La tarea de la Hora

Por Antolín Magallanes

Deje perder la gloria de un destino grande. Tome la calle angosta y le cante a la Luna. Y la gente del barrio se detuvo a escuchar” Homero Manzi.

         La tarea de la  hora es la construcción de un gran frente anti-neoliberal. Esto que puede sonar solo a consigna, empieza a tener carnadura en distintas expresiones de nuestro pueblo. Los trabajadores se movilizan y reclaman, ensayan distintas formas de juntarse, expresan novedosas formas de protesta (basta observar lo que vienen haciendo los “metrodelegados”, café y periódico de por medio con los usuarios en medio de un plan de lucha, para asociarlos, sumarlos, interpretando que el problema lo sufren usuarios y trabajadores). También se han expresado  en importante dimensión, en diciembre y el 21 de febrero pasado, donde un amplio espectro fue movilizado. Allí se empieza a zurcir y bordar algo, difícil y complejo, pero se zurce y se borda. Allí hay una dimensión social, de una gran diversidad, que se junta y expresa claramente, ese es el sustrato a alimentar y mantener. El mundo universitario, el mundo docente en todos sus planos, aglutinan fuertes protestas contra este modelo económico, nadie quiere volver hacia atrás, nadie allí quiere renunciar a sus derechos. Los movimientos sociales, a través de la CTEP, también establecen nuevas formas de luchas. Los pueblos originarios y sus banderas. Las luchas de distintas multisectoriales contra el “Tarifazo”, han sido y serán grandes ejes convocantes.

 Sin dudas el movimiento feminista, ha demostrado una gran capacidad, no solo de movilización (recordar el 8M, la inmediata marcha a realizarse por el “Ni una Menos” y en estos días la lucha por el aborto) sino de transversalidad, de convocatoria, de capacidades de acuerdos concretos que permitan avances. Algo importantemente práctico y necesario, muy lejos de los pavoneos eternos de nuestras masculinidades.

  Allí hay algo impresionante y novedoso, que atraviesa transversalmente a todos los actores movilizados  anteriormente descriptos. Hay un aporte de aire fresco, que da nuevas formas y posibilidades a las  luchas populares. Observamos que estás grandes convocatorias, tiene un claro componente anti-neoliberal, muy claro y muy manifiesto.

  Todo esto se ve asentado sobre una actitud refractaria de nuestro pueblo a las políticas del FMI, como una base, un soporte, una argamasa que se sostiene e impregna a toda la sociedad, que a pesar de sus tribulaciones y desvíos no deja de perder ese horizonte igualitario, que tan oportunistamente utilizan parte de nuestros sectores medios cuando están en peligro.

  Más allá de las lecturas críticas, que siempre deben hacerse, hay que pensar en unir un gran componente social, que traiga en su vientre las nuevas posibilidades no solo la derrota del modelo neoliberal, sino también la discusión de una nueva constitución, la plena vigencia de todos los reclamos de los trabajadores, los estudiantes y el feminismo, los tarifazos y los pueblos originarios. Hay una nueva dimensión en la calle, en las aulas, en los talleres y sobretodo en las mesas familiares. Un nuevo sujeto popular que se ha expresado y busca definiciones.

   Claro que también están los partidos políticos, por lo general atravesados por todos estos movimientos, en reelaboración constante por lo que este momento provoca. Ellos son actores importantes en este momento, porque de todo esto tal vez surjan nuevos liderazgos, nuevas representaciones, y para eso hay que abrirse, escuchar, entender y sumar.

  Por eso en este momento, es preciso no anteponer liderazgos, es preciso generar un gran consenso, en la movilización sobre lo que no se quiere, y empezar a desplegar en cada sector los nuevos escenarios por los que ir, entendiendo que es imposible solos, que el discurso neoliberal individualiza y el nuestro establece la dimensión de la asociación, de la agremiación y de toda acción que nos haga seres en comunidad.

   Intentemos promover desde está diversidad, una forma organizativa en la que se reconozca a todos los sujetos constituyentes del anti-neoliberalismo, permitiendo que sus identidades sean visibles, en nuestro país y en nuestra región Sudamericana. La fluidez  de los cambios a la que estamos sometidos, requiere  de esa aceptación, de esa unidad en lo diverso, para constituir un carácter unitario de todo un frente cuya definición, lo articule y  confronte con el neoliberalismo.

  Está articulación, si bien política, deviene cultural, deviene de la convocatoria a una  transformación que aleje definitivamente los valores que encarna un régimen que nos quiere sumisos, temerosos y naturalizando su accionar con la complicidad de jueces y medios de comunicación.

  Ante esa situación la dinámica debe ser la construcción de un gran sentido de pertenencia  a los distintos colectivos, que más allá de sus diferencias pueden intuir un destino o al menos parte de un camino común a transitar, en el cual poder ir modelando nuevos puntos de encuentro. Es una construcción, social, cultural, sindical, de distintas minorías y grupos sociales, una gran construcción política que debe empezar a mirarse a juntarse y reconocerse en un solo destino.

   Las encuestas que exhiben los diarios de la oposición, dicen que el 74% de los encuestados están en contra de las políticas del FMI, por lo tanto es posible (al menos) reflexionar en las cercanías del 25 de mayo sobre estos temas y recuperar ese espíritu fresco y patriótico que supimos exhibir como sociedad, en los no muy lejanos festejos del Bicentenario. La patria está allí entre todos y todas las que se mueven en ese magma que parece gestarse, entendiendo la necesidad primera, que es derrotar al neoliberalismo. Después vendrán otros desafíos y así seguiremos caminando, y tal vez como a Homero Manzi, desde una calle se nos aparecerá un denominador común.

 

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