Recaída en el neoliberalismo: el shock distributivo

Por Ricardo Aronskind *

El economista analiza las distintas variables del modelo económico del macrismo, que generó un brusco cambio distributivo a favor del sector agropecuario exportador, la minería y el gran empresariado a costa del ingreso de los sectores populares y que ha desembocado en un proceso recesivo de difícil pronóstico.

Una de las características principales de la economía kirchnerista fue haber establecido un conjunto de transferencias entre el Estado y los diversos sectores económico-sociales que garantizaron un piso significativo de consumo masivo. Las políticas orientadas a fortalecer el mercado interno sostuvieron y se alimentaron del consumo popular que dinamizaba al conjunto de la industria y el comercio.

El objetivo inicial del macrismo fue generar un brusco cambio distributivo a favor del sector agropecuario exportador, de la minería y del gran empresariado en general, a costa del ingreso de los asalariados y sectores populares.

El argumento utilizado por el nuevo gobierno fue que el sistema de transferencias establecido por el kirchnerismo era insostenible y que por lo tanto no quedaba otra alternativa que proceder a dinamitarlo. La excusa “técnica” de la insostenibilidad enmascara la discrepancia de fondo con el esquema redistributivo precedente. Por supuesto que diversos aspectos de la política kirchnerista debían ser revisados, calibrados y modificados, pero lo que la derecha neoliberal no acepta es un esquema claramente más inclusivo, con poder sindical y autonomía estatal, opuesto a lo que se puso en marcha a partir del 10 de diciembre de 2015.


«El argumento utilizado por el nuevo gobierno fue que el sistema de transferencias establecido por el kirchnerismo era insostenible y que por lo tanto no quedaba otra alternativa que proceder a dinamitarlo. La excusa “técnica” de la insostenibilidad enmascara la discrepancia de fondo con el esquema redistributivo precedente.»

Lo que se ha hecho en los meses recientes –proceso que sigue en curso- es modificar drásticamente los precios relativos de la economía para incrementar la tasa de beneficio de diversas fracciones empresariales, a costa de los ingresos del 70% de la población. No son dos hechos “separados” como sugiere una parte del sindicalismo argentino, sino dos caras de la misma moneda. No es correcto decir: “les dieron a todos menos a nosotros”. La verdad es: “les dieron a ellos lo que nos sacaron a nosotros”.

Entre las múltiples redistribuciones regresivas producidas por el gobierno figura la “salida del cepo”, o sea, la autorización a la fuga de capitales lícitos o ilícitos sin controles públicos, y el pago a los fondos buitres en las condiciones deseadas por éstos, sin ningún tipo de intento de forzar una negociación en defensa del patrimonio nacional.

La recesión: características de lo que se viene

Los datos de un cuadro crecientemente recesivo se multiplican a lo largo de las semanas. No es magia. Es el subproducto del shock redistributivo, que en términos macroeconómicos resulta en un ataque violento al mercado interno vía licuación del poder adquisitivo del salario, los insólitos incrementos tarifarios, los despidos públicos y privados, las paritarias presionadas a negociar a la baja, el ingreso creciente de productos importados a precio de remate, las quiebras inducidas de pequeñas empresas, la contracción o congelamiento del gasto público y la grave elevación de la tasa de interés.


«Lo que se ha hecho en los meses recientes es modificar drásticamente los precios relativos de la economía para incrementar la tasa de beneficio de diversas fracciones empresariales, a costa de los ingresos del 70% de la población. No son dos hechos ʻseparadosʼ como sugiere una parte del sindicalismo argentino, sino dos caras de la misma moneda. No es correcto decir: ʻles dieron a todos menos a nosotrosʼ. La verdad es: ʻles dieron a ellos lo que nos sacaron a nosotrosʼ.»

Es fundamental entender que el proceso recesivo que ha puesto en marcha voluntariamente el gobierno tiende a tomar una dinámica de difícil pronóstico. El Gobierno no ha cesado de “bombardear” con medidas el mercado interno, pero ya el impulso comienza a autoalimentarse y a poseer una inercia muy fuerte. Esto se debe a que mientras van impactando las medidas oficiales, la contracción del consumo y la caída de la inversión privada se alimentan mutuamente, creando un horizonte oscuro para la producción y el empleo, además de las expectativas negativas que generan en el corto plazo.

Los paliativos “sociales” que se anuncian son ínfimos: el objetivo publicitario es contraponer gestos “populares” a la imagen que se va formando de que “gobiernan para los ricos”. Las medidas compensatorias son pequeñas en relación al deterioro acelerado del ingreso de la mayoría de la población.

Es previsible que presenciemos en los próximos meses los efectos de la acumulación de impactos parciales, secuenciados, de la política económica macrista. La contracción económica está ganando velocidad y profundidad. Los sectores de ingresos bajos están sintiendo en toda su intensidad el golpe distributivo y los efectos se notarán crecientemente en los sectores medios.

Las falsas disyuntivas que plantea el discurso económico del gobierno

“Empleo o salario” pareció proponer el ministro de Hacienda y Finanzas Públicas, Prat Gay, en relación al resultado de las negociaciones paritarias. Si el sindicalismo pedía demasiado, se achicarían los puestos de trabajo. Si se comportaba moderadamente, los puestos se mantendrían. Pero el llamado “comportamiento moderado” implica, dado el shock inflacionario promovido por el gobierno, aceptar caída reales en el salario de más del 10%. Si finalmente el sindicalismo optara por la “moderación”, la caída del salario real implicaría una contracción en el consumo, la demanda interna y el nivel de actividad que golpearían fundamentalmente a las pequeñas y medianas empresas, que son las que más puestos de trabajo generan.


«Es previsible que presenciemos en los próximos meses los efectos de la acumulación de impactos parciales, secuenciados, de la política económica macrista. La contracción económica está ganando velocidad y profundidad. Los sectores de ingresos bajos están sintiendo en toda su intensidad el golpe distributivo y los efectos se notarán crecientemente en los sectores medios.»

Para decirlo en otros términos: en las condiciones macroeconómicas establecidas por el gobierno –redistribución regresiva con recesión- ni los empleos, ni los salarios estarán a salvo. Sólo cambiará la secuencia en cuanto a qué variable se contraerá primero.

También han trascendido ciertos análisis que plantean la disyuntiva entre “ajuste moderado o mega-ajuste”. Según esta teoría, primaría en el gobierno el sector “blando” o “político”, pero el balance interno se podría desplazar hacia los partidarios del mega-ajuste. En realidad, lo que está ocurriendo en Argentina es el mayor ajuste posible en relación a lo socialmente tolerable. Por supuesto que para los neoliberales más extremistas, que confunden ecuaciones en un pizarrón con la realidad, se podría pensar en un mega-ajuste. Ocurre que el paso de una situación social como la que existía en noviembre de 2015 a las tasas brutales de desempleo y miseria como las implícitas en la opción “dura” se encontraría con un amplísimo rechazo social que dinamitaría la base de sustentación política del gobierno.

La inflación

El gobierno vaticina que la grave inflación (combinada con recesión) morigerará su velocidad en el segundo semestre del año. En principio, no es cierto que una contracción económica garantice frenar la inflación: hay ejemplos de sobra en la Argentina reciente sobre la continuidad inflacionaria (1990, 2002) incluso en contextos de extrema caída de la actividad económica.

Por otra parte, el mito neoliberal de que la inflación se debe a la expansión monetaria se derrumba ante el complejo mecanismo de formación de precios local: las empresas locales fijan sus precios tomando en cuenta sus costos, pero también el valor del dólar, los movimientos salariales, las expectativas –siempre exacerbadas-, los rumores y las precauciones “por las dudas”…


«En las condiciones macroeconómicas establecidas por el gobierno –redistribución regresiva con recesión- ni los empleos, ni los salarios estarán a salvo. Sólo cambiará la secuencia en cuanto a qué variable se contraerá primero.»

Quizás una política subyacente del gobierno sea buscar una tasa de desempleo de dos dígitos –recuperando la “experiencia” de sus antecesores de la década del 90: con 18% de desempleo se acabó la presión salarial- lo que reflejaría una estrategia de lucha contra la inflación basada en un diagnóstico de que está causada por la puja distributiva capital-trabajo. No cabe duda que eso es más efectivo que el gastado monetarismo. El gobierno tiene absoluta claridad sobre quién debería perder en tal puja.

El dólar

Otro tema irresuelto en el actual esquema económico es la interrelación entre dólar y precios. Distintas fracciones empresarias discrepan fuertemente sobre el valor que debería tener la moneda extranjera. ¿Cuál es el tipo de cambio adecuado? La inflación, los aumentos violentos de tarifas y las remarcaciones generalizadas van eliminando la ganancia provocada por la devaluación para sectores medios o pequeños del “campo”. Ya se les concedió la eliminación de retenciones. Sólo queda eliminar las de la soja, lo que implicaría un serio boquete en el presupuesto público. El esperado ingreso de capital financiero en los próximos meses podría contribuir a estabilizar el valor del dólar en un nivel no deseado por los exportadores, ni tampoco por la industria mercado internista, que podría presenciar un crecimiento exponencial de los importaciones. Claro, algunos pueden pensar que cuando el dólar esté suficientemente “barato” habrá una mudanza masiva de fondos de las jugosas LEBAC al billete verde para rematar un feliz período de especulación financiera, haciendo saltar el tipo de cambio. Pero una segunda vuelta devaluatoria relanzaría la inflación, el conflicto distributivo y los reclamos sindicales, además de desgastar al Gobierno. De todas formas, es claro que se carece de una estrategia para obtener competitividad internacional genuina y se reposa en las formas más primitivas, como la destrucción del salario real, pensado exclusivamente como un costo.

La restricción electoral

El Gobierno no puede tener éxito en las elecciones de 2017 si continúa el panorama económico-social que va a haber en la Argentina en octubre de 2016. Entre los paliativos que imaginan los estrategas gubernamentales aparecen la obra pública y la construcción privada. La obra pública, que unirá el placer de endeudar al país con la necesidad de establecer alianzas políticas territoriales, no puede ser vista como un reemplazo de la cantidad de puestos de trabajo destruidos en la actividad productiva o en servicios públicos complejos, como está promoviendo el actual Gobierno. A diferencia del vacío slogan macrista de “crear empleos de calidad”, la obra pública o la construcción de vivienda no generan tal salto de calidad, ni tampoco reparan geográficamente las crecientes insuficiencias del mercado laboral.


«Es claro que se carece de una estrategia para obtener competitividad internacional genuina y se reposa en las formas más primitivas, como la destrucción del salario real, pensado exclusivamente como un costo.»

Es probable que se produzca una significativa desproporción entre la destrucción concreta de puestos de trabajo en 2016 y la supuesta creación de puestos de trabajo en 2017. El Gobierno no ha hecho cálculos serios porque priorizó cumplir inmediatamente con los sectores económicos concentrados que lo apoyan. Tiene una enorme fe en que buenas campañas publicitarias se ocuparán del resto.

El gobierno de los empresarios

Un programa económico para un país no puede ser nunca la mera sumatoria de demandas sectoriales. En el caso argentino actual, las demandas de transferencias de ingresos o de fijación de determinados niveles de precios relativos de diversas fracciones empresariales –en algunos casos contradictorios- no son un mapa coherente de acciones gubernamentales.

La falta de enunciación clara de las metas de corto y mediano plazo del Gobierno tiene dos lecturas posibles: por un lado, muchos efectos surgen por default como resultado de crudas trasferencias sectoriales: primero se cumple con los grupos que apoyan y después “se ve qué impacto tuvo”.


«El gobierno no puede tener éxito en las elecciones de 2017 si continúa el panorama económico-social que va a haber en la Argentina en octubre de 2016.»

Por el otro, una buena parte de los objetivos son políticamente inconfesables porque tienen que ver lisa y llanamente con perjudicar a amplios sectores de la población, que son y serán agredidos por la política neoliberal que consiste en priorizar negocios particulares sobre cualquier otra meta social. No debe descartarse tampoco la improvisación, la irresponsabilidad y la frivolidad a la hora de evaluar la actual conducción de los asuntos públicos.

Hemos ingresado como sociedad a un período económico complejo e indeterminado, en el que la falta de una estrategia viable de desarrollo obligará a reposicionarse políticamente tanto a las franjas más movilizadas de la población, como a aquellas que se han mostrado más pasivas en la última década.

*Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires y magíster en Relaciones Internacionales por FLACSO. Investigador y docente en la UBA y en la UNGS (IDH, Área de Política).

Ph: Hernán Piñera

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