El hombre, su vida, Francisco y las penas

Por José Massoni *

El autor analiza el peligro de la existencia de la especie humana asociado a los problemas del medioambiente y del sistema de producción capitalista mundial que están en el corazón del problema y que también aborda el papa Francisco en su encíclica reciente Laudato si’, mi’ Signore. Como especialista en temas de justicia, Massoni desgrana los distintos puntos abordados por el proyecto de reforma del nuevo Código Penal del Gobierno saliente en relación al medioambiente que, lamenta, ha sido congelado por la nueva Administración.

Por ahora, la creación más extraordinaria y maravillosa que conocemos en el cosmos es la nuestra, el ser humano, producto de un no cuantificable proceso de confluencias de procesos de cambios de todos los sistemas de energía conocidos y sin conocer. Su inconmensurable complejidad es tan abrumadora que sustenta la extendida creencia en nuestra divinidad porque Dios nos habría creado a su imagen y semejanza.

Esa criatura fascinante que somos se encuentra en un momento de peligro cierto de existencia como especie biológica, porque lo está de manera creciente e incesante la aptitud de sustentación de su base fuente de vida material, la Tierra, el único lugar en el que puede habitar. Porque, digámoslo de una vez, nuestro planeta es partícula de estrellas y nosotros, con nuestra maravillosa complejidad, somos un mero producto de esa mota de polvo llamado Tierra.

Las frases precedentes no son exageradas, ni escandalosas, ni mucho menos falsas. Sí lo aparentan porque expresan una realidad que no se quiere afrontar, ni que preocupe de modo genuino a quienes dirigen los asuntos del mundo. No los aflige un ápice, como lo demuestra en 2015 el “Bilderberg Group” (en su reunión anual confidencial, informal y supersecreta de las 133 personas con más influencia o poder real en el mundo): “Un tema que no está en la lista a tratar este año es el medioambiente” [1].


«Esa criatura fascinante que somos se encuentra en un momento de peligro cierto de existencia como especie biológica, porque lo está de manera creciente e incesante la aptitud de sustentación de su base fuente de vida material, la Tierra, el único lugar en el que puede habitar. Porque, digámoslo de una vez, nuestro planeta es partícula de estrellas y nosotros, con nuestra maravillosa complejidad, somos un mero producto de esa mota de polvo llamado Tierra.»

Es verdad aceptada y notoria que el planeta entero está sufriendo calentamiento con proyecciones letales. Es verdad científica, fundamentada por el 97% de los especialistas de todo el mundo, que el estudio de los ciclos naturales que influencian sobre el clima no explican la cantidad y el patrón de calentamiento habido, que solo se hacen consistentes incluyendo –sumado a aquellos de modo preponderante- el “efecto invernadero” provocado por los gases emitidos por la actividad humana.

El mismo apoyo erudito –que de modo principal es obra del Grupo Intergubernamental de Expertos (IPCC) de las Naciones Unidas- indica que es el dióxido de carbono (CO2) el gas responsable de la mayor parte del calentamiento. Los humanos lo producen, primordialmente, por la combustión de carbón de piedra y petróleo en fábricas, automotores y generación de electricidad. Se agregan el metano (vertederos y feed lots), óxido nitroso (fertilizantes), gases usados en refrigeración y procesos industriales (clorofluorocarbonos). El cúmulo de hechos negativos incluye la tala indiscriminada de bosques que podría almacenar el CO2. Los tres gases nombrados en último término son mucho más dañinos que el CO2, pero la cantidad de éste es tan superior que su perjuicio es mucho mayor por lo que se ha convenido en mencionar a todos juntos en términos de “cantidad equivalente de CO2”. Ésta ha crecido un 20% en los últimos 20 años y sigue en aumento su ritmo de crecimiento, siendo patentes cambios a escala en los Andes y el Himalaya con la desaparición de glaciares y con ellos la fuente de agua potable y riego. Las tormentas, inundaciones y sequías sin precedentes han impulsado que el organismo mundial dirija su atención al ciclo hidrológico. Pero a la hora de la pregunta por las soluciones, dadas sus manifiestas limitaciones políticas para hacer formulaciones comprometidas, con tibieza señala que algunos expertos apuntan a una mejor planificación y utilización del agua, y de manera timorata admite que “otros abordan el problema menos tangible que representa la emisión de gases de efecto invernadero”.


«…tampoco ellos dicen que “el problema” es el sistema de producción social con apropiación privada llamada capitalismo, que ha conseguido abarcar el planeta íntegro. Mucho menos que su núcleo de funcionamiento, ineludible, es que esa apropiación debe ser la máxima posible, sin reparos ajenos a ese objetivo. Si el obstáculo es la destrucción de la naturaleza entera, lástima. “Así son las cosas”»

Como es obvio, sus propias investigaciones llevan a la conclusión de que el problema a abordar es el último y que lo de menos tangible es un eufemismo para eludir expresar que el modelo de producción de bienes materiales en la sociedad mundial está en el centro mismo del problema. ¿Cómo se manifiesta éste? Oxfam (ONG de 16 países “occidentales” e India), insospechable de antisistema, informa que para 2016 el 1% más próspero de la población mundial será dueño de más de 50% de la riqueza de la humanidad y que, en el extremo de la opulencia, en términos no de riqueza sino de dinero, la milésima parte individuos de ese 1% –que cuenta con patrimonios superiores a los mil millones cada uno- tienen, juntos, más dinero que la mitad más pobre de toda la humanidad.

Como también es patente, tampoco ellos dicen que “el problema” es el sistema de producción social con apropiación privada llamada capitalismo, que ha conseguido abarcar el planeta íntegro. Mucho menos que su núcleo de funcionamiento, ineludible, es que esa apropiación debe ser la máxima posible, sin reparos ajenos a ese objetivo. Si el obstáculo es la destrucción de la naturaleza entera, lástima. “Así son las cosas”.


«El costado patético de los resultados de nuestra civilización pertenece en exclusiva al sistema capitalista, que pretende ser el único posible e inherente a la condición humana.»

Aunque el 99% de los hombres y mujeres queden fuera de la mayoría de sus beneficios, el desarrollo de las ciencias y la técnica, operando con base en el enorme capital constante acumulado, ha logrado un avance espectacular sin precedentes en la historia en todas las áreas de la producción humana. Pero hacia 2013, entre aquellos 99% ajenos a los logros alcanzados, había 1200 millones de humanos que se hallaban por completo afuera del goce de ellos, sobreviviendo con un dólar diario para todos sus gastos, con lo que no cubrían siquiera su necesidad alimentaria (informe del Banco Mundial del 17 de abril de ese año). El costado patético de los resultados de nuestra civilización pertenecen en exclusiva al sistema capitalista, que pretende ser el único posible e inherente a la condición humana. Sin entrar en polémicas teóricas, existen pruebas prácticas contundentes que demuestran lo contrario: una, que durante tres cuartos de siglo, más allá de las deformaciones políticas severas que lo llevarán a su caída, hubo un enorme país con un sistema no capitalista que logró pasar del 97% de analfabetos a la educación del 100% y compartir el primer lugar del mundo en creación de ciencia, técnica y salud pública. Otra, ínfima en dimensión, pero cualitativamente no menor: un país insular, pobre, con apenas diez millones de habitantes, con un sistema no capitalista -que continúa- pudo resistir con éxito durante medio siglo el bloqueo total del país más poderoso de la historia mundial y al mismo tiempo ubicarse en los primeros lugares del mundo en la calidad de su educación y salud pública para todos sus habitantes. Por último, el inmenso país más poblado del planeta y también uno de los más pobres, sin capitalismo salió de la condición de colonia (con feudalismo y muertes por hambre de millones de seres humanos por año) y se convirtió en una potencia en todos los órdenes, persistiendo en un sistema básicamente no capitalista en el que el gobierno maneja un capitalismo subsidiario, admitiéndole funciones en áreas determinadas por el Estado. Rotundamente el capitalismo con mando único en el mercado no es la única manera de producir bienes, de crecer en todos los órdenes, ni mucho menos es inherente a la condición humana.

Comprender e internalizar lo anterior es crucial para elevarse, desde una esperanza voluntarista y neblinosa de salvar el planeta, a proyectos con acciones concretas y probabilidades significativas de éxito. Porque con el capitalismo puro a la cabeza, evitar la catástrofe es imposible. La falta de todo escrúpulo y límites es inherente al sistema, cumpliendo sus ineludibles reglas si está liberado a sus propias energías. Se hace así premisa ineludible buscar, encontrar y transitar todos los caminos que, en sectores grandes o pequeños, desde todos los ángulos de aproximación, pasen por controlar la acción del capital, ponerlo en relación de subsidiariedad con relación a la sociedad o directamente suplirlo con otras formas de organización de la producción y su apropiación social.


«Con el capitalismo puro a la cabeza, evitar la catástrofe es imposible. La falta de todo escrúpulo y límites es inherente al sistema, cumpliendo sus ineludibles reglas si está liberado a sus propias energías. Se hace así premisa ineludible buscar, encontrar y transitar todos los caminos que, en sectores grandes o pequeños, desde todos los ángulos de aproximación, pasen por controlar la acción del capital, ponerlo en relación de subsidiariedad con relación a la sociedad o directamente suplirlo con otras formas de organización de la producción y su apropiación social.»

A esa epopeya convoca con énfasis y sin eufemismos el papa Francisco en su encíclica reciente Laudato si’, mi’ Signore sobre las amenazas que se ciernen sobre la vida en el planeta. En su completitud constituye una insoslayable fuente de inspiración para los católicos, cristianos de buena fe y para todos los habitantes del planeta, creyentes o no. Reproduzco fragmentos de dos párrafos. “El paradigma tecnocrático también tiende a ejercer su dominio sobre la economía y la polí­tica. La economía asume todo desarrollo tecno­lógico en función del rédito, sin prestar atención a eventuales consecuencias negativas para el ser humano. Las finanzas ahogan a la economía real. No se aprendieron las lecciones de la crisis finan­ciera mundial y con mucha lentitud se aprenden las lecciones del deterioro ambiental (…). Con sus comportamientos expresan que el objetivo de maximizar los bene­ficios es suficiente. Pero el mercado por sí mis­mo no garantiza el desarrollo humano integral y la inclusión social (…). No se termina de advertir cuá­les son las raíces más profundas de los actuales desajustes, que tienen que ver con la orientación, los fines, el sentido y el contexto social del creci­miento tecnológico y económico” (pág. 85 y sgtes.). “El principio de maximización de la ganan­cia, que tiende a aislarse de toda otra considera­ción, es una distorsión conceptual de la econo­mía: si aumenta la producción, interesa poco que se produzca a costa de los recursos futuros o de la salud del ambiente; si la tala de un bosque au­menta la producción, nadie mide en ese cálculo la pérdida que implica desertificar un territorio, dañar la biodiversidad o aumentar la contamina­ción. Es decir, las empresas obtienen ganancias calculando y pagando una parte ínfima de los costos” (pág. 149, las cursivas pertenecen al autor).

Francisco, en varios tramos más, deja claro que el capitalismo, como eje del sistema productivo humano, conlleva inexorable perversidad y conduce a la catástrofe. Propone cursos de acciones concretas para superarlo, que implican de modo ineludible una fuerte participación de cada ser humano y la no menos potente intervención de los Estados. El problema, sin antecedentes en la historia del hombre, ocasiona tal multiplicidad de consecuencias que debe y puede enfrentarse desde infinitos lugares porque en rigor, absolutamente todos quedan afectados.


«Francisco, en varios tramos más, deja claro que el capitalismo, como eje del sistema productivo humano, conlleva inexorable perversidad y conduce a la catástrofe. Propone cursos de acciones concretas para superarlo, que implican de modo ineludible una fuerte participación de cada ser humano y la no menos potente intervención de los estados.»

A todos los seres humanos nos interesa vitalmente la cuestión. Para quienes adviertan que está en juego la permanencia de la especie, el camino sin soslayo es proyectarse desde sí hacia su ámbito existencial, confluyendo objetivamente en el movimiento de masas más grande y multifacético de la historia para producir el viraje cultural necesario para acabar con la expoliación del planeta en beneficio de una minoría infinitesimal y erradicar la cultura del consumismo material como paradigma de una felicidad hueca.

Estos conceptos de esencia vital son especialmente importantes ahora para nuestro país. La ideología que el Papa fulmina es la que impulsa todos los actos del Gobierno actual, con una adoración por el capital y un desprecio por los seres humanos sin parangón. Sus actos –que desmienten de frente sus palabras- son “sádicos y desalmados” (documento de Curas en Opción por los Pobres, 8 de mayo de 2016).


«A todos los seres humanos nos interesa vitalmente la cuestión. Para quienes adviertan que está en juego la permanencia de la especie, el camino sin soslayo es proyectarse desde sí hacia su ámbito existencial, confluyendo objetivamente en el movimiento de masas más grande y multifacético de la historia para producir el viraje cultural necesario para acabar con la expoliación del planeta en beneficio de una minoría infinitesimal y erradicar la cultura del consumismo material como paradigma de una felicidad hueca.»

