El jardín de gente

Por Antolín Magallanes *

El autor recorre las reacciones de los distintos sectores del kirchnerismo luego de la inesperada derrota en las últimas elecciones, el calor de las luchas y movilizaciones populares en defensa de las conquistas sociales y la necesidad de reconstrucción política planteada por Cristina a partir del Frente Ciudadano.


“cómo harás para ver y aliviar el dolor en el jardín de gente”
Luis Alberto Spinetta

El oficio pendular una vez más se ha apoderado de nuestra realidad. A la manera de una mala recaída de quien no puede salir de su adicción. Una forma en que nuestra sociedad se expresa en lo que va de estos últimos cincuenta años, pero con matices que deben ser convenientemente resaltados.

A la hora de restaurar el conservadurismo, hoy las derechas, no solo en nuestro país, han optado por las vías institucionales, claro que con un blindaje estupendo de parte de dos aliados poderosos a la hora de construir nuevos sentidos con viejas recetas, los medios de comunicación en alianza estratégica con el Poder Judicial.

La forma en que los gobiernos progresistas de la región avanzaron sobre los intereses de los grupos dominantes, promoviendo derechos e incluyendo a amplios sectores de la población, es algo no perdonado y es el lugar exacto donde anida la sed de revancha, anclada en toda una metodología de disciplinamiento social, explicitada en las diatribas gobernantes, protocolos de seguridad y encarcelamientos de luchadoras sociales.


«Tenemos amplia coincidencia con muchos de los debates y charlas abordados, en los que se plantearon que no teníamos en la agenda la posibilidad de la derrota electoral, pensábamos en ganar. Del otro lado, se pensaba inversamente.»

Por lo tanto, una primera aproximación a la situación crítica de los procesos de transformación que se vienen dando en América Latina amerita pensar que esto debe ser tenido en cuenta mucho más allá de una lucha electoral o política: es una disputa de sentidos, una gran compulsa social y cultural en favor de las amplias mayorías populares que se han visto beneficiadas en estos últimos años y eso es lo que no se perdona.

Tenemos amplia coincidencia con muchos de los debates y charlas abordados, en los que se plantearon que no teníamos en la agenda la posibilidad de la derrota electoral, pensábamos en ganar. Del otro lado, se pensaba inversamente.

Por eso la gran paradoja se da en dos fuerzas que sucumbieron ante un destino inesperado, generando una suma cero en la cual hubo que asumir la tarea de gobernar sin plan y la tarea de ser oposición también sin plan.


«Hubo una gran cantidad de movilizaciones populares que pusieron sobre la mesa el descontento y el rechazo al avasallamiento revanchista.»

Lo del gobierno cada vez es más claro y salta a la vista si se tienen en cuenta las idas y vueltas en la gestión, pero con un rumbo claro y muy definido hacia un polo conservador, disciplinante en favor de un nuevo polo de acumulación regresivo para las grandes mayorías.

De nuestro lado, han pasado muchas cosas, hemos tenido que asumir la derrota no planificada y comenzar a trabajar en una recuperación que si bien nos ha costado mucho, ha tenido y tiene momentos saludables. Pero claro, esos no fueron precisamente los que se han visto cuando se discutió en el Congreso Nacional la forma de cumplir con los fondos buitres, pero sí paralelamente a esas tristes jornadas se dieron momentos que fueron atesorando nuevas formas de superar esta aciaga etapa y que deben ser reconocidos como movimientos de búsqueda de unidad contra el desembarco del neoconservadurismo.

Hubo una gran cantidad de movilizaciones populares que pusieron sobre la mesa el descontento y el rechazo al avasallamiento revanchista.

Se podrían enumerar aquí las diversas movilizaciones de los empleados estatales, que rápidamente entendieron que la unidad de la lucha era imprescindible, evidenciando en su cuerpo dirigente un gran aprendizaje de viejas demoras en otros momentos de nuestra historia, también podríamos inscribir aquí los multitudinarios apoyos que recibieron las voces acalladas en los medios de comunicación como lo fueron las de Víctor Hugo Morales o las de 678, el apoyo a la ley de medios, las distintas plazas que se reprodujeron por distintos lugares del país.

Fueron momentos que si bien testimoniaron un pararse frente a lo que estaba ocurriendo, permitieron sembrar las primeras semillas de reconstrucción de lo que habíamos perdido.

Esa primera reacción fue importante, mantuvo la mística de la movilización y la militancia y permitió, al calor de la lucha unificada, poder llevar adelante distintas evaluaciones y autocriticas. Se realizaban las discusiones de autocrítica en muchos casos mediadas por estas movilizaciones, las cuales tuvieron saltos de calidad importantísimos con el plenario realizado en Avellaneda, que mostró el cuerpo robusto del kirchnerismo más activo, y con el termómetro de la marcha del 24 marzo, con sus ineludibles connotaciones de época. Cada 24 de marzo tiene una presencia popular que sabe leer y diagnosticar. Ésta, con todo el convite que le puso el Gobierno y con la “oportuna” presencia del presidente de EEUU, demostró alto grado de participación y unidad.

