Estado nacional, no ya en carácter de lobistas sino de funcionarios que cobran sueldos públicos para ejercer intereses privados. De igual modo, es fundamental el aliento desde el exterior; en particular, desde el Gobierno de Estados Unidos y los poderes económicos más influyentes de ese país, como quedó claro en estos días en boca del mandamás del lobby buitre, Paul Singer.

Otro lugar central en la alianza de Gobierno la tienen los miembros del llamado Partido Judicial, desde jueces hasta fiscales, secretarios y funcionarios, encargados de perseguir a Cristina y al kirchnerismo como pocas veces se vio en la historia democrática de Argentina. De la mano de Macri, también llegó al ecuador de las decisiones el Partido Mediático, encabezado por el Grupo Clarín, que tuvo un rol central en la construcción del triunfo de la derecha, desplegando una campaña de difamación contra el Proyecto Nacional y Popular durante muchos años; hoy, son un pilar fundamental en la manipulación de la sociedad, para intentar demoler a Cristina y al espacio que ella conduce y para legitimar el ajuste y todas las medidas del Gobierno nacional.


«De la mano de Macri, también llegó al ecuador de las decisiones el Partido Mediático, encabezado por el Grupo Clarín, que tuvo un rol central en la construcción del triunfo de la derecha, desplegando una campaña de difamación contra el Proyecto Nacional y Popular durante muchos años; hoy, son un pilar fundamental en la manipulación de la sociedad, para intentar demoler a Cristina y al espacio que ella conduce y para legitimar el ajuste y todas las medidas del Gobierno nacional.»

La batalla por el sentido común, desatada desde los sectores de poder, incluye desde la instalación de una falsa inevitabilidad del ajuste, los despidos o el aumento de precios –con el latiguillo del “sinceramiento de la economía” o del “necesario esfuerzo” para paliar y enfrentar una crisis que no heredaron y que ellos están generando- hasta la constante demonización de la militancia, de los jóvenes y de los trabajadores y trabajadoras del Estado, a los y las que se estigmatiza como “ñoquis” y “grasa militante”.

Esto se da en el marco de la brutal persecución contra Cristina que pretende quebrar el vínculo afectivo del Pueblo con ella y demoler la memoria social positiva sobre los 12 años y medio de gestión previos a Macri. Es en ese mismo contexto persecutorio en el que debe leerse la inaceptable detención de Milagro Sala, un claro acto de criminalización de la pobreza y de avasallamiento de las garantías democráticas que evidencia la hipocresía del latiguillo de la calidad institucional en boca de una derecha dispuesta a trasgredir límites legales.


«La batalla por el sentido común, desatada desde los sectores de poder, incluye desde la instalación de una falsa inevitabilidad del ajuste, los despidos o el aumento de precios –con el latiguillo del ʻsinceramiento de la economíaʼ o del ʻnecesario esfuerzoʼ para paliar y enfrentar una crisis que no heredaron y que ellos están generando- hasta la constante demonización de la militancia, de los jóvenes y de los trabajadores y trabajadoras del Estado, a los y las que se estigmatiza de ʻñoquisʼ y ʻgrasa militanteʼ.»

A través de la descalificación del Proyecto Nacional, Popular y Democrático pretenden sentar a la política en la mesa del establishment corporativo; esa misma mesa que Néstor pateó el 25 de mayo de 2003 cuando inició el proceso transformador más importante de los últimos 50 años.

El kirchnerismo y el frente ciudadano

Frente a este escenario de avance de las corporaciones contra los sectores populares, desde Nuevo Encuentro reafirmamos tres definiciones fundamentales sobre las que se desarrolló y desarrolla nuestro accionar político y social: la consolidación del Frente para la Victoria como la herramienta política del Proyecto Nacional, Popular y Democrático; la clara constitución del FPV como espacio opositor al Gobierno de Cambiemos y a las políticas que lleva adelante Macri contra el Pueblo argentino; y la consolidación y el respaldo incondicional al liderazgo de la conductora del FPV, la compañera Cristina Fernández de Kirchner. En ese sentido, articulamos con el conjunto de partidos, agrupaciones y movimientos sociales del Proyecto Nacional, Popular y Democrático, así como con un extenso universo de empoderados y empoderadas que no pertenecen formalmente a ninguna organización, pero que se sienten profundamente interpelados por Cristina, extrañan y defienden las políticas públicas implementadas durante nuestro Gobierno y enfrentan día a día de diversas formas los avances de la restauración conservadora que lideran Macri y las corporaciones.

El regreso de Cristina al centro de la escena política nacional, con el correspondiente abrazo masivo de la militancia y la dirigencia del Frente para la Victoria, marcó una bisagra en el presente del país. El deseo de su destierro político y las estrategias del oficialismo por conseguirlo durante todos estos meses quedaron arrasados ante la contundencia del respaldo popular y ante la vigencia de Cristina como actora central de la política del país y el continente. Mientras la derecha se desvela por plagar portadas y noticieros con nuevos capítulos de la persecución en marcha y esconder los efectos del ajuste y los escándalos que involucran al clan presidencial en “La ruta del dinero M”, nuestra Jefa demuestra que es la dirigente más importante que tiene el país.


«El regreso de Cristina al centro de la escena política nacional, con el correspondiente abrazo masivo de la militancia y la dirigencia del Frente para la Victoria, marcó una bisagra en el presente del país.»

Cristina es y será la líder del Proyecto Nacional, Popular y Democrático, mal que le pese al macrismo y a quienes especularon con ser parte de un sistema político cerrado entre una oposición cómplice y el oficialismo restaurador de privilegios. El plan del establishment de desalojar a Cristina y al kirchnerismo de la discusión política nacional fracasó en estos días, lo cual no quiere decir que la derecha desista de intentarlo. Ellos saben que el espacio que ella lidera expresa hoy el pensamiento nacional, popular y democrático y representa la defensa de los intereses de la Patria y el Pueblo, por eso la persecución constante de parte de las minorías corporativas y la alianza restauradora.

Desde ese lugar de liderazgo es que Cristina nos convocó a los argentinos y argentinas a construir un frente ciudadano en el que nos encontremos millones y millones de compatriotas, más allá de a quien hayamos votado, unidos para no permitir que el gobierno de las corporaciones nos siga arrebatando lo logrado en los últimos 12 años y medio. Porque no hay dudas de que estamos peor que antes del 10 de diciembre. En ese gran frente ciudadano –que desde Nuevo Encuentro vemos latir en todos los rincones del país en los que militamos- nos tenemos que encontrar todas y todos los que no queremos el país de los tarifazos, la devaluación, los despidos masivos, el cierre de las industrias y todas las políticas de ajuste que lleva adelante Macri y su Gobierno.


«Cristina es y será la líder del Proyecto Nacional, Popular y Democrático, mal que le pese al macrismo y a quienes especularon con ser parte de un sistema político cerrado entre una oposición cómplice y el oficialismo restaurador de privilegios.»

Este es el desafío de la hora. Fortalecer al kirchnerismo y al Frente para la Victoria, y trabajar unidos y sin mezquindad en la construcción de ese frente ciudadano con una mirada y una acción amplia, inclusiva y persuasiva. Debemos ir en búsqueda de cada argentino y cada argentina que sufre, dar cuenta de sus demandas y abrir los brazos para construir juntos y juntas un gran frente que impida el avance de la derecha por sobre los derechos y conquistas del Pueblo y el destino de la Patria.

*Dirigente Kirchnerista. Referente nacional de Nuevo Encuentro – Frente para la Victoria. Fue presidente del Directorio de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, desde octubre de 2012 hasta diciembre de 2015, cuando fue desplazado por una intervención irregular del gobierno de Mauricio Macri.

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