Como los agredidos somos todos y de todas formas cualquier acto que despleguemos –por menudo que sea-, con esencia humanística, solidaria, social, espiritual, constructiva, no consumista, de cuidado del medioambiente, de creación intelectual trascendente, sin el acicate de ganar dinero en su máximo posible, confluirá con la masa de opositores al sistema monstruoso. Por caso, mi historia me ubica en el rol del derecho, de la administración de justicia, su organización y puesta en manos de quienes sostengan los valores de los derechos humanos de todos, por definición contenidos en el plan de salvación general. En este sector muchas cuestiones se pueden tomar, están a la mano, posibles y útiles, en nuestro país y en este momento, dado que involucran a las normas aplicables en el conjunto social, emergentes del colectivo en la actualidad, conteniendo el espectro de expresiones del modo de producción de bienes, actividades, costumbres y moral vigentes o que pretenden serlo. Sin dudas, uno es la democratización del Poder Judicial, que no es en los hechos un poder del Estado al servicio de la sociedad, sino una corporación conservadora, defensora pertinaz del sistema de sus privilegios y los de su clase, firme obstáculo a transformaciones que muestren signos populares o que procuren fluidificar una sociedad estratificada.

Pero en esta ocasión abordaré una cuestión de signo normativo y de índole estratégica, de apariencia no candente, ajeno a la agenda pública por ahora, porque tengo la convicción de que no es temprano para comenzar su agitación.

Propongo observar la Constitución Nacional, nuestra ley de leyes. El art. 41 del capítulo de nuevos derechos introducido en 1994 dice: “Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber preservarlo. El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley. Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales”. Atribuye a la Nación el dictado de las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección y a las provincias la complementación que sea necesaria.

Cuando una comisión de juristas multipartidarios fue convocada por la presidenta Cristina Fernández para que elaborara un proyecto de nuevo Código Penal y se abocó al tema que nos ocupa, el aludido mandato constitucional fue raíz de una puntual propuesta, óptima tanto desde su acomodo a la realidad de la sociedad argentina como por su nivel académico. No ha superado el estadio de proyecto pues la acción atrabiliaria, mentirosa, violenta y oportunista de Sergio Massa –apoyado por los medios hegemónicos- lograron frustrar su tratamiento parlamentario, azuzando el miedo hacia el “garantismo” para los delincuentes contra la propiedad y un falso desamparo para las víctimas. Más allá de la mayúscula falacia, el concierto reaccionario nos dejó –en el caso que aquí nos interesa- sin protección del medioambiente, cuando hubiéramos avanzado en formidable medida. Un excelente campo de pelea por el medio ambiente sería conseguir que ese magnífico proyecto llegue al Congreso. Veamos las razones.

El art. 204 del proyecto sobre “contaminación” pena con prisión de tres a ocho años y multa de sesenta a trescientos sesenta días al que violando una norma contamine aguas, aire o suelo; disemine enfermedades, plagas o especies genéticamente alteradas, poniendo en grave peligro la salud humana, provoque mortandad de animales o alteración o destrucción significativa de la flora (el monto de cada día de multa responde a la capacidad de pago y a las condiciones personales del procesado; el mínimo es el 10% del salario mínimo vital y móvil; el máximo el 30% de la renta diaria del condenado). La prisión sube a diez años si se usaron residuos peligrosos, industriales o de actividades de servicios y a quince años si se vuelve inapropiada para humanos un área urbana o rural, si implica desplazamiento aunque fuere temporal de habitantes, cause daños directos a la salud o provoque interrupción del abastecimiento de agua. Si se ocasiona muerte o lesión gravísima a una o más personas, el máximo de la pena eleva a treinta años.

Además de la fortísimas penas que acabamos de señalar, es de importancia suma que cuando los resultados ocurrieran porque se actuó con imprudencia o negligencia, esto es, sin intención de producirlos, si hubiere más de una víctima, el máximo será de veinte años y en todos los casos, aquellas elevadas escalas descienden a un tercio del mínimo y a la mitad del máximo. Con lo que los “descuidos” con relación al medioambiente también quedarán penados de manera severísima (imaginen a directivos de Monsanto, a fumigadores de glifosato –por dar sólo dos ejemplos- con fiscales y jueces eficaces).


«Lograr que se apruebe este proyecto de Código Penal parece una tarea fuera de los tiempos de urgentes necesidades que acosan a casi toda la sociedad y de sus campos de lucha. Al contrario, estamos hablando de su subsistencia como especie e influyendo en una batalla mundial. No menos cierto es que el enemigo a fastidiar mucho sería el capital concentrado, nacional e internacional, dueño de nuestros campos, su flora y fauna, y las corporaciones sojeras, de extracción minera y productoras de agroquímicos. Los beneficiados: el nivel de vida de nuestro pueblo más desprotegido, su salud y la de su progenie.»