Por eso hubo algo de dignidad que se cuidó al plantearnos estos ejercicios de movilización y discusión, que fueron hilvanando modos de acercamiento y recomposición de la discusión de un modo constructivo aunque no dejara de ser algo traumático. La reacción física de salir en la adversidad de la derrota a ocupar plazas y espacios públicos mostró la dimensión de la discusión que se venía y la necesidad de aquéllos y aquéllas que se movilizaban de encontrar denominadores comunes en la diversidad, repudiando a quienes dividían o mostraban posiciones ambiguas y vivando a quienes unían y trabajaban por ello.

Trabajar por la unidad fue el objetivo de muchos de esos momentos, la unidad para expresar la defensa de la ley de medios, la unidad para defender las fuentes de trabajo y la unidad para mantener unidos y organizados a los vastos contingentes que expresan al kirchnerismo en todo el territorio nacional.

Hubo realmente algo de gesta patriótica en la forma que muchos y muchas se movieron, los actores y los músicos expresados en las plazas, integrantes del programa 678 llenando plazas y espacios públicos por doquier, dirigentes políticos como Martín Sabbatella que decidieron poner el pecho a la derrota y generar la posibilidad de la cohesión social y política en vez de quedarse en retaguardias cómodas y autocríticas deseadas por el establishment para destruirnos.

El auspicioso movimiento de la CTA, o mejor dicho, de las dos CTA que empezaron a visualizar caminos conjuntos saliendo de una peligrosa posición testimonial para darle sustento a una construcción amplia junto a las demás centrales obreras, una posición que permitió avanzar en una ley contra el desempleo y postular una primera parada gremial importante el 29 de abril.

Todos estos pasos deben ser leídos en claves de unidad, de acciones hechas con un gran esfuerzo por parte de todos los responsables dirigentes que se encolumnaron detrás de ellas. Todas estuvieron a la altura del pedido de amplias mayorías populares que pidieron unidad, que pidieron que no nos separemos en la lucha por volver. Porque la expresión más genuina que marca el horizonte es esa, volver, y todos sabemos a qué nos referimos con esto.

Hasta aquí fue lo hecho por las huestes kirchneristas que quisieron seguir dando pelea, que quisieron poner de manifiesto lo que no leía el Gobierno de Cambiemos que había prometido diálogos, sonrisas y buenos tratos, pero que en cada oportunidad no eludió la descalificación hacia la militancia y al anterior gobierno. Lo paradójico ha sido la interpretación del ajustado triunfo obtenido por su fuerza, que eligió avanzar por la prepotencia a pesar de haber ganado la elección por un exiguo margen, cosa que debería haberlo habilitado para otro tipo de planteos. En cambio, decidió generar un clima de tensión que agravó con el encarcelamiento de Milagro Sala, así como las agresiones sufridas por numerosos locales de ineludible referencia kirchnerista, que fueron el blanco de aquellos que se cebaron con la prédica del Gobierno en alusiones descalificadoras hacia la militancia, y la presencia de la grasa en el Estado.


«Todo lo hecho en estos meses debe ser valorado, no sirve la cantinela hiperpolitizada que nos aleja en razonamientos refractarios con la sociedad. Si alguien nos conduce de la manera en que lo hace Cristina es porque nos interpreta y porque nosotros entendemos esas formas cuando son devueltas por ella.»

En ese escenario y luego de haber estado lejos, pero también gracias a la sinuosa interpretación de una acción de gobierno por parte de un juez, volvió Cristina.

La vuelta evidenció todos los recursos humanos forjados en estos últimos doce años puestos en su verdadera dimensión y valor en un espacio que el Gobierno mira con temor, la calle.

En ese espacio se ejerció un verdadero parlamentarismo callejero, que otra vez volvió a juntar a las distintas agrupaciones kirchneristas, pero también, de intendentes y “gente suelta” que puso de manifiesto esa necesidad de estar y afirmar con el cuerpo lo que se quiere.

Si bien hasta este momento pasó todo lo que intentamos describir anteriormente, con la llegada de Cristina se produjo una síntesis memorable de conducción y herencia política recuperada. El último encuentro de Cristina con la muchedumbre había dejado los ecos de una despedida gloriosa en la que hizo hincapié en el empoderamiento del pueblo, cosa que sostuvo los largos cuatro meses de espera de ese reencuentro que vino a organizar y conducir esta nueva etapa. Pero esta vez con un concepto nuevo, que bien puede cabalgar sobre la historia de estos últimos meses, el Frente Ciudadano.

