Tensión social y tensión penal

 

Por Daniel Adler*

       I. Las desigualdades estructurales condicionan a esta región, rica en agua, tierra y aire. El agua la tierra y el aire no son para todos del mismo modo. Pese a su riqueza, algunas poblaciones no acceden al agua, la mayoría no accede a la tierra y el aire en las grandes urbes, donde se concentra gran parte de las poblaciones, se encuentra contaminado1. La desigualdad genera tensión social y quiebres que suscitan hechos de violencia. A partir de allí hablan la respuesta punitiva estatal  y el derecho penal.

        Las tensiones sociales, en gran medida producto de estas situaciones de desigualdad, llevan a conflictos sociales e interpersonales (v.gr. cortes de ruta, protestas, manifestaciones) que afectan derechos de terceros, y ello ocasiona, a su vez, tensión en el sistema penal. Mientras la tensión social se dirime entre los antitéticos igualidad – desigualidad, la tensión penal se debate entre el estado de  derecho y el estado de policía

       II. La desigualdad en América Latina no es algo preconstituido o predestinado por los tiempos.

       Hay factores internos- entre ellos la ideosincracia de la población- y  factores externos que han llevado a la situación (el capital financiero especulativo que explota a la población culturalmente condicionada por ese factor interno).

       América Latina es básicamente católica e hispanoparlante, a diferencia de la del norte que abrigó el protestantismo. Las consciencias se moldearon de modo diverso. Mientras para los calvinistas y luteranos la riqueza es símbolo de haber hecho las cosas bien en la tierra para llegar al cielo, para gran parte de los católicos ello resulta incompatible con la vivencia de las virtudes, entre las cuales la pobreza se constituye en los hechos – aunque no en la dogmática  católica2 en una de ellas3. Para unos la riqueza es la salvación, para los otros la perdición. Esto multiplicado por miles y millones de personas conforma un panorama general donde la producción de la riqueza tiene un sentido social positivo en el norte y negativo en el sur.

       Esa masa crítica de la población, que en gran parte se encuentra condicionada culturalmente a no producir riqueza y vivir con alegría la pobreza, es aprovechada por el capital financiero de diversos modos.  Desde la llegada de los espejitos de colores –v.gr. hoy teléfonos celulares, y drones- hasta la colocación de dinero en moneda extranjera a intereses altamente superiores a los que se pagan por esa misma moneda en sus países con rápidos reintegros que generan pingues ganancias, con la ilusión que el dinero llega a la región cuando en realidad es un capital golondrina que sólo viene al Sur a reproducirse. Es más, cuando las burguesías nacionales quieren desarrollar su industria, aparece la calidad y el mejor precio de la industria extranjera, sepultando la posibilidad de generar riqueza. Comunidades que no tienen posibilidad ni capacidad para generar riqueza son utilizadas por quienes sí la tienen. Cuando ello se mantiene en el tiempo se produce una situación de pobreza estructural, de la cual sólo es posible salir con una clara conciencia de lo que pasa y con la decisión de hacerlo; los centros tecnológicos y universitarios que producen ciencia han sido, por ejemplo en la India, un factor determinante.

        III. En términos éticos o de moral pública, esas situaciones crónicas de desigualdad se traducen en inequidad estructural, más aún cuando la decisión política se mueve en términos de no modificar  el statu quo4.

       IV. Esa inequidad estructural produce tensiones sociales. La vivencia de la desigualdad en las sociedades postcapitalistas, de la que se toma conocimiento a través de la publicidad y de la propaganda propias de las sociedades de masas y de medios masivos de comunicación, alientan el consumo de todos, sólo algunos tienen acceso; la mayoría pocas posibilidades y perspectivas de hacerlo.

       Esas situaciones de desigualdad producen cíclicamente procesos de tensión social y de conflictos que pueden terminar en situaciones de violencia. La cuestión es cómo salir de esos procesos.

       V. Podríamos condenar y construir un muro de lamentos lleno de verdades contra el capitalismo neoliberal que nos circunda5, pero no nos llevaría a nada. Sería una queja sin alternativas, y desconocería un dato de la realidad que se impone y que tiene que ver con las aspiraciones de las personas. Hombres y mujeres  utilizan su libertad para su propio desarrollo que incluye el crecimiento económico. En ese contexto muchos apuestan a tener un capital de trabajo, otros sólo un trabajo digno6. El conjunto de estas situaciones genera una sociedad donde la libertad individual abocada a la producción ha sido y es productora de riqueza. La creatividad del hombre puesta al servicio de sus aspiraciones de realización  ha permitido el progreso económico, social y humano de las comunidades. Las sociedades que adoptaron sistemas comunistas o colectivistas fracasaron por desconocer esta cuestión  básica. Los hombres y las mujeres aspiran al desarrollo social y económico.

Claro que si está libertad no se combina con el principio de igualdad el capitalismo será salvaje.

       VI. La cuestión fue observada hace más de un siglo por la doctrina social de la Iglesia. Desde Rerum Novarum se vienen buscando alternativas que amalgamen el progreso humano y la solidaridad social. La libertad sin igualdad lleva a una sociedad de excluidos; la igualdad sin libertad a una sociedad de esclavos. Siguiendo la trilogía laica francesa, podríamos decir que la fraternidad acerca ambos conceptos. La hermandad pretende generar lazos entre unos y otros para que nadie quede excluido, irguiéndose la dignidad de la persona en un límite que impide que hombres y mujeres sean considerados una mercancía de intercambio ( capitalismo salvaje) o un engranaje más del estado burocrático colectivista.

