Sin concesiones, por favor

Por Ariel Colombo

      El análisis político y jurídico hoy parece petrificado en su propia descripción kafkiana del gobierno de Macri. Se renueva el ingreso de datos y se ajustan los esquemas de interpretación, pero la experiencia se encarga de volatilizarlos siempre con una carga más ominosa. No obstante, algunos enfoques, como el de Edgardo Mocca en sus notas1, preservan la centralidad de la noción de antagonismo sin hacerse la ilusión de que por el mero incremento catastrófico de la crisis se desatará la conflictividad constructora de una opción, con clara conciencia de que la crisis por terminal que sea nunca será el sucedáneo de la lucha. Un análisis no concesivo, que haga pié en el conflicto y no en el consenso evita, en primer lugar, el eterno retorno de los mismos planteos de moderación y conciliación que solo garantizan continuidad. La fidelidad a la ruptura/apertura que encarnaron Néstor y Cristina no pasa por hacer lo mismo que ellos hicieron o intentaron, pero sí por la determinación con que encararon a sus enemigos, que también son los nuestros, y con la que descartaron a los pusilánimes, que siguen entre nosotros.

     La antagonización como enfoque analítico político es fecunda porque, en primer lugar, el interrogante que induce de inmediato se refiere a cuenta de qué o en nombre de qué se arriesgan las vidas, la libertad o la suerte de cada cual. ¿O acaso no nos preguntamos a cada momento sobre quienes se preparan especulativamente para capitalizar los esfuerzos movilizatorios y organizativos capturando nuevas energías que se despiertan en la sociedad, que serían esterilizadas o neutralizadas una vez en la gestión? ¿Qué otra cosa cabe pensar de aquellos que siguen las indicaciones que manda el “tablero”? Para decirlo un poco más concretamente, por si alguien apuesta al falso supuesto de la “ancha avenida del centro” ¿Cuántos se reposicionan para ofrecer una opción salvadora entre el derrumbe infinito de Macri y la persecución infinita a Cristina, ofreciendo sus módicos “puntos”, correlato de almas mas reblandecidas que bellas? ¿O acaso aceptaremos la misma vergüenza del PT en Brasil que se resigna a concurrir a elecciones con Lula preso?

    En segundo lugar, el antagonismo en el que debe inscribirse el análisis obliga a preguntarse por sus propias coordenadas políticas e institucionales, y si debe aceptar, por ejemplo, el terreno que el enemigo le propone para cada batalla. En estos días me ha vuelto a la memoria la Tesis 8 de Walter Benjamín2 (Tesis sobre la historia, escritas en 1939 poco antes de suicidarse en el intento de cruzar los Pirineos escapando del nazismo). En ese texto hay una advertencia a los socialdemócratas de entonces según la cual “nada ha dado tantas oportunidades al fascismo como combatirlo en nombre del progreso”, y que hoy podríamos reformular estableciendo que nada ha favorecido más al neoliberalismo que enfrentarlo en nombre de la democracia. Con esto quiero decir que no se puede usar contra el poder neoliberal la bandera de la democracia si a esta se la concibe como artefacto equivalente al Estado de derecho liberal, porque si esta es la creencia entonces estaremos oponiendo un Estado de excepción a otro. Justamente, en la misma Tesis, y de modo aparentemente desconectado, Benjamin (respondiendo a Carl Schmitt) advierte también que “para los oprimidos el Estado de excepción es permanente”. En efecto, el Estado de derecho liberal es un Estado de excepción que, más allá de sus perseguidos y empobrecidos específicos, exceptúa de la soberanía popular procedimentada materias que declarará intangibles como la propiedad privada, el trabajo asalariado, la libre contratación, etc. consagrándolas en la parte dogmatica o doctrinaria de la Constitución. No tengo dudas de que lo que en forma dominante se considera “democracia” no es más que un Estado que puede suspender cualquier regla en función de reglas prepolíticas (como las inherentes a la nación, o la raza, o la clase, al mercado, a la religión, etc.), poniendo fuera del alcance del pueblo decisiones determinantes para su vida. Es, por ejemplo, lo que une la dictadura liberal de 1976 con la arbitrariedad de poder judicial actual, o con sus políticas endeudadoras y antiindustriales. En el continuum de los regímenes liberales, sean autoritarios, extorsivos o hegemónicos, solo hay diferencias de grado, y cuando sucede lo que hoy en Argentina nadie debe escandalizarse.

