LENIN DE AMÉRICA: la dimensión regional de un triunfo clave en Ecuador

Por Fernando Collizzolli

El triunfo de Alianza País en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales ecuatorianas del pasado domingo, es una victoria importante de las mayorías populares de aquel país, cuyos ecos resuenan aun en todo el continente.
Más allá del estrecho margen con el que el binomio oficialista conformado por Lenin Moreno y Jorge Glas logró imponerse, expresando un patrón algo recurrente de las últimas contiendas electorales que en una dirección u otra tuvieron lugar en la región , esta victoria se presenta en toda su dimensión cuando se la analiza en función del pasado inmediato ecuatoriano, las características del adversario, la importancia geopolítica actual de Ecuador, y su significación en el contexto regional y global en el que se alcanzó.
DE LA TORMENTA PERFECTA A LA SEGUNDA VUELTA ELECTORAL
Tras una década de crecimiento económico, estabilidad institucional, y reducción de la pobreza y la desigualdad, Ecuador acudió a las urnas para elegir al sucesor de Rafael Correa, intentando recuperarse de la “tormenta perfecta” que significó para aquel país, la combinación de la caída del precio internacional del barril de combustible, la apreciación del dólar, y las consecuencias devastadoras del terremoto sufrido en abril de 2016 .
Luego de la primera vuelta electoral de febrero, en la que el binomio de ex vicepresidentes de Correa arañó el triunfo definitivo, el escenario del balotaje quedó definido de forma precisa en una contienda entre representantes de proyectos antagónicos de país: de un lado, Lenin Moreno como garantía de continuidad de gestión, aunque moderada y discursivamente menos “confrontativa”; y del otro, Guillermo Lasso, como el candidato de la elite económica ecuatoriana capaz de recuperar el control perdido del aparato estatal.
Banquero neoliberal, de fuertes vínculos con la derecha trasnacional, Lasso hizo hincapié en el rechazo al intervencionismo estatal en la economía y el supuesto déficit democrático de la Revolución Ciudadana, para promover una agenda de cambio que incluía, desde la reducción de impuestos hasta la derogación de la Ley de Comunicación.
Así las cosas, un triunfo de Lasso, no solo hubiera puesto fin a una década de gobiernos de la Revolución Ciudadana en Ecuador, sino que hubiera significado también un cambio rotundo en la dirección política del país, con consecuencias trascendentes para la geopolítica regional: recordemos que Ecuador es, además de sede de la UNASUR, el único país de la costa sudamericana del Pacífico que no tiene Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos, ni forma parte de la Alianza del Pacífico, y que expulsó a las fuerzas estadounidenses después de haber desalojado la base de Manta en 2009.
NO HAY FIN DE CICLO
Ese cambio finalmente no sucedió, y el triunfo de Alianza País llega en un momento clave, en relación con el contexto regional. Luego de tres lustros de primacía de fuerzas políticas de signo popular en el escenario latinoamericano, el bienio 2015-2016 dio cuenta de una modificación en la correlación de fuerzas a nivel regional. Entre resonantes triunfos electorales (Argentina, Venezuela, Bolivia, Perú) y efectivos golpes institucionales (Brasil) , la ofensiva de los sectores conservadores habilitó la aparición de distintos análisis que dieron cuenta de esta reconfiguración, como un supuesto “fin de ciclo” de los procesos de cambio popular iniciados en 1999 con la asunción de Hugo Chávez en Venezuela.
A pesar de que parten de un cumulo de elementos insoslayables, estos análisis no solo naturalizan el proceso político, arrebatan el protagonismo a los sujetos colectivos, e impiden la reflexión trascendiendo el ejercicio de la administración del Estado, sino que además, invisibilizan la (ardua) continuidad de parte de los gobiernos populares de la región, subestiman la vitalidad de las fuerzas populares allí donde se encuentran ahora en la oposición, y limitan la comprensión de importantes triunfos como el de Lenin Moreno en Ecuador.
En definitiva, como hemos señalado anteriormente , al basarse en una idea de “ciclo” que no se lleva del todo bien con los procesos políticos, estos análisis confunden más de lo que aportan. América Latina no atraviesa el desenlace de ninguna etapa, sino las idas y venidas propias de los procesos políticos transformadores con final abierto, que al decir de Álvaro García Linera, se desarrollan al compás de las oleadas .
¿QUÉ HAY A LA DERECHA?
Algunos análisis, incluso, intentaron ubicar aquel avance de las fuerzas conservadoras en nuestra región, en el marco del supuesto “giro a la derecha” que tendría lugar en Europa y Estados Unidos.
En ese sentido, si bien este avance reciente de las derechas en nuestra región es contemporáneo y comparte dinámicas con el que tiene lugar en los países del capitalismo central, la contraofensiva del bloque dominante en estas latitudes tiene que ver antes, y sobretodo, con las oleadas, con las vueltas y revueltas de los procesos de cambio popular del siglo XXI en América Latina, que con el avance de las ultraderechas en los países del norte occidental.
Por mucho que Mauricio Macri, Michel Temer, o Pedro Pablo Kuczynski, se esfuercen por mostrarse cercanos a Donald Trump desde su asunción, a través de llamados telefónicos o entrevistas personales, entre aquellos y éste parece darse más bien una alianza en última instancia, que una comunión de visiones e intereses compartidos.
En Argentina, Brasil o Venezuela, por poner solo algunos ejemplos, las coaliciones conservadoras siguen encontrando en la oposición a los liderazgos y a las fuerzas políticas de los procesos de cambio popular, uno de los principales factores de unidad. El proceso electoral ecuatoriano confirma esta dirección, en la que el apoyo y/o la oposición a las transformaciones ejercidas por aquellos procesos de cambio popular, es un elemento ordenador del debate público y generador de alianzas en nuestra región, no el único, por supuesto, pero sí uno muy importante.

