Elecciones presidenciales en Colombia: entre la esperanza progresista y la regresión uribista

Por Fernando Collizzolli[1]

En un año de elecciones relevante en América Latina, el próximo domingo 27 de mayo se celebrará la primera vuelta de los comicios presidenciales colombianos, los cuales tendrán una incidencia importante en la región, en tanto Colombia constituye la cuarta economía, el tercer país más poblado y el mayor receptor de cooperación militar y económica de Estados Unidos en América Latina y el Caribe. Con las FARC desmovilizadas, además, estas elecciones comenzarán a definir quién será el sucesor de Juan Manuel Santos tras 8 años de permanencia en el Palacio de Nariño.

Dado que es improbable que alguno de los candidatos alcance la mitad más uno de los votos necesarios para imponerse en primera vuelta, las encuestas coinciden al señalar que habría balotaje el domingo 17 de junio entre Iván Duque –el candidato de Álvaro Uribe- y Gustavo Petro –el dirigente progresista que ha conseguido el respaldo de gran parte de los sectores de izquierda, del sindicalismo, y de las organizaciones campesinas e indigenistas de Colombia-.[i]

Si bien, de acuerdo con estos sondeos, Duque se presenta como el favorito para imponerse, el “fenómeno Petro” ha sorprendido a propios y extraños por la masividad con la que ha sido acompañado por el pueblo en las calles y plazas públicas de todo el país, y por las posibilidades que se le adjudican a pocos días de las elecciones presidenciales.

Un hecho novedoso, que da cuenta de las transformaciones que vive la sociedad colombiana, donde la progresiva consolidación de un escenario político común –que había sido obturado, entre otros factores, por el conflicto armado – viene favoreciendo que la disputa política ya no quede restringida solo a las variantes de los sectores dominantes. Lejos de encontrarse consolidadas, no obstante, estas transformaciones podrían quedar sujetas a importantes retrocesos con el triunfo del candidato uribista.

IVÁN DUQUE, EL CANDIDATO DEL URIBISMO

Desde que en diciembre de 2017, Álvaro Uribe proclamó a Iván Duque como su candidato para éstas elecciones presidenciales, este joven abogado bogotano no paró de crecer en las encuestas. Hijo de un ex gobernador de Antioquia, formado en universidades privadas y con posgrados en Estados Unidos, Duque hizo gran parte de su carrera en organismos internacionales -particularmente en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)-, hasta ser electo Senador en 2014 por el Centro Democrático. Allí se convirtió en el principal orador en temas económicos de la bancada uribista.

Su meteórico ascenso y posibilidades presidenciales quedaron plasmadas en la consulta interpartidista de la derecha llevada a cabo el pasado marzo y acordada por Uribe y Andrés Pastrana para determinar el candidato del sector, donde obtuvo más de 4 millones de votos, ganando holgadamente una primaria que solo unas semanas antes lo encontraba por debajo de Marta Lucía Ramírez, su ahora candidata a vicepresidenta.

Duque, quién se autodefine de centro, no forma parte de los sectores más reaccionarios del uribismo, lo que le permite ser competitivo de cara a la segunda vuelta, trascendiendo su núcleo de apoyo y alianzas que abreva en los sectores más conservadores de la sociedad colombiana.

Como señaló durante su visita a la Argentina en el mes de abril, donde participó de un encuentro de la Fundación Libertad y se entrevistó con Mauricio Macri, su programa de campaña se centra en 3 ejes: legalidad, “la defensa de las leyes para enfrentar la impunidad y la criminalidad”; emprendedurismo, “una economía con reglas claras, sin trámites innecesarios”; y equidad, “una agenda social en educación, salud, vivienda y cultura”.[ii]

Si bien ha expresado sus críticas a la supuesta impunidad y beneficios obtenidos por las FARC en el Acuerdo de Paz, se ha cuidado de no rechazar el acuerdo en su conjunto, buscando no dar lugar a la repetición de lo ocurrido en las elecciones presidenciales de 2014, cuando la conformación de un frente amplio por la paz de cara al balotaje, le permitió a Santos remontar el resultado adverso de la primera vuelta frente al candidato uribista de entonces (Oscar Iván Zuluaga) y reelegirse.

“Si gana Iván Duque, gobierna Uribe” ha señalado en distintas oportunidades Ángela María Robledo, la compañera de fórmula de Gustavo Petro.[iii] Con la experiencia de Santos en el retrovisor, quién llegó a la presidencia como el heredero de Uribe pero después se distanció, el futuro de la relación entre Duque y su mentor es una de las incógnitas en caso de triunfo de éste.

GUSTAVO PETRO, DE BOGOTÁ A LA COLOMBIA HUMANA

Los sectores populares tienen depositada en la figura de Gustavo Petro y en el programa de la Colombia Humana sus esperanzas de cara a estas elecciones presidenciales.

