La Argentina y la Alianza del Pacífico: El regreso del mito del libre comercio

Por Damián Paikin *

El autor analiza la política de inserción internacional de Mauricio Macri, a la que caracteriza como un regreso a las viejas ideas de endeudamiento externo y firma de tratados de libre comercio. En este conjunto de políticas, se concentra en el análisis del declarado interés del gobierno en acercarse a la Alianza del Pacífico. El autor fundamenta que dicho interés no reside en la voluntad de incrementar el comercio con los países miembro del Tratado, sino como medio para acercarse a la zona Asia-Pacífico. No obstante, dicho acercamiento significaría para la Argentina incrementar su déficit comercial y primarizar su economía.

Argentina por medio de su Presidente, Mauricio Macri, ofreció este miércoles su concurso para impulsar el posconflicto colombiano. El Mandatario se reunió con su homólogo colombiano, Juan Manuel Santos.
Foto: Presidencia de Colombia.

El nuevo Gobierno argentino busca en materia de inserción internacional repetir algunas viejas ideas que a fuerza de reiterarse se han vuelto dogma para los sectores liberales argentinos. La primera y principal es la necesidad de “volver a ser parte del mundo”, lugar de donde aparentemente la Argentina había despegado para depositarse en otro planeta del sistema solar durante los últimos años. Sin importar que las exportaciones hayan llegado a records históricos en la última década [1], que se haya tenido una importante participación en los distintos foros internacionales (G-20, ONU), que se haya avanzado como nunca en la historia en la integración latinoamericana, para dichos sectores, el país le dio la espalda al mundo principalmente por elegir un camino disruptivo al de los mercados internacionales que, por cierto, no significó una dificultad central para una década que estuvo signada por el crecimiento de la economía más allá de vaivenes puntuales.

La respuesta a este aislamiento ficticio entonces consiste principalmente, en materia del mercado financiero internacional, acordar con los fondos buitres y volver a un esquema de endeudamiento y, en el caso del comercio de bienes, desempolvar otra vieja idea y construir lo más pronto posible un camino que lleve a la firma de acuerdos de libre comercio, con el objetivo declarado de aumentar el flujo de inversiones y posicionar los productos argentinos en el mundo.


«El nuevo Gobierno argentino busca en materia de inserción internacional repetir algunas viejas ideas que a fuerza de repetirse se han vuelto dogma para los sectores liberales argentinos.»

Ciertamente, el eje fijado en relación a la inserción internacional por parte del nuevo gobierno no es errado, en virtud de la brutal dependencia de la economía argentina del ingreso de divisas. La fuga de capitales sumada a una balanza comercial entre equilibrada y deficitaria fue un gran talón de Aquiles para el modelo kirchnerista especialmente entre 2011 y 2015, volviendo a poner en el centro de la escena a la idea de la restricción externa como uno de los principales condicionantes del desarrollo.

Ahora bien, frente a este diagnóstico compartido, el gobierno de Mauricio Macri plantea dos ideas centrales. Una que no significa nada nuevo, que es avanzar con un dificultoso y trabado acuerdo MERCOSUR – UE, donde las restricciones europeas en el mercado agrícola a partir de la denominada política agrícola común (PAC) y las definiciones sobre indicaciones geográficas y otras barreras parancelarias generan dificultades estructurales para su concreción. Y un segundo eje, más novedoso y por tanto interesante de discutir: el del acercamiento de la Argentina a la Alianza del Pacífico (en principio en acuerdo con el resto del MERCOSUR), para desde allí acercarse al mundo del Asía – Pacífico.

En este punto, vale la pena aclarar que la política de la Alianza del Pacífico es contundente respecto a la forma preferida de inserción internacional: apertura económica, especialización y utilización del comercio internacional como proveedor de divisas, así como regulador de los precios internos de la economía, sumado a condiciones amigables con la inversión extranjera, entendiéndola como el motor principal del desarrollo.

Con esta impronta, desde su conformación en 2011 se reavivaron los pedidos de búsqueda de convergencia con el MERCOSUR, encontrando eco, especialmente, en aquellos sectores que presionan por un MERCOSUR con mayor flexibilidad negociadora y apertura a la firma de TLC con terceros países o grupos de países.


«Suponiendo que existen posibilidades legales de incorporarse a la Alianza del Pacífico sin abandonar el MERCOSUR, lo que se lograría sin dudas flexibilizando el bloque y convirtiéndolo en una ficción de unidad, queda aún en pie la pregunta de cuál sería el beneficio concreto de dicha acción.»

Ahora bien, el lema expresado tanto por Macri como por la Canciller Malcorra de integrar a Argentina a la Alianza del Pacífico desde el MERCOSUR [2] implica claramente la implosión del MERCOSUR tal cual lo conocemos (particularmente en relación a su voluntad de debatir acuerdos de libre comercio en conjunto), en pos de nuevas asociaciones que se suponen más atractivas. Surgen allí entonces varias preguntas: ¿Existen números concretos que justifiquen este pensamiento positivo en términos comerciales? ¿Qué sectores serían los beneficiados y cuáles los damnificados? ¿Cuánto de mito existe en la idea del libre comercio como motor del desarrollo y cuánto de verdad?

En un marco que se plantea el acercamiento a la Alianza del Pacífico en un contexto de constitución del Acuerdo Transpacífico entre las grandes potencias de la región, la respuesta a estos interrogantes es central, dado que los pasos hacia dichos mega-acuerdos determinarán por décadas las potencialidades concretas del desarrollo nacional.

El acercamiento a la Alianza del Pacífico

Suponiendo que existen posibilidades legales de incorporarse a la Alianza del Pacífico sin abandonar el MERCOSUR, lo que se lograría sin dudas flexibilizando el bloque y convirtiéndolo en una ficción de unidad, queda aún en pie la pregunta de cuál sería el beneficio concreto de dicha acción y en qué se proyecta el atractivo que esta asociación comercial implicaría para la Argentina.

En principio, desde sus documentos fundacionales la Alianza del Pacífico destaca su carácter flexible y su voluntad de generar espacios para el desarrollo del libre comercio hacia sus socios, por un lado, y hacia el resto del mundo, por el otro, en tanto instrumento central del modelo de desarrollo de las naciones. En este sentido, refieren incluso al concepto de “regionalismo abierto”, entendiendo a los vínculos regionales como un escalón hacía una liberalización plena del comercio internacional.

Es justamente esta definición la que encuentra su contraposición con MERCOSUR, dado que si no hubiera voluntad por parte del nuevo gobierno de acercar su mirada a estos potenciales acuerdos de libre comercio, de poco valdría entonces acercarse a la Alianza del Pacífico que es, en toda su dimensión, exactamente eso.

Consecuentemente, resulta imperioso dividir las potencialidades que tendría un posible acercamiento entre Argentina y la Alianza en dos ejes: por un lado, las relaciones comerciales con los socios; por el otro, las potenciales oportunidades de un acercamiento conjunto a nuevos mercados.

Las relaciones comerciales de Argentina con los socios de la Alianza para el Pacífico

En torno a las relaciones comerciales con los miembros de la Alianza para el Pacífico, un acercamiento formal al mismo no traería, en principio, grandes cambios, lo que marca la idea de que acercarse a dicho acuerdo es meramente un paso para acercarse a Asia. Tres instrumentos vigentes regulan las relaciones comerciales entre Argentina –y, en verdad, el conjunto del MERCOSUR ya que así fueron firmados, aunque detalla condiciones diferenciadas para cada acuerdo bilateral– y los países sudamericanos de la Alianza; ya que México es un caso con ciertas diferencias.


«No hay argumentos sólidos que encuentren en un acercamiento en la Alianza del Pacífico una salida sustentable para el comercio exterior argentino en lo que respecta a una mayor liberalización del comercio con los socios»

Las relaciones con Perú se encuentran reguladas por el ACE N° 58, firmado en el año 2005. Este acuerdo plantea la culminación de la desgravación total del comercio entre ambas economías para el año 2018, aunque ya los plazos de llegada al arancel 0 para la mayoría de los productos fue alcanzado. Lo propio ocurre con el ACE N° 59, firmado con la República de Colombia en el año 2006, quedando algunos productos aún en proceso de liberalización. Finalmente, con Chile se cuenta con un acuerdo de liberalización comercial desde al año 1996 (ACE N° 35), en pleno funcionamiento. De esta forma, en su gran mayoría y más allá de las salvaguardias y planteos de excepcionalidades siempre existentes, el comercio de bienes de Argentina con los socios sudamericanos de la Alianza del Pacífico se encuentra completamente liberalizado y sus efectos ya han sido procesados por nuestras economías.

De las tres economías, con Chile se realiza el comercio más importante, siendo el cuarto destino de las exportaciones argentinas en 2014, luego de Brasil, China y los Estados Unidos. Perú se coloca como 17° destino de las exportaciones de bienes de Argentina (representando el 1,6% del total) y Colombia en el 24° puesto (1,2% del total).

Por su parte, con México aún se encuentra vigente el acuerdo automotriz ACE N° 55 de liberalización comercial, pese a numerosas marchas y contramarchas que paralizaron el mismo entre los años 2012 y 2015. Actualmente, el acuerdo da lugar a un cupo de comercio con arancel 0 para, recién en 2019, volver a la expectativa de una liberalización sin restricciones [3].

De los cuatro miembros de la Alianza del Pacífico, Argentina actualmente solamente tiene déficit comercial, justamente, con México.

En virtud de lo analizado, en principio no hay argumentos sólidos que encuentren en un acercamiento en la Alianza del Pacífico una salida sustentable para el comercio exterior argentino en lo que respecta a una mayor liberalización del comercio con los socios.

Argentina y el área Asia – Pacífico: Déficit y primarización

En relación a los países asiáticos, la Alianza del Pacífico preferentemente ha elegido como contraparte al Foro de Cooperación Económica de la Región, conocido como APEC por su sigla en inglés, y dentro del cual los mandatarios del bloque han tenido numerosos encuentros. La APEC contiene en su interior a las dos principales economías del mundo (Estados Unidos y China), además de otras 19 naciones de las más variadas orientaciones políticas y económicas que van desde Vietnam a Brunei. Frente a esta complejidad, los países de la Alianza del Pacífico han incursionado en la firma de Acuerdos de Libre Comercio bilaterales con varios de estos Estados y la constitución de misiones comerciales comunes.

En este marco, entonces, el primer dato a considerar para evaluar el acercamiento argentino a esta región es la evolución de la balanza comercial, teniendo en cuenta la necesidad imperiosa de aumentar el ingreso de dólares comerciales a la Argentina ante un proceso de restricción externa.


«Forzar un aumento del déficit comercial, sumado a un proceso de fuertísima primarización de las exportaciones y a una posible destrucción de amplios sectores industriales frente a un proceso de apertura forzado por un acuerdo de libre comercio, no parece ser una opción viable»

Pero lo que se observa es un fuerte deterioro de la balanza comercial en los últimos cinco años, pasando de un superávit de casi 500 millones de dólares en el año 2010, a un déficit creciente de 6981 millones de dólares en 2015, impulsado principalmente por la caída de los valores de los commodities que exporta la Argentina, pero también por una fuerte alza de las importaciones, particularmente de China (de 7678 millones de dólares en 2010 a 11783 en 2015).

En materia de valor agregado, el comercio más regresivo se da con China, con un 64% de las exportaciones concentradas en el año 2014 en porotos de soja; mientras las importaciones se dan mayormente en telefonía y productos electrónicos. Similar es el intercambio con el ASEAN, aunque aquí se trata de aceite de soja (y no de porotos), sosteniendo en nuestro país un paso más en la cadena de industrialización de la soja. Por caso, con Malasia, el 58 % de las exportaciones fue, en 2014, de pellets y aceite de soja y el 31 % de maíz [4].

Por su parte, con Estados Unidos, gran parte del comercio se encuentra vinculado al intercambio de combustibles, exportando la Argentina combustibles crudos e importando productos refinados. Sin embargo, por fuera de esto se pueden encontrar otros espacios de comercio, siendo importante la exportación de tubos de aluminio y otros metales, los vinos y los jugos de fruta, además de otras transacciones que muestran un comercio más diversificado en el marco de economías relativamente competitivas.

La mirada comparativa. Un intento de aproximarse al futuro desde las experiencias existentes

Ahora bien, todos los datos mencionados que indican una dificultad al menos en términos de intercambios con saldos positivos con el área del Pacífico están marcados en un contexto donde la Argentina no ha suscripto acuerdos de libre comercio. Cabe entonces preguntarse si estos intercambios serían diferentes en un nuevo contexto de voluntad librecambista. Para ello se plantea un ejercicio comparativo con las economías chilenas y colombianas, admitiendo sus diferencias, pero entendiendo que de este análisis se pueden arribar a algunas conclusiones valiosas.

Desde esta mirada lo primero que se puede observar es el recorrido similar de los mercados externos de los tres países [5], con un fuerte derrumbe de las exportaciones durante el año 2015, así como de las importaciones, aunque en menor medida, lo que llevó a la Argentina a entrar en déficit de su balanza comercial por primera vez en los últimos cinco años y amplió fuertemente el déficit de la balanza colombiana. Solamente Chile, con pequeño margen, pudo mantener su superávit aunque en el marco general de descenso de las exportaciones. Este punto es interesante para notar que con acuerdos de libre comercio o sin ellos, las tendencias de la economía global afectan en forma similar las economías de los países sudamericanos.

En relación particular al análisis del vínculo con el Pacífico, entre Chile y Colombia se evidencia una importante diferencia en términos de flujos comerciales. Más allá del volumen del vínculo (77 mil millones de dólares de comercio bilateral entre APEC y Chile, en 2015, contra cerca de 50 mil millones en el caso colombiano [6]), para el caso del país trasandino este vínculo es superavitario en más de 7 mil millones; mientras que para los cafetaleros el déficit asciende a más de 17 mil millones.

Claramente, la caída del precio del petróleo, principal producto de exportación colombiano, explica fuertemente el desarrollo de esta balanza, que de todas formas presentaba un comportamiento deficitario en años anteriores. Chile, por su parte, sin contar con una canasta de productos más heterogénea, se ha visto menos afectado en relación al precio de su principal producto, el cobre, y ha logrado mantener una balanza superavitaria con China (3.313 millones de dólares en 2015) que compensa el déficit con EEUU (2448 millones de dólares).

Otro dato importante de diferenciación es la trayectoria que Chile ha desplegado hacía el área Asia-Pacífico, siendo desde comienzo de los años 2000, el principal destino de sus exportaciones. Tal como plantea Fernández de Soto y Pineda Hoyos [7] Japón, China y Corea se ubicaron desde comienzos de la década del 2000 entre los principales destinos, para concentrar en 2015 más del 40% del total de lo transado. Colombia, por su parte, en el año 2000 encontraba a China en el puesto 36 entre sus socios comerciales al concentrar apenas el 0,2% de sus exportaciones. En 2015, este país se ubica como el segundo destino de su comercio, detrás de los Estados Unidos, tanto en lo que se refiere a exportaciones como a importaciones [8].

Los mitos también mienten

En este contexto, la expectativa argentina frente a un ingreso a la Alianza del Pacífico parece tener que ubicarse más cerca de la realidad colombiana que la chilena, por más que esta última sea la que se usa de ejemplo por el dinamismo de su sector externo que explica cerca del 70% de su Producto Bruto Interno (PBI). En lo inmediato, la lejanía argentina de los mercados asiáticos, por fuera del eje sojero chino, encuentra un vínculo con el proceso de inserción colombiano en la región, recién despuntando en los últimos años y relativamente alejado de los espacios institucionales de gobernanza comercial del Pacífico. Es decir que, si bien a largo plazo la vinculación más estrecha con dicha zona puede plantear mejoras en la balanza comercial, lo esperable en el corto y mediano plazo es un aumento sostenido del déficit en términos de flujos, especialmente en la medida en que los precios de los commodities no repunten; y más aún en términos de calidad del comercio, dado que para todos los países de la región, incluso para Chile, el intercambio es principalmente el modelo clásico de manufacturas por materias primas.