     Lo anterior quiere decir que la excepción no está fuera del orden jurídico sino que, por el contrario, depende de este y es parte de él, tal como ha precisado Giorgio Agamben3. Ni Hitler ni Videla suspendieron las respectivas constituciones, solo derogaron garantías individuales (la frustración de Carl Schmitt consistió precisamente en que Hitler no consagrara una nueva constitución; a los liberales argentinos les satisface la que tenemos con la cosmética de 1994). El Estado de excepción es el que puede suspender la vigencia o la aplicación de una norma con el objeto ulterior de volverla más efectiva, integrando sistemáticamente toda situación que pueda considerar anómica. Se trata, en definitiva, de una violencia jurídica instauradora y conservadora de la ley. Que además de permanente ha supuesto en nuestra experiencia cotidiana una doble excepción, la que favorece sistemáticamente al macrismo y la que agrede sistemáticamente al kirchnerismo, una permanencia que termina en metástasis, la que se disemina por un cuerpo acéfalo cuando este ni siquiera es ya lubricado por “la confianza de los mercados”. Y que si ha fracasado una vez más ha sido por un insuperable antagonismo, gestado por la democratización durante la década ganada, entre el individualismo propietario y mercante, y el nacionalismo estatal y popular.

     El problema, sin embargo, está de nuestro lado y consiste en no entender que en lugar de combatir al Estado de excepción en nombre de una democracia inexistente, deberíamos hacerlo con la única forma en que esta se hace presente que es en el interior del movimiento popular y en el que funciona según la regla de la unanimidad, una regla de la fase inicial de la acción en momentos en que el enemigo es más poderoso y peligroso, esto es, cuando se requiere de toda la potencia para enfrentarlo, siendo contraproducente dispersar el tiempo que demandan las decisiones cuando se toman por mayoría o por acuerdo.  A la colectividad en acción que es regida desde adentro por la unanimidad cualquiera entra y sale de ella en todo momento, sin que se requiera ni organización ni conducción ni recursos. Por cierto, suele haber alguien o algo que traduce la decisión unánime y que no obliga ni pone en minoría a nadie.

       Benjamín viene a ayudarnos también aquí. Contra el Estado de excepción de Carl Schmitt, define a la violencia pura como “acción completamente al margen del derecho que desenmascara su nexo cómplice entre este y las violencias de todo tipo” (el saqueo, la represión, el desempleo, etc.). Su pureza no procede sino de su carácter de puro medio, sin relación a fines, que abre el derecho a la justicia, a la que Benjamin concibe como un bien inapropiable e imposible de subsumir a ningún orden4. Esta violencia es la que debe estar contenida en una oposición incondicional a las violencias que el Estado de derecho liberal se permite impunemente a sí mismo. En este sentido, y a nuestro favor, se halla el dato contundente de que la mayoría de los personajes que operan la excepción contra el kirchnerismo, pertenecieron al régimen del terrorismo de Estado o reivindican en la práctica su política económica de la cual fueron beneficiarios. A sus votantes no habría que olvidar ni perdonar nunca en su profunda traición, ya que solo reconocerán el crimen de su inmoralidad si profundizamos la “grieta” hasta el punto en que puedan divisar el abismo que nos separa de ellos, que es el mismo que separa al liberalismo de la democracia.

Show 4 footnotes

  1. https://www.pagina12.com.ar/134699-la-quimera-de-la-transicion
  2. Benjamin, Walter “Sobre el concepto de historia“. Editorial Piedras de Papel, Buenos Aires, 2007
  3. Agamben, Giorgio “Estado de excepción“, pgs. 71-121. Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, 2004
  4. Benjamin, Walter, Iluminaciones IV. “Para una crítica de la violencia y otros ensayos” Taurus, Madrid, 1991.
LinkedInFacebookTwitterEmailFlipboardGoogle+Share

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *