Juventud divino tesoro

Por Antolín Magallanes

Después de haber leído, debatido y visto programas de todo tipo y género por radio y TV, con la ansiedad que nos dejó esta última PASO, y con el aditamento novedoso para nuestra democracia de la manipulación electoral de datos “a piacere”, quisiera incluir humildemente otra línea de análisis.

Veo que hay muchas interpretaciones en la perspectiva de “clavarse puñales”, y ver todo lo mal que hicimos las cosas. Pero primeo quiero decir que en política, después de una elección, uno siempre ajusta, corrige, revé… Aunque hayamos ganado, no somos infalibles.

Segundo, creo en lo que hizo y sigue haciendo el kirchnerismo. Más allá de los dolores del  cierre de listas, y de las performances electorales, tengo la convicción y la seguridad de que este es un lugar importantísimo para desarrollar la política, emocionarse, pensarla y meter las patas en el barro. Para defender con energía, convicción e inteligencia lo que se viene.

Creo que jamás vimos una elección como está, al menos para mí fue novedosa. Nuestro Director, Edgardo Mocca, me refería a una anécdota de su niñez, cuando el peronismo proscripto en épocas de Frondizi fue autorizado a ir a elecciones en la Provincia de Buenos Aires. Framini-Angalda fue la fórmula que ganó. Y su padre se lo había dicho: ni los aparatos comunicacionales de la época, y todo lo construido para destrozar al peronismo y al tirano prófugo, alcanzaron para ganarle a una solitaria boleta en un cuarto oscuro.

Esta elección tuvo algo de eso. Cristina se fue por la puerta grande, la más grande por la que se haya ido un presidente vivo en la Argentina. La orden de la liga republicana por la justicia y la transparencia fue destruirla. Fue aplicar un bombardeo mediático judicial contra esa mujer que entendió, como no podía ser de otra manera, que su lugar estaba en la primera fila del combate. Y que se decidió a poner el cuerpo contra todo. Una mujer más que no quiso ser una menos.

Sola, simplemente sola, munida de un celular y las selfies de todos aquellos que se le acercaron… ¡Con un celular! Llevó adelante una epopeya que obligó a salir de sus poltronas a toda la plana política a medida que se acercaba la elección. A poner toda la carne al asador, porque esa mujer estaba de pie. No se respetaron vedas electorales, hubo cenas cadavéricas de cuidada hipocresía en la escena pública. Ver a Lanata y Mirtha produce el dolor de saber que uno de los más espectaculares fracasos de la democracia y la sociedad argentina es el que aun permanezca en la escena pública la señora Legrand, acompañada de ese otro joven viejo. Aún estamos rodeados de viejos vinagres, todo alrededor.

Pero tratemos de salir de la catarsis. Y pensemos un poco en las posibilidades, en el futuro. Es ahí adonde tengo esperanza. La de volver mejores.

Esta elección dejó en claro, aunque no hubo fuerzas simétricas en la compulsa nacional, que hay dos espacios políticos. La cosa se polariza; sobre un lado se edifica un sector social de clase media alta y alta, con algunas dósis de barriadas humildes. Un voto que quiere confiar y dar tiempo, un voto que compró una vez más el camino duro del sacrificio para salir de la crisis, donde aún hay una expectativa que claramente no está cumplida, y eso es un límite en su horizonte.

Del otro lado, y contra todos los males de este mundo, CFK tuvo otra cosecha. A mi gusto la más leal, la más genuina, la que va a servir en el tiempo. Es la que me gustaría que comprendan los campeones del querer ganar, que solo ven la política como votos entrando en una urna. Este otro voto, humilde y pobre, es un voto muy vinculado a quien no llega a fin de mes o vio amenazadas sus conquistas y derechos. No es solo un voto conurbano, sino que se repitió allí donde estas condiciones se daban.

Y hubo otra importantísima característica de este voto. Fue un voto joven que fue cruzando a varios sectores sociales. Los jóvenes se identifican con las propuestas del kirchnerismo. Aún en la Ciudad de Buenos Aires, donde las fuerzas conservadoras logran una importante victoria, el segmento más débil  de sus votos son los jóvenes, que eligen a propuesta “K”.

Esta fue la construcción política realizada durante doce años. Se gobernó para los que menos tienen y para los jóvenes, que muchas veces son los que padecen esa situación, porque son los que menos tienen también en muchos aspectos. Un voto así es un voto cargado de futuro. No es un voto que especula, es un voto que cree y tiene proyección. Todos esos grupos que se sumaron a la política con el kirchnerismo hoy están haciendo sus procesos de digestión de lo pasado, están asimilando una experiencia. Pero con convicción a la hora de votar, y eso es sumamente esperanzador de cara al futuro.