DIFICULTADES CUANDO LA CRISIS Y LA INCERTIDUMBRE SON LO QUE PRIMAN
América Latina, por supuesto, no está ajena a las desventuras de un mundo en el que la crisis y la incertidumbre son lo que priman.
Fue precisamente, en el marco del traslado de la crisis económica a los países periféricos, a través de la caída del precio de las commodities y la desaceleración del crecimiento de China, y de la ofensiva de Estados Unidos para recuperar su rol de conductor de la economía regional, a partir de la promoción de acuerdos multilaterales de comercio, que las derechas latinoamericanas lograron articular la aparición de nuevas demandas de los sectores medios y populares para promover una agenda de cambios “neo conservadora”.
Hoy, cuando frente al estancamiento económico, el deterioro de las condiciones de vida y la inercia desapasionada del sistema político, toman impulso un rebrote neofascista en la vieja Europa y un neoliberalismo desenmascarado y prepotente como el que simboliza Donald Trump en los Estados Unidos , las dificultades para sumar adhesiones mayoritarias se tornan evidentes para todos los gobiernos latinoamericanos, más allá de su signo político.
La idea de “cambio” como base del discurso de todos los candidatos presidenciales en Ecuador, tanto del oficialista como de los opositores, expresa más que un final de época, las limitaciones para acumular políticamente en un contexto de dificultades económicas crecientes en la región y el mundo.
CONTINUIDAD CON CAMBIO
Tras conocerse los resultados oficiales el pasado domingo, Lenin Moreno señaló que “la Revolución sigue, pero viene un cambio de estilo”, poniendo en palabras lo que fue la exitosa estrategia electoral con la que, en este contexto, Alianza País logró asegurar la continuidad de la Revolución Ciudadana y sortear la difícil sucesión del liderazgo de Rafael Correa. Para ello, como señaló Ramírez Gallego, fue clave el rol del propio Correa, quién se cargó en sus hombros la confrontación directa con Lasso y el desgaste de una década de gobierno, mientras Lenin Moreno se presentó como la otra cara de la Revolución Ciudadana .
Así las cosas, la promesa de cambio radical chocó con las expectativas de un sector mayoritario de la población, que expresó su deseo de dar continuidad (mejorada) a los pilares que permitieron una década de crecimiento para Ecuador: ampliación de derechos, fortalecimiento del mercado interno, transformación del rol del Estado, posición soberana en el sistema internacional, etc. El presidente electo deberá tenerlo en cuenta, y contará con mayoría absoluta en la Asamblea Nacional para avanzar en esa dirección.
En un contexto nacional, regional y global que lejos está de ser el más favorable, Alianza País logró imponerse, demostrando que no hay “fin de ciclo” ni “giro a la derecha” generalizado, y que los procesos de cambio popular del Siglo XXI siguen estructurando la agenda y las alianzas políticas en nuestra región.

 

Importantes procesos electorales se definieron por escaso margen en los últimos años en la región: * elecciones presidenciales venezolanas de 2013, el GPP chavista se impuso a la MUD por 1,49% de los votos; * elecciones presidenciales brasileñas 2014, el PT se impuso al PSDB por 3,24% de los votos; * elecciones presidenciales argentinas 2015, Cambiemos se impuso al FPV por 2,6% de los votos; * referéndum constitucional boliviano 2016, el NO a la reforma se impuso por el 2,6% de los votos.
ii  Ver Puga, Valeria (2016): “De Correa al 2017: claves para entender el preludio electoral en Ecuador”, en Revista Política Latinoamericana N° 2. Disponible en: http://politicalatinoamericana.org/revista/index.php/RPL/article/view/31/17
iii  La referencia es a las elecciones presidenciales de Argentina en 2015 y Perú en 2016, las legislativas de Venezuela en 2015, y el referéndum de Bolivia en 2016. Además, de la destitución de Dilma Rousseff en Brasil en 2016, a través del proceso de “impeachment”.
iv  Ver Montero, F y Collizzolli, F (2016): “Las nuevas condiciones políticas en América Latina: los procesos de cambio ante un punto de inflexión”, en Revista Política Latinoamericana N° 2. Disponible en: http://politicalatinoamericana.org/revista/index.php/RPL/article/view/40
v  Ver entrevista a Álvaro García Linera, en Página 12. Disponible en: https://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-307967-2016-08-28.html
vi  De cara al balotaje en Ecuador, cinco de los seis candidatos presidenciables perdedores en la primera vuelta optaron por respaldar a Lasso. Más que las virtudes del banquero, la oposición a Correa era el único elemento de unidad entre todas las fuerzas políticas.
vii  Ver nota de opinión de Jorge Alemán. Disponible en: http://blogs.publico.es/dominiopublico/19346/los-disparates-de-trump-y-la-verdad/
viii  Ver artículo de Franklin Ramírez Gallego. Disponible en: https://www.nytimes.com/es/2017/04/01/ecuador-elecciones-guillermo-lasso-lenin-moreno-rafael-correa/
LinkedInFacebookTwitterEmailFlipboardGoogle+

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *