El momento politico y la escalada represiva estatal

Por Mariano Massaro*

En esta nueva oportunidad, Mariano Massaro reflexiona sobre el ascenso en la represión estatal a la luz del incremento en la movilización popular característica de estos últimos tiempos. En este marco, el peligro que conlleva dicha represión resulta de vital importancia para comprender el devenir político inmediato, caracterizado por una elección a corto plazo, un gobierno que experimenta un viraje en su política interna y la necesidad de consensuar un movimiento popular que rompa esta matriz concentradora y regresiva.

La dinámica política de los últimos tiempos ha sabido erosionar la eficacia del discurso macrista. El alto volumen de manifestaciones logró convertir la calle en una trinchera de las perspectivas nacionales y populares, produciendo una contundente victoria en ese terreno. Esta serie de hechos políticos se convirtieron en “lo real”, un real que desplazó del centro de la escena política al discurso oficial.

La batalla ganada en las calles se convirtió en un hecho inocultable, palpable y  concreto acompañado por otro de envergadura, que es la caída de la base de sustentación electoral del ingeniero Macri, con carácter irreversible.

La ventana de tiempo abierta en marzo cristalizó un búsqueda por la unidad de acción largamente esperada; una unidad heterogénea, desordenada, guiada por el descontento, unidad por la negativa, es decir, por el rechazo a las consecuencias concretas del modelo económico, una unidad en estado embrionario que puja por madurar hacia la salida política, no necesariamente electoral, aunque algunos no perdamos la esperanza de tal confluencia.

Las dificultadas para transitar dicho camino revelan otro fenómeno de época insoslayable, como lo es cierta decadencia y crisis de legitimidad en la conducción del movimiento obrero. Bastaría recostarse en la creencia que toda crisis es una oportunidad para alojar cierta esperanza, pero la voluntad no debe nublar el análisis político. En consecuencia, debemos resaltar que el triunvirato cegetista continua con capacidad de fungir como amortiguador social respecto de las tensiones existentes. Instrumento sofisticado para aplacar la lucha. No obstante, no es menos cierto que se ha evidenciado la existencia de tensiones de representación entre parte de las bases de los gremios y sus cúpulas, una presión que puede precipitar una nueva fractura de la central en determinado momento.

La potencia callejera de marzo forzó la aceleración de movimientos tácticos por parte del ejecutivo nacional, operando así un cambio de paradigma visible con posterioridad al #1A que reposa más en la correlación alcanzada por la oposición en acción, que por el respaldo de espíritu cacerolero que recorrió la plaza de mayo en esa jornada.

Este cambio inaugura la sistematización de la etapa represiva de la restauración neoliberal, la cual irrumpió de frente contra la protesta social en la Panamericana, donde vale reseñar que no fue el desalojo de vecinos desorganizados, sino el choque directo contra un número nutrido de militantes de izquierda. La zaga contiene otros capítulos como la represión de los docentes en Congreso; por lo que la lista es extensa. Asimismo, el cambio de actitud, o la instrumentación represiva de Macri se ha conjugado con una represión  de baja intensidad en los territorios. En este sentido, los objetivos buscados están asociados al disciplinamiento social, a no ceder la calle a su adversario así como a la reafirmación del núcleo duro macrista. La necesidad política del gobierno pivotea en declinar la protesta social utilizando la prehistórica herramienta del miedo, pero también consolidar alguna política exitosa, en este caso la represiva, satisfaciendo una demanda de orden en un sector oficialista y pan – oficialista.

Sin embargo debe consignarse que las fuerzas desatadas al posicionar una política represiva de alta o baja intensidad dejan librado al azar la posibilidad de que ocurra la peor. Un muerto se encuentra en el horizonte de perspectivas de tal situación, constituyendo un mojón límite, una especie de ratio moral, ético, que ningún sector social quiere cargar sobre sus espaldas. Una situación de tal calibre conlleva un escenario explosivo, de escalada social con final abierto donde la gobernabilidad tendría serias dificultades de continuidad.

El círculo rojo, del cual el ingeniero Macri es tributario y parte, pero que a la vez lo excede, ve con preocupación la escalada de violencia estatal; claro está que no se trata de una preocupación de orden democrático, sino de perspectiva de mediano y largo plazo. El empate hegemónico que arrastra casi el último siglo de historia política en el país ha capturado etapas de auge de políticas populares y de retroceso groseros. Esa danza distributiva necesita desde ambas posiciones ideológicas mantener abierta la perspectiva de su posición, un juego simbólico de alta jerarquía. Si la mencionada escalada represiva por parte del gobierno arribase a un muerto, la tensión social se convertiría en un polvorín desbocado y con independencia del destino presidencial, lo que sellaría una nueva y fuerte asociación entre neoliberalismo y muerte, como representación que el nudo central del círculo rojo desea evitar, porque puede cederse, transitoriamente, la modificación de la matriz de acumulación, siempre y cuando quede abierta la ventana para el retorno.

Este panorama genera un atolladero inexpugnable para el ejecutivo, puesto que ceder la calle cimenta las bases de reducción de ejecución de su programa estratégico, pero atender dicho fuego da inicio a la faz represiva, la cual llega de forma prematura respecto del momento electoral e instala potencialmente un escenario de crisis de gobernabilidad.

Desde una perspectiva nacional y popular, la tarea continua siendo la construcción de una nueva mayoría popular, la coyuntura requiere la unidad de acción para frenar el daño que ocasiona el neoliberalismo; la responsabilidad inmediata nos exige dar contenido al concepto de unidad, así una posible acepción sería la conformación del Frente Anti – neoliberal o Frente Anti – Macri como plataforma de salida política. Sus márgenes deben ser flexibles, metabolizando todas las contradicciones con carácter de accesorias. No se trata de licuar identidades políticas o ceder agenda, sino comprender éste escalón necesario de la lucha que debe encaminarse detrás de dos o tres puntos de consenso que calen en los huesos del neoliberalismo. Nadie desconoce la simultaneidad de la construcción de alternativa política que se expresara electoralmente, pero un proceso no puede reducir al otro, ambos son necesarios y se instituyen como responsabilidades históricas.

 

* Referente Judiciales, CTA, Inst. Patria.

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