Esos jóvenes fueron hacia atrás, fueron a buscar lo que muchos viejos vinagres les birlaron: su historia. Fueron en el tiempo solidarios con otros jóvenes que no pudieron ser, a los que no dejaron envejecer y madurar, que hicieron desaparecer. La juventud, durante el kirchnerismo, resignificó y fue hiato de lo que la dictadura vino a romper en el tejido social. El dolor de los setenta fue joven, fue la angustia de un mundo que cambiaba y fue mandado a exterminar. Sobre esas cosas viejas, sobre lo pasado y poco moderno para algunos, se volvió a “arar el porvenir con viejos bueyes”. Los jóvenes fueron por esa retórica vieja, fuera de moda, por Yrigoyen, por Perón, por Evita, por el Che, por los trabajadores, los movimientos sociales, las madres, las abuelas. Fueron por Néstor y Cristina. La memoria de lo que se intentó exterminar se sigue manifestando y vuelve a aparecer. Y todos sabemos el poder en Sudamérica de esa amalgama, sabemos la talla de militantes que allí se forjan.

Lo inquietante hoy es este contexto donde también se paró en la cancha un compendio de descendientes de aquellos años setenta, pero de lo más reaccionario, de aquellos primeros “chetos” que iban a los programas de Neustadt y eran alabados como ejemplo de juventud, y que son los dirigentes oficialistas de hoy.

Todo un sector de nuestra sociedad se encarama en carteles, selfies, videos, programas de televisión, mostrándose jóvenes, diciendo serlo, teniendo actitudes “rebeldes”, siendo descontracturados. Gente que vive de su apariencia, de sus camisas celestes al cuerpo, de su exhibida actitud saludable, de las soledades de sus cuerpos, que solo temen envejecer, pero sin sabiduría, y sin lograr ser mayores nunca, y por eso ya han dejado de ser jóvenes. Gente que envejece sin madurar, porque no madura quien quiere perpetuar algo que dejo de ser, es una forma de seguir ocupando el lugar del que viene atrás, de desaparecer lo que es realmente joven. Gente que busca desde los años noventa perpetuar la juventud sin envejecer. Gente que dedica horas a esas faenas, que potencia el lifting, y aparece joven pero no lo es.

Y es ahí donde los jóvenes verdaderos huelen, intuyen y saben quiénes son los farsantes. El público más conservador, el grupo etario mayor, entiende y votó a esos representantes, porque también hay una gran mayoría que va por esa fuente de juventud trucha, que requiere dósis permanentes de viajes a Miami, dólares y figuras vacías de contenido que no traigan quilombos. Van por los que les liberen la calle, les “saquen a los negros” y por fin pongan orden.

Esta elección fue altamente simbólica. Nos expresó una dirigencia que manipulando datos electorales escenificó su fiesta fría de bailes y festejos. Nos mostró en escena a esos jóvenes viejos que se resisten a envejecer, que temen al paso del tiempo.  Y nos mostró una falsa idea de lo nuevo y del cambio que los votantes jóvenes mayoritariamente detectan y desprecian.

Se abre paso una nueva confrontación entre el pasado y la juventud. Esto pasó en nuestra historia muchas veces, y es también un síntoma de la elección. Hoy hay un joven que sufre una desaparición forzada. Otra vez un pendejo, lindo, de clase media, “jipón”, que se hizo a la ruta y quiso que el mundo fuera distinto, es desaparecido.

El sábado, Marcelo Figueras, en una espeluznante nota en la contratapa de Página/12, dice que la Argentina es “Saturnina”, la república de Saturno a quien conocimos devorándose a sus hijos en el famoso cuadro de Goya. Y dice más: “Lo certifiqué cuando de adolescente, vi que los adultos pedían a gritos la muerte de los jóvenes a quienes por razones ideológicas consideraban peligrosos1.

La reacción quiere poner fin al relato, y eso es imposible. Este vuelve. Porque desde nuestras pequeñas y humildes tribunas, ¿que eran 678, Víctor Hugo Morales en Continental o las radios públicas comparadas con este bombardeo nuclear mediático? Establecíamos lugares de abastecimiento y reflexión que ellos pensaron se acabarían. Pero no, a estos estadios le siguieron las plazas, las charlas, los encuentros, la construcción con los movimientos sociales y el movimiento obrero, y ahora, para que el horror se los coma, Cristina con un celular.

El relato sigue por otras múltiples formas y es mucho más que eso. Es importante hacer una reflexión sobre todo lo que se hace para seguir a adelante, para construir nuestra epopeya.

Las elecciones son momentos para legitimar las políticas de gobierno, es cierto, pero también son momentos para incubar futuros. Recordemos algunos otros. La Alianza gana elecciones y al poco tiempo debe dejar el poder. Néstor Kirchner, pierde, por un pelito la Provincia de Buenos Aires, reconoce inmediatamente el triunfo y comienza a escribir las páginas más gloriosas del kirchnerismo. La política está siempre y eso es lo que no hay que abandonar.

A esto arribamos, porque nuestro núcleo duro de votos también es fiel, humilde, desocupado, trabajador, digno y joven. ¿No les parece suficientemente fresco y vivo como para seguir construyendo con esperanza? ¿No les parece que en las urnas ocultas solo descansan papeles escondidos para que no se sepa lo que ya está en marcha?

Para cerrar después de esta reflexión, sería bueno saber, ¿dónde está Santiago Maldonado, no?

 

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  1. https://www.pagina12.com.ar/58984-pais-saturno.
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