Dicho Frente es la posibilidad de ampliar las bases políticas y sociales del kirchnerismo, de avanzar por afuera de esos bordes superadores de los colectivos que se supieron construir. La propuesta es un interesante desafío para ampliar lo hecho, pero esta vez desde el llano, convocando a la tarea de reconstruir tramas sociales, redes y pequeños agrupamientos, pero que básicamente conecten a la política con el crecimiento en calidad y cantidad. Un llamado a ejercer un oficio que exige de la paciencia, la tolerancia y la escucha para poder entender y ser entendidos por fuera de aparatos rígidos o verticales. Es un llamado fuerte a una nueva fase de la construcción política que básicamente se para en la disputa cierta de las grandes mayorías, si es que se sigue teniendo vocación de poder para de ese modo plantearse el tan coreado “vamos a volver”.

La aparición de Cristina puso en el centro de la escena a la principal dirigente del arco opositor. Luego de su llegada, todo pareció ordenarse y fortalecerse, hasta la interna tan temida del Partido Justicialista comenzó a rumiar su célebre y descolorida lista de unidad, superando las supuestas luchas internas que desgajarían en pedazos al kirchnerismo, bien azuzadas, por los medios de comunicación.

Ella planteó un ejercicio sencillo, casi socrático, esbozado en una pregunta para hacer a quienes tenemos al lado: ¿cómo estaban antes de diciembre y como están ahora? Un punto de partida para empezar ese diálogo, que permita expresar en pequeñas situaciones cotidianas la reconstrucción de un tejido social a través de hechos concretos para la vida de nuestro pueblo.


«Construir un bloque potente que se movilice y que defienda sus intereses también va a ser parte del sinceramiento de esta sociedad que parece partida al medio, y que tendrá importantes desafíos a la hora de definir los rumbos del país.»

Por eso una de las tareas que se nos impone es comenzar involucrándonos en la defensa de todo lo conseguido, articulando la organización social, mirando al futuro de una construcción que debe distinguir entre el testimonio y la proyección de la política que, expresada en sus términos más prácticos, signifique victorias electorales en dos años.

Todo lo hecho en estos meses debe ser valorado, no sirve la cantinela hiperpolitizada que nos aleja en razonamientos refractarios con la sociedad. Si alguien nos conduce de la manera que lo hace Cristina es porque nos interpreta y porque nosotros entendemos esas formas cuando son devueltas por ella.

Construir un bloque potente que se movilice y que defienda sus intereses también va a ser parte del sinceramiento de esta sociedad que parece partida al medio, y que tendrá importantes desafíos a la hora de definir los rumbos del país y cómo tratarlos.

Fortalecer la oposición implica superar al antimacrismo, proponiendo una profunda articulación de lo diverso, de aquel universo que está cerca y que se nos escapó y hoy piensa más seriamente los pasos a dar en el futuro, también como nosotros, abriéndose al dialogo. Allí hay una gran posibilidad de construcción para ampliar nuestra base.


«Cristina llama a hacer la política de abajo y desde una épica que bien conoce la tradición yrigoyenista y peronista, llama a hacer del llano un hábitat fuerte para el crecimiento y la reconciliación de una mayoría que debe seguir creciendo.»

Es necesario entender que la convocatoria al Frente Ciudadano se da sobre lo que hemos conseguido, sobre el espacio construido por el kirchnerismo, pero con una visión de futuro ampliado y necesario, algo que supere aparatos y escarpados terrenos con lógicas de repartos miserables. Cristina llama a hacer la política de abajo y desde una épica que bien conoce la tradición yirigoyenista y peronista, llama a hacer del llano un hábitat fuerte para el crecimiento y la reconciliación de una mayoría que debe seguir creciendo. Aquí está el germen de lo que muchas veces nos enamoró de la política, su firme dimensión sin mentiras y bajezas. Urdir la trama debajo, hacerla crecer, cimentarla con la firme pasión de la palabra y los hechos cotidianos, que vayan constituyendo redes en los espacios donde se mueven las personas, sus trabajos, sus lugares de encuentro, sus necesidades y sus logros. Construir y celebrar cada triunfo de esa unidad, enaltecerlos.

Se trata de visualizar los avances logrados en su más amplia dimensión, allí donde ni nosotros los pudimos ver. Ésa será la tarea: hablar, convencer, persuadir, todos verbos impuestos en la larga marcha de esta democracia ganada en los estertores de una dictadura. Construir una fuerza amplia política y socialmente con firme presencia en las calles, que es el espacio de encuentro donde se debe lograr la articulación que nos dé la posibilidad de volver, para ver y aliviar el dolor en el jardín de gente.

*Licenciado en Trabajo Social (UBA) y militante. La problemática urbana como práctica y tema es su especialidad.

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