«…lo esperable en el corto y mediano plazo es un aumento sostenido del déficit en términos de flujos, especialmente en la medida en que los precios de los commodities no repunten; y más aún en términos de calidad del comercio, dado que para todos los países de la región, incluso para Chile, el intercambio es principalmente el modelo clásico de manufacturas por materias primas.»

Negar a Asia-Pacífico es posiblemente un intento infructuoso, incluso erróneo. Pero ver allí la resolución inmediata de los problemas argentinos de la balanza comercial es poner en la idea del libre comercio una valoración alejada de cualquier precaución mínima en torno al desarrollo y equilibrios de los distintos sectores de la economía nacional.

Forzar un aumento del déficit comercial, sumado a un proceso de fortísima primarización de las exportaciones y a una posible destrucción de amplios sectores industriales, frente a un proceso de apertura forzado por un acuerdo de libre comercio, no parece ser una opción viable.


«Negar a Asia-Pacífico es posiblemente un intento infructuoso, incluso erróneo. Pero ver allí la resolución inmediata de los problemas argentinos de la balanza comercial es poner en la idea del libre comercio una valoración alejada de cualquier precaución mínima en torno al desarrollo…»

Es aquí entonces donde valdría la pena, como plantea la canciller Malcorra, “desideologizar” la política exterior [9]. La idea del “libre comercio” sin más como motor del desarrollo no sólo no se ha probado en la historia, sino que su aplicación pura y dura puede llevar a la pobreza a importantes sectores de nuestra población. En particular, como se vio, el mito del comercio asiático no ha mejorado en nada la situación colombiana, cuya balanza hoy se encuentra tan deficitaria como la Argentina. Se podrá decir que son estructuras económicas diferentes, sin dudas, pero el punto de interés es que aquella solución mágica planteada en su comercio asiático no existió. Repetir el mito, como vemos, no lo vuelve real.

*Doctor en Ciencias Sociales y profesor universitario.

Notas al pie:

[1] Las exportaciones llegaron en 2011 a 84 mil millones de U$S, siendo en términos monetarios el mayor valor de la historia (Fuente Comtrade).

[2] http://www.minutouno.com/notas/1465217-la-integracion-argentina-la-alianza-del-pacifico-debe-darse-el-mercosur

[3] http://www.telam.com.ar/notas/201503/98232-argentina-mexico-autos-acuerdo.html

[4] Fuente: Base de datos Comtrade de Naciones Unidas – Estadísticas de comercio internacional.

[5] Se toma Chile y Colombia por considerar dos economías diferentes dentro del esquema Pacífico. Agregar Perú no cambiaría en el análisis mucho (ya que lo que se observa son cuestiones comparativas entre economías) y complejizaría el análisis.

[6] Fuente: Servicio Nacional de Aduanas de Chile y Dirección Administrativa Nacional de Estadísticas de Colombia.

[7] Fernández de Soto, Guillermo, y Pineda Hoyos, Saúl. (2012). El Pacífico. La inserción atrasada. La relación de Colombia con el Asia-Pacífico en el contexto de América Latina. Bogotá: Consejo Colombiano de Relaciones Internacionales.

[8] Fuente: Atlas de complejidad económica del Massachusetts Institute of Technology (MIT) Disponible en http://atlas.media.mit.edu/es/profile/country/col/

[9] http://www.diariobae.com/article/details/61236/malcorra-destaco-la-necesidad-de-un-acuerdo-entre-el-mercosur-y-la-alianza-del-pacifico.

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