Por último, el art. 204 trae una previsión de importancia enorme. Establece que las personas jurídicas podrán ser sancionadas por estos hechos con multa (de hasta un tercio del patrimonio), cancelación de la personería jurídica, suspensión total o parcial de actividades, clausura total o parcial del establecimiento y varias otras, de modo conjunto o alternativo (arts. 59 y 60). La trascendencia de esta norma reside en la posibilidad de imaginar su aplicación en procesos de sojización, actividades extractivas de minerales o en algunos métodos químicos de deforestación (aquí entraría, siguiendo con el ejemplo, Monsanto misma).

En el artículo siguiente (205) se sancionaría a los funcionarios públicos que faciliten la comisión del delito, también al fiscalizador que lo ocultara o tolerara. La prisión sería de hasta tres años y la inhabilitación hasta seis (los “útiles” estatales corruptos).

De seguido (art. 206) el anteproyecto confirma como delitos la caza y la pesca en período de veda y añade hechos hasta ahora impunes: impedir o dificultar la migración de animales de la fauna silvestre, acuática o de una especie declarada en peligro de extinción; alterar o procurar genéticamente una especie de la misma naturaleza; dañar o destruir nidos, refugios o criaderos naturales o matar a cualquier animal propio de los lugares protegidos, siendo de destacar que el concepto de espacios prohibidos abarca la propiedad privada. Penas: prisión hasta tres años y multa hasta trescientos sesenta días.

Luego de punir numerosas variables de maltrato a animales (207), a continuación la comisión redactora comenta que “El descontrol de la destrucción de la flora, en especial de bosques, ha provocado en el mundo innumerables catástrofes por su efecto de desertificación y erosión del suelo. Los ejemplos son dramáticos en muchos países, siendo innecesaria su enumeración por conocida, incluso históricamente, como causa de desarticulación y crisis de civilizaciones”. En consecuencia, el proyecto del art. 208 pune –respecto de la flora silvestre o acuática- extraerlas o usarlas fuera de lo permitido, alterar especies, dificultar la procreación, cualquier beneficio de cualquier fuente de recursos genéticos, talar bosques o tierras forestales, de éstas extraer recursos del subsuelo o suelo, todas las formas de afectar cursos o espejos de agua, drenar pantanos, cenagales o espacios húmedos de tierras forestales. En cualquiera de esos casos, la pena será de prisión llega a tres años y la multa a trescientos sesenta días. Sube a cinco años si el delito se comete en tiempos de caída de semillas, formación de vegetación, sequía o inundación; contra especies protegidas –silvestres o acuáticas- o de modo capaz de provocar estragos en ellas o en el área protegida.

Para la efectiva aplicación de estas normas –sepultada por la reacción, su aparato mediático y el personero mencionado-, el avance institucional intentado en los años del gobierno kirchnerista proyectó y llevó hasta la sanción legislativa –no llegó a la instrumentación- un nuevo código de procedimiento nacional que pondría a los fiscales, la publicidad, la oralidad y la participación social y de las propias víctimas como ejes de funcionamiento eficaz. Por impulso del actual Gobierno de las multinacionales, la banca y la oligarquía agrícola ganadera, no ocurrirá que se concrete o tome formas que esterilicen sus méritos democráticos y participativos.

Se aprecian observaciones de signos opuestos.

Lograr que se apruebe este proyecto de Código Penal parece una tarea fuera de los tiempos de urgentes necesidades que acosan a casi toda la sociedad y de sus campos de lucha. Al contrario, estamos hablando de su subsistencia como especie e influyendo en una batalla mundial. No menos cierto es que el enemigo a fastidiar mucho sería el capital concentrado, nacional e internacional, dueño de nuestros campos, su flora y fauna, y las corporaciones sojeras, de extracción minera y productoras de agroquímicos. Los beneficiados: el nivel de vida de nuestro pueblo más desprotegido, su salud y la de su progenie.

Ello no es menos urgente, al menos para alzar la voz, y es una demostración, entiendo, de que no hay lugar donde no se pueda pelear a estos retrógrados enemigos del ser humano.

*Abogado (UBA), especialista en temas de corrupción, justicia y procedimientos penales y sus vinculaciones con la estructura socio-política nacional e internacional. Fue titular de la Oficina Anticorrupción entre 1999, año de su creación, y 2002.

Notas al pie:

[1] “¿Quiénes son los invitados a la secreta reunión de Bilderberg, la más poderosa del mundo?”, 11 de junio de 2015, BBC. Disponible aquí.

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