HORIZONTES N° 5. Una Nueva Constitución

NÚMERO 5. Una Nueva Constitución (Descargar desde aqui)

En este número especial de la revista Horizontes del Sur nos proponemos pensar las condiciones de posibilidad y las distintas dimensiones desde las cuales puede abordarse la necesidad y el aporte de una nueva Constitución Nacional. El medioambiente, la libertad de expresión, el orden político y democrático, la soberanía, las economías alternativas, el rol del Estado y el poder judicial son algunos de los ejes que guían estas contribuciones de especialistas y referentes sociales a una discusión que, consideramos, debe involucrar a amplios sectores de nuestra sociedad si queremos que sus alcances signifiquen una irreversible transformación.

 

Escriben 

 

Ricardo Aronskind – Eduardo Barcesat – Daniel Catalano y Emiliano Bisaro

Jorge Cholvis – Ariel Colombo – Marisa Duarte – María Laura Garrigós de Rébori

Mempo Giardinelli – Marcelo Koenig – Antolín Magallanes – Julio Maier

José Massoni – Cecilia Merchán – Leopoldo Moreau – Jorge Rachid

Daniel Rosso – Carlos Vilas – Raúl Zaffaroni

¿Son los que vivimos tiempos adecuados para abrir un debate sobre la necesidad de una nueva Constitución Nacional?

Queremos conversar con los amigos y compañeros, así como con todas las personas democráticas que puedan pensar en lo extemporáneo de la iniciativa, cuando la coyuntura está atravesada por una de las más graves situaciones sociales y políticas por las que ha pasado nuestro país. Enmarcada como está la actual crisis en la proximidad de una elección decisiva, hay quien piensa que una discusión como la que estas páginas proponen resulta extemporánea y perjudicial. ¿No produce esto una falsa división alrededor de un tema que no forma parte de la agenda de nuestras urgentes preocupaciones cotidianas? ¿No distrae fuerzas, no facilita las divisiones, no nos aparta de la tarea esencial? ¿Para qué hablar de una nueva Constitución si aun en la mejor de las hipótesis sobre el resultado electoral, parece una quimera pensar en las duras mayorías legislativas que se necesitan para declarar con fuerza legal la convocatoria a una Asamblea Constituyente? ¿No puede hacerse en el país lo que hace falta hacer después de la catástrofe generada por la gestión de Cambiemos sin necesidad de modificar la letra de la Constitución? ¿No hubo experiencias recientes en nuestra región que muestran que una Constitución popular-democrática y avanzada en materia de derechos humanos, sociales y políticos no alcanza para asegurar la sustentabilidad de un proceso transformador?

Lo cierto es que detrás de todos estos interrogantes suele campear una actitud defensiva.

Quienes hacemos esta revista pensamos, sin embargo, que el país vive tiempos constitucionales. Y que esos tiempos constitucionales no refieren solamente a la etapa que atravesamos dentro de nuestras fronteras, sino que concierne a la etapa que transita el mundo y las consecuencias y advertencias que entraña para la vida de los argentinos y argentinas. La experiencia que estamos haciendo no es solamente la de un mal gobierno (sin duda el peor desde la recuperación de la democracia). Eso es así, pero no se limita a eso nuestra situación. Estamos viviendo el tiempo de una nueva ofensiva imperial y de las grandes corporaciones económicas y financieras globales para consumar un nuevo orden neocolonial en el campo de influencia de Estados Unidos. Es una ofensiva para afrontar el desafío de una nueva balanza de fuerzas geopolíticas, en las que emergen potencias mundiales como China y Rusia y en las que se desarrolla una crisis general del modo de dominación neoliberal que recorre el mundo. Por más que hoy Nuestra América vive un momento de retroceso respecto del rumbo asumido por muchos de nuestros países a comienzos de este siglo, la región sigue formando parte de los espacios más dinámicos en la lucha por una democracia profunda, sostenida por cambios en las formas de propiedad, la distribución de los recursos, el valor del trabajo de hombres y mujeres, los derechos básicos del buen vivir humano y la defensa de nuestro hábitat terrestre. Y a ese rumbo se han sumado los pueblos de muchos países en todos los continentes, en la dirección de rechazar y resistir unos sistemas democráticos devenidos en máquinas de conservación de poderes oligárquicos y distribución de prebendas entre políticos sometidos a ese designio. Lo que ha dado en llamarse “crisis de las democracias liberales” es eso: la señal de agotamiento de un modo de dominación política. Un modo, claro está, que no surgió de la nada. Que es producto del triunfo a escala mundial de los sectores más concentrados del capital, con su fracción financiera global a la vanguardia.

Claro que no se nos escapa la importancia central de la campaña electoral. Claro que tampoco ignoramos que una nueva Constitución solamente es posible bajo el imperio de una nueva relación de fuerzas, políticas, culturales y parlamentarias. Pero quedarnos en esa evidencia dejaría otro aspecto en la oscuridad: la discusión constitucional forma parte de la lucha por ese cambio; abrir la discusión sobre el régimen político es la condición fundamental para que el triunfo electoral sea el punto de partida para una profunda y sólida recuperación nacional y no un momento del péndulo, del “empate” histórico que atraviesa nuestra historia entre el proyecto de valorización financiera y el del desarrollo justo, democrático e independiente. De otra manera, el horizonte de las transformaciones profundas se diluye frente a las tareas urgentes. Hoy es urgente ganar las elecciones. Después será urgente fortalecer la confianza del pueblo, hacer un buen gobierno, resistir los descontables intentos por llevarnos al fracaso… Pero hay que evitar que las urgencias sean el argumento para no avanzar en la transformación que necesita nuestro tejido institucional para darle sostén a un régimen de libertad, igualdad y justicia.

Claro que tampoco cambiar la letra de la Constitución es un reaseguro definitivo para el rumbo que nos proponemos. Y que incluso una parte del camino en esa dirección puede recorrerse sin cambios constitucionales. Pero otra vez: la cuestión es que en algún momento tenemos que proponernos abrir el debate sobre el orden político. Eso es lo que significa una nueva Constitución: un proyecto de poder democrático avanzado; un nuevo marco de valores y de normas que den estabilidad y previsibilidad a un rumbo orientado a avanzar hacia la plena inclusión social, a la afirmación de un proyecto de reindustrialización y de independencia del país en el contexto de la integración con los países de nuestra región y a la colaboración sobre la base del mutuo beneficio con todos los países del mundo que quieran hacerlo respetando nuestra dignidad nacional, defendiendo la paz en la región y en todo el mundo y trabajando para la defensa de las condiciones de habitabilidad humana en el planeta.

En este número de la revista participan un conjunto de juristas y constitucionalistas que forman parte del pensamiento más avanzado y reconocido en la materia. También hacen su aporte dirigentes sociales, intelectuales, políticos, hombres y mujeres que trabajan en el mundo de la cultura y la comunicación. Creemos en un debate constitucional que no se limite a los especialistas, porque una Constitución no es solamente un texto jurídico sino el fruto de una discusión política planteada desde el presente y proyectada hacia el futuro. Una discusión dentro de la coyuntura política y no un debate abstracto, una actividad que parte de los sufrimientos y de las luchas con las que distintos sectores de nuestro pueblo resisten la ofensiva oligárquica contra sus derechos. La nueva Constitución es, en suma, una creación del pueblo y sus organizaciones. La grave situación política, económica y social no es, por lo tanto y en nuestra opinión, un obstáculo que aconseje postergar esta discusión para tiempos más estables y promisorios. Por el contrario, estamos convencidos de que no se sale del atolladero del neoliberalismo y del neocolonialismo sin plantearnos seriamente la cuestión de las formas y el contenido del poder político capaz de abordar la tarea de reconstrucción nacional que nos espera.

Confiamos en que el contenido de este número pueda ser una contribución a un proceso de discusión en la sociedad argentina. En sus organizaciones sindicales, sociales y culturales. Es un proceso que ya lleva un tiempo de avances a través de una serie de iniciativas y de organizaciones ya existentes y en las cuales participamos muchos de los firmantes de las notas en esta revista. Lejos de superponerse o contraponerse a esa rica y prolongada acumulación, Horizontes del Sur quiere darle su aporte y su compromiso militante.

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