La unidad como antídoto contra todos los males que hay aquí

Por Antolín Magallanes *

El autor analiza el avance de conocidas políticas neoliberales bajo el gobierno de Mauricio Macri. Y bajo este nuevo escenario plantea la necesidad de reconstruir una nueva mayoría popular en defensa de las conquistas sociales, dejando a un lado mezquindades personales en pos de un proyecto político nacional y popular.

La situación actual muestra un panorama complejo. A la luz de los hechos sería necio negar que hay un reflujo en las políticas de la región y el mundo. El sentido que tuvieron los últimos doce años ya no corre del lado de los protagonistas más vinculados a lo que se denominó el populismo o los gobiernos progresistas en la región.

Para casi todos los países la alternancia dentro de la institucionalidad democrática fue la norma que ha prefigurado los cambios de rumbo a la vista. Inclusive para la “baja calidad” democrática que le hizo perder el gobierno a Dilma en un Brasil que deshonra cualquier tradición institucional.

Todos los gobiernos de la región que durante más de una década supieron imprimir una dirección de independencia y conveniencia para sus países, fueron bombardeados sin pausa y sistemáticamente por un conglomerado de asociaciones periodístico judiciales, portadoras de intereses poderosos. Esto habla de cierta capacidad de asociación efectiva que ha tenido el gran capital transnacional en la región para entender por dónde se podía construir una alternativa inteligente, que derivara en respaldo institucional y social.

Esa alianza que hoy se ciñe sobre la región es un proceso que requiere de mucha práctica de laboratorio pero también de política. Ningún proceso emergente del neoliberalismo está librado al azar de la metodología; todos tienen una firme raíz política e ideológica. Y es siempre allí donde se da la disputa por el poder.

Nuestro país tiene hoy un gobierno que no pensaba ganar y una oposición que no pensaba perder, ya lo dijimos en un artículo anterior. El macrismo pretendía seguir con un ascenso lógico, poniendo y ocupando a sus funcionarios en nuevos lugares progresivamente, buscando la forma de forzar el rumbo de un gobierno que fuera continuidad del de Cristina (el de Daniel Scioli), socavándolo con un mismo plan de enjuiciamiento mediático como le ha sucedido al gobierno de Dilma en Brasil y obligándolo a tomar medidas económicas que lo fueran desgastando.


«Ningún proceso emergente del neoliberalismo está librado al azar de la metodología; todos tienen una firme raíz política e ideológica. Y es siempre allí donde se da la disputa por el poder.»

Pensemos entonces que la ofensiva en la que estaba embarcada la derecha era degradar y evitar la finalización del mandato de Cristina antes de las elecciones, cosa que no lograron. Nunca reconocieron que todo ese empeño era puesto para que el escarmiento fuera definitivo y final, por eso el desconcierto fue con ella y su despedida, tanto así como con sus reapariciones.

Pensemos que la luna de miel que vivió el macrismo en la Ciudad de Buenos Aires y que le permitió su proyección nacional, fue construida de ese modo. Su acceso, después de la tragedia de Cromañón, se debió a un golpe institucional contra su anterior Jefe de Gobierno que descreyó de la robustez de la política a la hora del armado legislativo, militante y social. Pero una vez en funciones se vio favorecido —vaya la paradoja— por el gobierno kirchnerista.

La Ciudad de Buenos Aires no sufrió ningún cimbronazo económico durante estos doce años. Su crecimiento fue ascendente en lo económico y a pesar de eso también creció su deuda externa, que era inexistente antes de Macri. Los ingresos brutos y los beneficios de la década ganada hicieron de Buenos Aires un lugar mucho mejor; el éxito del macrismo en la ciudad, en gran parte, se dio gracias al éxito del kirchnerismo en el gobierno nacional.

Así llega Macri, con un plan que no sólo propone adecuaciones económicas sino un viraje fundamental hacia economías de mercado, abiertas al libre comercio, la vuelta a un Estado mínimo y al desempleo. Así como a un recorte importante de los derechos sociales adquiridos.

Es decir que hoy tenemos un país en una frenética transición hacia otro impredecible que nos pone en un lugar de destrucción de lo logrado. Salvo que ante ello se pueda oponer una vigorosa fuerza social que lo enfrente.

Hoy no encontramos el correlato del discurso edulcorado que en la campaña nos prometía que nada de lo bueno sería cambiado. Por el contrario, vemos cómo cae el consumo, cierran negocios y el desempleo roza los dos dígitos. Todo esto bajo la idea de liberar las fuerzas productivas que conjuntamente con el aumento de la inversión generarían el crecimiento.

Sin embargo, la inversión no llega, la obra pública no arranca y el “tarifazo” es una amenaza que se acomoda sobre una inflación persistente. Paradójicamente la Ciudad de Buenos Aires es cada vez más sombría, está más llena de acechanzas, caos, protestas callejeras y ejércitos de gente durmiendo en sus calles, donde sus noches son frías y despobladas, a la vez que se hacen rimbombantes anuncios de obras públicas.

La Argentina ya ha vivido esta acción pendular, que en su viaje hacia el otro lado, ha dejado un tendal de situaciones lamentables porque nunca pudimos, después de esos cambios de timón, volver a recuperar la suerte de miles de compatriotas que quedaron en la indigencia y de un país extraviado internacionalmente.

Por eso toma cada vez mayor dimensión la convocatoria de la que hablara Cristina frente a los tribunales de Comodoro Py, el Frente Ciudadano o la construcción de una nueva mayoría, lanzada en la Facultad de Filosofía y Letras, como verdaderos antídotos contra los males que hay aquí.

Construir nuevas mayorías es un desafío que debe sobrevolar aparatos políticos, salirse de los egoísmos personales y las internas chicas, pues es hora de entender que no se disputan espacios de renta política sino los destinos de nuestro pueblo. Esta propuesta conlleva en sí la ambición y el riesgo de la construcción desde el llano, en un sentido maduro y de total entrega para restituirle a la política su sentido más esencial, que es el de señalar los destinos de la patria.


«La Argentina ya ha vivido esta acción pendular, que en su viaje hacia el otro lado ha dejado un tendal de situaciones lamentables, porque nunca pudimos después de esos cambios de timón volver a recuperar la suerte de miles de compatriotas que quedaron en la indigencia, y de un país extraviado internacionalmente.»

Entendemos que hay momentos que deben ser valorados de manera importante cuando se trata de construir, y estos deben ser pensados siempre desde lo colectivo. Hay estrategias que bien pueden emanar de un partido, organismos de derechos humanos, revistas, centrales obreras u otros más amplios como es la multisectorial contra el “Tarifazo”. Precisamente allí la sociedad se sumó al despliegue territorial, junto a otras fuerzas y sectores, para sostener una única bandera de lucha. Esto permitió volver a las calles con una protesta que se hizo sentir en dos memorables jornadas, que bien sirvieron de antecedente al fallo de la Corte Suprema de Justicia. Este fue un jalón muy importante, ya que empezó a evidenciar una de las primeras grietas que se le están produciendo al gobierno.

Pero sería injusto hacer una lectura incompleta de esta situación sino leyéramos una amplia trama que se viene tejiendo durante estos nueve meses y que comenzó con las marchas de los gremios estatales contra los despidos; el acto masivo de Comodoro Py, demostrando la vigente presencia de Cristina; las dos CGT más la CTA convocando a un acto de protesta masivo frente a la Facultad de Ingeniería; la impresionante marcha de la comunidad educativa; la movilización de los trabajadores de las economías populares que se movilizaron el día de San Cayetano. Y tal vez citar aquí a modo de homenaje, la importante reflexión acerca de la conducción de la conflictividad social, que se puso en consideración en el sepelio de Raymundo Ongaro. Todo eso alimentado sobre los rescoldos de un fuego valiente que fueron las plazas del pueblo, a lo largo y ancho de todo el país, que calentaron motores en un momento en que la derrota se hacía carne y parálisis en muchos y muchas.