Ex guerrillero del M-19, Gustavo Petro adquirió notoriedad pública desde el Congreso colombiano como opositor a Uribe y responsable de destapar los vínculos entre la política y el paramilitarismo. En 2011 fue electo Alcalde de Bogotá, donde obtuvo logros en la reducción de la pobreza, la mortalidad infantil, y los índices de violencia, a pesar de la oposición y el accionar destituyente de buena parte de las elites colombianas.

Sus principales propuestas de campaña para estas elecciones se resumen en 5 puntos: educación pública superior gratuita y universal; desmercantilización del sistema de salud y pensiones; pasaje de una economía extractiva a un modelo económico productivo; reforma política para combatir la corrupción y fortalecer las garantías de participación; y autonomización del poder judicial respecto del poder político, para construir la paz.

Es decir, como señaló Sara Tufano en un artículo reciente “La Colombia Humana, lejos de ser un proyecto de extrema izquierda como lo han querido mostrar, es la continuación de lo que se pactó en La Habana: las deudas pendientes del Estado colombiano. El proyecto de Petro cumple hoy el papel modernizador que la élite de este país ya no puede ejercer, pues es una élite deslegitimada, sin discurso y con las manos vacías”.[iv]

Los casi 3 millones de votos obtenidos en la consulta de la izquierda del pasado marzo, permiten ser optimistas, con solo recordar que en las elecciones presidenciales de 2014, la fórmula de la izquierda compuesta por Clara López y Aida Avella no había llegado a los 2 millones de votos.

En el cierre de su campaña ante una colmada Plaza Bolívar de Bogotá, en un discurso cargado de referencias a López Pumarejo, Gaitán y Galán, Gustavo Petro señaló que “las clases dominantes, no han sido constructoras de nación en Colombia”, y convocó al pueblo colombiano a levantarse en dignidad. “Hemos vivido la esclavitud de la violencia, la esclavitud de la desigualdad…es el pueblo mismo el que tiene que partir las aguas de la historia” el próximo 27 de mayo.

Petro ha puesto, entonces, por primera vez en mucho tiempo al progresismo y las izquierdas colombianas en un lugar competitivo y con posibilidades de alcanzar el balotaje. Sin embargo, deberá superar para ello el abstencionismo característico de una sociedad que no participa mayoritariamente en elecciones, lo que suele incrementar el peso de las maquinarias electorales, y el miedo que ha intentado instalar la derecha entorno a su figura y la posibilidad de que “Colombia se convierta en otra Venezuela”.

LOS OTROS CANDIDATOS

Además, debe lidiar con cierto repunte de la candidatura de Sergio Fajardo -quien marchaba tercero en las encuestas-, a partir de los apoyos expresados a éste por un importante número de académicos, periodistas y personas de la cultura. Matemático de profesión, Fajardo ha construido su carrera política mostrándose como “independiente” respecto a los partidos tradicionales, y al margen del clivaje izquierda-derecha.

Desde su cargo, primero como Alcalde de Medellín y luego como Gobernador de Antioquia, terminó de delinear un perfil con llegada a los sectores medios, basado en una gestión moderna, dialoguista, pero no transformadora. Para esta elección, llegó a un acuerdo con el Partido Verde y el Polo Democrático Alternativo, intentando capitalizar el discurso anti corrupción del primero, y los votos de izquierda del segundo.

Finalmente, más rezagados pero todavía con algunas posibilidades, aparecen dos candidatos de sectores que hicieron parte de la Unidad Nacional, la amplia coalición de partidos que sostuvo los gobiernos de Santos: por un lado, Germán Vargas Lleras, dirigente de derecha y ex Vicepresidente, quien construyó poder territorial como responsable de las obras de infraestructura durante los gobiernos de Santos, y mantuvo una postura indefinida respecto a las negociaciones de Paz; y por otro, Humberto de la Calle, jefe del equipo negociador del gobierno en La Habana, que es el candidato del Partido Liberal y brega por la institucionalización de los acuerdos.

Así las cosas, entonces, tras 8 años de gobiernos de Juan Manuel Santos que supusieron la continuidad de las políticas neoliberales al mismo tiempo que un giro en el manejo del conflicto armado con consecuencias relevantes, Colombia se enfrenta a unas elecciones con final aun abierto, en la que la distancia entre los principales candidatos será relevante de cara a la segunda vuelta.

[1] Lic. en Ciencia Política y Maestrando en Estudios Sociales Latinoamericanos (UBA). Casilla de correo: fercollizzolli@hotmail.com

[i] https://www.publimetro.co/co/colombia/2018/05/18/resultados-de-la-ultima-encuesta-presidencial-del-18-de-mayo.html

[ii] https://www.lanacion.com.ar/2129841-ivan-duque-el-desafio-que-tenemos-los-colombianos-es-construir-una-paz-sostenible

[iii] https://www.elespectador.com/elecciones-2018/noticias/politica/si-gana-ivan-duque-gobierna-uribe-angela-maria-robledo-articulo-753280

[iv] http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/sara-tufano/un-bloque-historico-contra-el-uribismo-sara-tufano-202334

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