El Plan fallido de Carrio para moralizar el neoliberalismo

Por Daniel Rosso

Estamos ante una novedad en la ciudad de Buenos Aires: Elisa Carrió, la candidata de Cambiemos, la coalición de gobierno en el distrito y en la Nación, se dispone a transitar la campaña electoral debatiendo tanto hacia adentro de su propia coalición como hacia afuera. Los cuestionamientos y presiones de la candidata, que alcanzan al propio Presidente Macri, incorporan permanentes tensiones en el interior de esa confluencia electoral.

La denuncia, el discurso monopólico de Carrió, extravió su rumbo habitual y ahora se dirige también hacia adentro de su propia alianza. Las imputaciones recalan en Julio De Vido, pero también en Daniel Angelici, en Jaime Durán Barba, en Silvia Majdalani o en Ricardo Lorenzetti.

No es fácil prever si esas tensiones aumentaran hasta precipitar una ruptura o se atenuaran progresivamente. En ambos casos, estamos ante una novedad: se trata de dos partes – el macrismo y Carrió –  que disputan, que no se ponen de acuerdo, que confrontan, que hacen silencio, que incluso pueden terminar en ruptura, pero que se ofertan ante el voto ciudadano como una unidad.

¿Qué se vota cuando se vota a Carrió? ¿Se vota al macrismo o se vota contra el macrismo? ¿Qué expresa la tensión que Carrió pone recurrentemente en escena ante sus pacientes socios?

La candidata a diputada transita la etapa final de su larga deriva en el sistema político argentino transformada en una figura ascendente del proyecto neoliberal. Es decir: como una de las encargadas de dotar de nueva legitimidad de origen al gobierno macrista para que este profundice las medidas de ajuste luego de las elecciones.

Pero Carrió no llega al neoliberalismo vacía. De su largo y zigzagueante trayecto por el sistema político argentino conserva retazos de un republicanismo nebuloso que, sin embargo, produce tensiones en contacto con el proyecto neoliberal del macrismo.

¿Qué declara públicamente Carrió? ¿Qué propone?

Imprecisa, detrás de un fárrago de denuncias poco rigurosas y de amistades extrañas con servicios de inteligencias nacionales e internacionales, resuena, a lo lejos, algo así como independencia de la justicia, autonomía de los tres poderes del Estado, combate contra la corrupción. La candidata a diputada intenta introducir en el macrismo parte de la memoria conceptual del viejo republicanismo radical, pero al ser esta resistida o ignorada, esa memoria  se transforma en denuncias o en discurso moral. Es decir: Carrió intenta incorporar en el proyecto neoliberal – que no cuestiona – un piso de liberalismo republicano. Y cuando encuentra resistencias, como le ha sucedido siempre, cuestiona, denuncia y amenaza con retirarse.

En esta perspectiva, la tensión entre Macri y Carrió es una consecuencia de la dificultad para compatibilizar nuevo neoliberalismo y viejo liberalismo republicano.  Porque en el neoliberalismo, las esferas política, judicial y mediática están al servicio de la reproducción de los grandes intereses económicos concentrados. No son esferas autónomas: ni con la economía ni entre ellas. No pueden serlo. Y la corrupción es un mecanismo estructural para facilitar la acumulación y el despliegue del capital.

Carrió no cuestiona al neoliberalismo. Al contrario: lo asume y lo defiende. Pero intenta agregarle, sin éxito, componentes del viejo liberalismo político. Cree que algunos lineamientos básicos de ese liberalismo republicano pueden aplicarse desde el interior de un proyecto neoliberal de gobierno. Y fracasa.

En la historia reciente sobresale el intento fallido del FREPASO: su plan de moralización de la política neoliberal terminó en “el uso de la Banelco” por parte de integrantes del gobierno y en la posterior renuncia del vicepresidente de la nación.

No es posible moralizar el proyecto neoliberal. Pero, al mismo tiempo, este proyecto neoliberal necesita de una imagen moral, para contrastar con el kirchnerismo. Bien: Carrió, y su imposible plan, intentan dotar al macrismo de esa dimensión moral mientras este último despliega una práctica permanente en contra de ella.