Un párrafo aparte merece el “¡Pará la mano Macri!” lanzado desde la autoridad de una luchadora como Hebe de Bonafini que nos puso en la dimensión exacta de marcar los tremendos atropellos que se vienen sucediendo; por ejemplo, en el laboratorio del disciplinamiento social en que se ha transformado la provincia de Jujuy, utilizando a Milagro Sala como muestra de esa política y amenazando por doquier a Cristina. Ese grito lanzado por Hebe tuvo respaldo y protección popular y puso un orden de prioridades a ser atendido.

Es decir, muchos grupos representativos de sectores no siempre cercanos coincidieron en ser una oposición activa a un modelo político económico amenazante de las conquistas obtenidas.

Y esto es muy importante ya que va en la línea del mentado Frente Ciudadano. Porque salir a sumar desde el llano, además de ser una tarea exigente, debe saber interpretarse a la hora de articular con espacios plurales e inorgánicos de la política que salen a expresar sus descontentos, ya que allí estarán presentes propios y ajenos, incluyendo algunos votantes recientes del actual gobierno.


«Un párrafo aparte merece el “¡Pará la mano Macri!” lanzado desde la autoridad de una luchadora como Hebe de Bonafini, que nos puso en la dimensión exacta de marcar los tremendos atropellos que se vienen sucediendo.»

Es imprescindible entender esto, pues es para lo que nos preparamos. No estamos solos, estamos con otros junto a los que todos los días construimos escenarios cotidianos, los intercambiamos, nos comprometemos y los llevamos adelante.

La tarea de la hora nos impone un gran acto de responsabilidad, el de aportar a la construcción de una nueva mayoría donde debemos interpelar a la sociedad, establecer un fecundo diálogo de reconstrucción del campo popular, siendo siempre prenda de unidad para el regreso de un proyecto que involucre a nuestro pueblo.

En estos casi nueve meses hemos visto cómo se le ha mentido al pueblo, se le pedía que no temiera en campaña electoral, pero la realidad es que estamos viviendo un gobierno que se desdice de todo lo prometido. Estamos a las puertas de un Estado que ha dejado de recaudar y ha hecho enormes transferencias hacia los grupos más concentrados, léase el campo y las mineras, además de tener una actitud muy poco activa para que los números cierren con la gente adentro, como nos gusta decir.

Es destacable que aun hoy y en estas condiciones hay niveles de ocupación importantes que aminoran la carga del problema y que muchos argentinos aún tienen “colchones y colchoncitos”, de acuerdo a su capacidad de atesoramiento, que les permiten atravesar esta adversidad. Léase en estas acciones de acumulación económica, las marcas de la pesada herencia.

Es cierto que el tira y afloje de las tarifas ha debilitado y mostrado un desconcierto gubernamental, ante lo cual su único recurso sigue siendo la campaña mediático judicial contra el kirchnerismo, cada vez más incisiva con Cristina. También buscando simpatizar utiliza otras herramientas de consenso, como lo son el ensuciar permanentemente a sus adversarios, generando un clima enrarecido que ha permitido balear locales partidarios o poner bombas en otros, meterse en casas de periodistas y seguir manteniendo presa y estigmatizando a Milagro Sala.

Pero lo que realmente sigue molestando es que Cristina se despidió de una plaza llena de gente, de amor y admiración, en una noche donde de alguna manera creyeron cumplir con su voluntad destituyente, al hacerla dejar la presidencia unas horas antes. Saben además que Cristina, en estos momentos donde tanto abundan las internas de reconstrucción renovadora en el justicialismo, es la principal dirigente opositora a este gobierno. Y saben que no fue nunca derrotada en las urnas.

Es mentira esta república de buenos modales, sin contemplar a más de la mitad del país. Por eso aquellos que se juntan a renovar estructuras deberán pensar que el agradar al establishment, apartando al kirchnerismo, los deja débiles y a merced de las fuerzas conservadoras. Deberían observar el derrotero del radicalismo para ver dónde pueden terminar y al servicio de quién.

Al gobierno y sus socios de la “sociedad civil”, el juego destituyente que jugaron con Cristina hoy se les vuelve en contra, nadie quiere destituir al gobierno, él solo construye en función de una estrategia que cree como el ladrón que todos son de su condición.

Por eso, lo primero que debemos ver es el camino trazado desde que comenzó el año y sentir un gran orgullo de estar participando políticamente de una gesta que seguramente es difícil, pero nos tiene como un eslabón más tratando de unir y llevar adelante la construcción de una nueva mayoría.


«Es mentira está república de buenos modales, pero sin contemplar más de la mitad del país. Por eso aquellos que se juntan a renovar estructuras, deberán pensar que el agradar al establishment apartando al kirchnerismo, los deja débiles y a merced de las fuerzas conservadoras.»

Nuestra tarea, es esa muchas veces invisible acción del cara a cara en el territorio, la de ir hilvanando la red que contiene y estimula, la que tiende la mano para la reflexión conjunta, “el zurcir, coser y bordar” en la trama de la organización popular.

Nuestra sociedad es impetuosa a la hora de defender sus derechos, una larga y macerada tradición igualitaria subyace aunque a veces no la podamos ver; tramas urdidas en la educación pública, los sindicatos, el paso del peronismo, tradiciones libertarias y la lucha por los derechos humanos han dejado marcas en la memoria argentina, que gozan de buena salud, cuando vemos cómo se activan ante los “estímulos” de este gobierno.

Es imperioso confiar en nuestro pueblo y en sus capacidades, pues una vez más será nuestro recurso principal. Debemos ser conscientes de que nuestro rol es central, que el proyecto nacional y popular que queremos puede realizarse si nosotros tenemos la determinación de ser sus protagonistas como ha ocurrido durante los últimos doce años. Por eso aportemos hoy nuestra capacidad de proponer la unidad en las luchas del pueblo, sin arrogancias y con vocación de mayorías.

Construir la unidad de un gran frente ciudadano es creer en las capacidades del pueblo, en los distintos jalonamientos que superen en calidad y cantidad los pasos descriptos anteriormente, y en ese espacio debe exhibirse la Marcha Federal, como un importante lugar a observar, preservar y ampliar. Allí hay un reservorio de memorias, luchas y entendimientos básicos, que nos ponen de cara a interpretar esta realidad desde el aquí y ahora, sin melancolías paralizantes de los doce años pasados, sin fáciles comparaciones con los años noventa, y con un alto compromiso de construcción a futuro.


«Debemos ser conscientes de que nuestro rol es central, que el proyecto nacional y popular que queremos puede realizarse si nosotros tenemos la determinación de ser sus protagonistas como ha ocurrido durante los últimos doce años.»

Tal vez los próximos pasos deparen la unidad de la CTA, ya hay entendimientos más amplios por parte de la CGT que se plasman en el acercamiento con la CTEP, tal vez la construcción de un acto masivo entre todas estas organizaciones vaya prefigurando un paro nacional, que bien puede marcar la cancha antes de fin de año.

Cuanto más seamos factor de unidad, tanto más otros y otras compañeras se reconocerán en nosotros y en nuestra política.

Quienes están seguros de sus razones y tienen bien plantadas sus raíces no tienen miedo de abrirse, de encontrarse con los otros, de unir historias, culturas, fuerzas y organizaciones en su empeño por construir un país mejor.

*Licenciado en Trabajo Social (UBA) y militante. La problemática urbana como practica y tema es su especialidad.

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