El liderazgo de Evo Morales luego del referéndum

Por Ariel Basteiro

El autor analiza el significado del resultado del referéndum, y señala la capacidad del Presidente Evo Morales para recuperar protagonismo y dinamizar la política boliviana.

A tres meses de la derrota sufrida por Evo Morales en el último referéndum llevado adelante en Bolivia para solicitar una revocatoria del artículo 168 de la Constitución plurinacional que permitiera una nueva postulación para el cargo de Presidente y Vice del país, para el binomio Evo Morales Ayma y Álvaro García, la dinámica de la política boliviana ha superado el momento de zozobra que parecía haber ganado a la dirigencia boliviana. La recuperación ha sido producto de la metodología de campaña permanente que viene desplegando el Presidente desde hace 10 años, con visitas a distintas ciudades por día, inauguración de obras y anuncios de políticas públicas, que ubican a la sociedad en el centro de la escena.

El resultado de este referéndum, que sorprendió especialmente a la estructura del MAS y a los representantes de los movimientos sociales que apoyaban y trabajaban para la candidatura de Evo Morales, ayudó a desperezar a una estructura que durante los últimos años había ayudado a mantener controlada la publicitación de las acciones de gobierno, siendo nexo entre los líderes y las bases; y que en el último año había caído en una desorganización que arrojó, como resultado, la incapacidad para contestar al cúmulo de operaciones mediáticas y mentiras lanzadas desde los medios de comunicación opositores al gobierno.

Por otro lado, la oposición representada en todos los partidos de derecha de Bolivia, la Embajada Norteamericana y un centenar de ONGs financiadas por organismos y fundaciones internacionales, que están involucradas con las cuentas offshore de Panamá, encontraron un motivo para unirse en un objetivo común, ganarle a Evo.

Como un plan previamente acordado, se desplegó una campaña por parte de este poder en las sombras que encuentra muchas coincidencias con el desarrollado cuatro meses antes en Argentina y con el impeachment a Dilma en Brasil o las acciones desarrolladas en Venezuela por parte de las bandas armadas de derecha opositoras a Maduro.

Tapas de diarios con grandes títulos pero poca información sobre supuestos hechos de corrupción, denuncias de hechos de la vida privada de los candidatos, la generación de hechos de violencia con muertos y heridos fueron provocando un clima de derrota y descreimiento en la población que el MAS, el gobierno y los movimientos sociales no supieron o pudieron contrarrestar.

La oposición en un principio creyó que el resultado haría mella en el estado de ánimo del presidente y de su gobierno, y sólo ello sirvió para ordenar y reformular el discurso, y lanzar el plan más ambicioso de infraestructura del que se tenga memoria en la historia de Bolivia: 25.000 millones de dólares de aquí hasta el año 2020 para construir caminos, represas, gasoductos, ferrocarriles, viviendas, hospitales y escuelas, lo que generaría no sólo avances en la calidad de vida de la población, sino también trabajo y desarrollo, con una apuesta al fortalecimiento del mercado interno inyectando recursos en los trabajadores que serán gastados dentro de Bolivia. La otra medida anunciada el 1° de mayo por decreto del Poder Ejecutivo fue el aumento de salarios a empleados públicos, con excepción de los funcionarios, y para la actividad privada muy por arriba de las tasa de inflación anual que tiene Bolivia, lo cual no sólo mantiene el poder adquisitivo del salario, sino que lo ubica en una escala superior.

Esta Bolivia de Evo que viene creciendo en los últimos 8 años a un promedio anual de 5,5% en su economía y con una perspectiva futura de seguir en ese camino, sigue siendo el país más pobre de América del Sur y uno de los más pobres de Latinoamérica, con un nivel de reservas en el Banco Central que debe ser de los más altos de la región en la relación per cápita.

Considerando una nueva reorganización de la fuerza del MAS y sus movimientos sociales, un ambicioso plan de inversiones estatales, cierta previsibilidad en el devenir económico, un líder como Evo Morales que aún conserva una imagen positiva superior al 65%, y una oposición desprestigiada que no logra unificar ninguna acción, la gobernabilidad y continuidad de este proceso político está asegurada.

El vicepresidente Álvaro García Linera en su último análisis publicado días después del referéndum, al que citó ya en más de una oportunidad Cristina Fernández de Kirchner, señala como los motivos que influyeron en la derrota cinco causas: la intervención de ONGs y fundaciones financiadas por los EEUU, las nuevas estructuras de las clases sociales, liderazgo, la utilización de las redes sociales como armas electorales y una oposición unida. El vicepresidente concluye que se está ante una derrota táctica en medio de una ofensiva y victoria estratégica del proceso de cambio.

Dadas de este modo las cosas en América del Sur, en el que hoy no se viven momentos de expansión y crecimiento como en los fines de los ’90, años en los que movimientos populares se hicieron de gobiernos y generaron cambios y la inclusión de los sectores del trabajo más importantes que tuvo la región en su historia; es entendible que el Gobierno boliviano vea con preocupación el giro a la derecha que se está dando entre sus vecinos: Macri en Argentina, el impeachment en Brasil y las recientes elecciones en Perú. Los tres países son los de mayor intercambio comercial con Bolivia y esto a futuro podría modificarse, complicando el modelo de crecimiento para Bolivia y su proyecto político, que de no ser con la continuidad de Evo Morales podrá ser (según palabras del propio presidente) algunos de los jóvenes con responsabilidad en el Gobierno, Gabriela Montaño, presidenta de la Cámara de Diputados, o el Procurador del Estado Héctor Arce, dos sub40 cercanos al presidente, o el canciller David Choquehuanca, un referente de los movimientos indígenas y una de las espadas del Gobierno boliviano.

Todo hace creer que lejos de sumarse al cambio que se está dando en la región con un giro hacia la derecha, Bolivia tiene todas las condiciones para resistir ese avance, y como dijo hace algunos días Emir Sader, hoy está claro que Bolivia se convirtió en el lugar donde se provoca el debate y elaboración teórica para ver lo que pasa en la región y el mundo. Por ello es que Bolivia y sus dirigentes tienen el desafío y la responsabilidad de ser quienes deban, en términos futbolísticos, “cuidar los trapos”, hasta que se frene la reacción conservadora que azota a nuestras tierras, así es posible imaginar que cuando Cristina Fernández de Kirchner vuelva a la presidencia a fines del 2019, Evo Morales seguirá siendo el presidente, ya que termina su mandato en enero del 2020. Él y su presencia en los palcos del congreso es una foto posible. Un presidente aimara que llevó adelante su Gobierno apoyado en la premisa repetida por las comunidades indígenas de Bolivia desde tiempos inmemorables, “No mentirás”, “No robarás”, “No serás flojo”.

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