Por eso, soportando todas las presiones, todos los planteos, Macri cuida su relación con la candidata a diputada: ella tiene lo que el macrismo por sí mismo no tiene; si se retira se lleva esa dimensión moral con ella, y deja al macrismo sin ese diferencial imprescindible para contrastar con el kirchnerismo.

Repetimos: no es posible moralizar el proyecto neoliberal.

Pero, mientras se pruebe la inviabilidad de su plan, Carrió dota al macrismo de una dimensión moral en contraste con el kirchnerismo estigmatizado por los medios hegemónicos. Y utiliza esa necesidad del macrismo para presionarlo. Sin esa dimensión moral no hay construcción comunicacional  antikirchnerista.

En la actualidad el macrismo lanzó una nueva ofensiva para instalar el terreno donde pretende que se desarrolle la campaña electoral: la oposición entre criminales, corruptos y narcotraficantes y nueva política, por un lado, o entre pasado y futuro, por el otro.

Para ello, necesitan crear escenarios plagados con personajes del hampa. Novelas policiales por entrega.

El macrismo cuenta con agitadores profesionales que le indican al aparato judicial el “fuera de la ley”: la candidata a diputada por la ciudad es el ejemplo más visible en la política, el periodista Jorge Lanata la expresión más relevante en el campo de los medios concentrados.

Carrió es la jefa de selección de recursos morales de la política argentina: autoriza o margina a los dirigentes de la esfera pública. Pero es la tensión con Carrió la que mantiene a Macri dentro del proyecto moralizador que ella encabeza.

El macrismo lidera el proyecto neoliberal y delega en Carrió la conducción de la política de moralización: como ambos no son compatibles, la tensión es el único modo de esa relación. Carrió es una pieza relevante en la administración comunicacional de la identidad macrista construida en contraste con el kirchnerismo.

Componentes radicales, de distintas fases históricas, dotan al antikirchnerismo de su imprescindible dimensión moral: Carrió en Cambiemos y Stolbizer en el Frente Renovador llevan a estas formaciones nuevas el viejo liberalismo republicano radical.

Lo dijimos: tanto Macri como, en menor medida Massa, necesitan de esa dimensión moral externa.

En cambio Vidal está desarrollando esa dimensión moral desde ella misma. No necesita que se la agreguen desde afuera.

Vidal: La construcción de una dimensión moral propia

Vidal reinventa – por contraste – la imagen de la mujer en política: es peleadora, valiente y firme pero con formas femeninas clásicas. Como se decía antes: con modales. No muestra el ejercicio del poder en los medios.  Su fórmula consiste en ejercer el poder sin ponerlo en escena. Por eso su ejercicio del poder debe ser relatado: Mirtha, por ejemplo, le pregunta si se enoja y ella dice que sí. Vidal relata el ejercicio del poder pero no lo muestra. Toma elementos de Cristina – pelea, firmeza, valores – y renuncia a otros – por ejemplo, la escenificación del ejercicio del poder.

Macri necesita de ese componente moral que no tiene para contrastar con el kirchnerismo. Carrió se lo da y lo presiona. Ahora la sumó a Ocaña. Son las organizadoras del contraste con el kirchnerismo “corrupto” y del “fuera de la ley”.

Lo vimos de nuevo con la intervención de dos mil efectivos de las fuerzas de seguridad en la villa 1 – 11 – 14 en el Bajo Flores. Se montó un escenario espectacularizado, con la presencia de Patricia Bulrich y Horacio Rodríguez Larreta, con más de cien allanamientos, para contribuir a la construcción del escenario de lucha contra las mafias.

Se ve allí la presencia activa de los dos componentes del entramado ideológico macrista: junto al neoliberalismo que se oculta, un liberalismo republicano que defiende al individuo de los poderes, las mafias, la corrupción y de todo lo que se sitúa en el “fuera de la ley”. De este modo, la comunicación macrista es el intento de construir un actor transversal que explica todas las crisis. Las mafias, como variable independiente, invisibiliza a las políticas neoliberales como la otra variable independiente. La disputa electoral es una discusión por quien coloca la variable independiente en la explicación de la crisis: si esa variable es el neoliberalismo o son las mafias.

 

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