       La normativa internacional se encuentra en ese camino de equilibrio. Los tratados de derechos civiles y políticos de derechos humanos predican la libertad, incluso la Carta Americana de Derechos del Hombre reconoce en su artículo XXIII la propiedad privada,  pero los Pactos que contemplan los DESC ( derechos económicos, sociales y culturales) prevén la protección de los más vulnerables.

        VII. Hay modos de disminuir las tensiones sociales que genera la desigualdad estructural. Para ello, se  requiere de diversos modelos de producción y de trabajo; la economía social de mercado considera no sólo la participación de los grandes grupos y empresas. No hay fórmulas mágicas, sí marcos de discusión que permitan el desarrollo de los pueblos. Países que hoy han alcanzado un alto grado de desarrollo humano, económico y político optaron por estas vías de equilibrio, a través de un capitalismo social de mercado que combina la libertad económica y la solidaridad comunitaria, en las cuales el Estado no mira para otro lado cuando alguien se cae del sistema. Todo esto de la mano del concepto de responsabilidad social empresaria y del de responsabilidad política a la hora de tomar decisiones en materia de las relaciones internacionales que asumen los países de menores recursos con las organizaciones internacionales de crédito y con la banca privada extranjera y nacional.

        Así, en los últimos tiempos, el desarrollo de diversas actividades de parte de las organizaciones de la sociedad civil se ha mostrado como una herramienta necesaria y eficaz para la realización de políticas mínimas vinculadas a roles que el estado no llega a cumplir. Estas organizaciones no pueden ni deben suplantar al Estado, pero resulta evidente que no siempre el Estado cumple con su rol de protección de los derechos fundamentales de las personas reconocidos en los Tratados y Pactos Internacionales,  y es por eso que debe mirarse la actividad regular de estas asociaciones como complementaria de la función estatal incompleta.

         Otro modelo alternativo de los últimos tiempos ha sido el emprendedurismo, reflejado en la multiplicidad  de las pequeñas y medianas empresas, lo que ha mitigado las políticas duras del capital impersonal.

         Todas estas cuestiones no pueden desconocer la dureza con que se manejan los términos macroeconómicos, en especial lo atada que se encuentran las economías de la región al dólar. El traslado de la suba de la moneda norteamericana en el mercado financiero interno a los precios se realiza la mayor parte de las veces sin motivo alguno: las  mercaderías que se producen vinculadas al consumo de la población no contienen insumos que deban ser importados ( v.gr. los alimentos). Esto requiere de una aguda observación de parte de los gobernantes para evitar que se afecte el equilibrio en la relación capital, trabajo, precios y salarios. La ruptura de estas variables pueden generar tensiones sociales a partir de situaciones de desempleo ( v. gr. si una empresa aumenta sus precios el consumo de sus productos pueden disminuir, esa disminución hace perder ganancias y eso puede llevar a situaciones de inestabilidad laboral).

          En esta búsqueda de equilibrio para evitar la tensión social, el estado no puede ser el principal empleador, pero sí debe ser quien primero se preocupe y ocupe de que los obreros tengan trabajo en el sector privado. Para ello, se requiere promover la industria y el comercio, y evitar que las fábricas y los negocios despidan a las personas de sus trabajos. En caso que eso no pueda evitarse por razones de viabilidad económica, el Estado, para evitar situaciones de tensión social, no puede desentenderse de la situación laboral de miles de personas.

          Diversos lineamientos básicos, como los antes enunciados, mitigan la tensión social que se da en las sociedades capitalistas en desarrollo, y permiten el crecimiento a partir de un modelo social y económico inclusivo.

           Claro está que se puede seguir un modelo distinto, donde sólo importe la libertad de empresa despojada de todo sentido social. Entonces la tensión social será inevitable y si a esto se suma una inadecuada utilización del sistema penal peor aún. Ya nos decía Galeano que “Cuanta más libertad se otorga a los negocios, más cárceles se hace necesario construir para quienes padecen los negocios”7.

              El modelo social, que incluye la concepción del estado y de su política económica, no es ajeno al modelo penal. La ruptura del modelo social genera tensiones que se trasladan al modelo penal. Esto lo han advertido los autores de derecho penal desde los años ochenta, que  desde ese entonces comenzaron sus tratados enfocando el modelo de estado y a partir de allí la función el derecho penal y de la pena8.

       VIII.  La utilización de la fuerza del Estado  como medio y modo de mantener la desigualdad nunca puede ser legítima, pues parte de la utilización de la estructura estatal para mantener una situación injusta.

       Sin embargo, no siempre la utilización de la violencia estatal es ilegítima.  De qué sirve que los desiguales puedan acceder a la vivienda si esa vivienda no puede ser protegida desde el Estado de Derecho frente a la usurpación de otros pobres que quieren usurparla. En esos casos, el derecho administrativo sancionador, fuerza ejercida desde el poder de policía, pareciera que es la respuesta más eficaz de la mano de policías que “defienden al pobre del pobre”, policías tan pobres como ellos. Algo similar ocurre en el ámbito carcelario: la autoridad de los guardiacárceles resulta necesaria para evitar que se socave la seguridad de las personas que las habitan, pues sabido es de la violencia que ejercen unos presos sobre otros para mantener situaciones de dominio territorial en esas instituciones totales y cerradas. Cuando no hay autoridad o la autoridad juega el partido de la omisión para favorecer a unos o a su propio dominio resulta el caos.

       Por ello, las respuestas no pueden pecar de simplismo, que es el concepto defectuoso de lo simple. Se requiere un equilibrio entre la razón y la fuerza, entre lo igualitario y lo desigualitario, entre la libertad y el orden.  No hay estado de derecho puro ni estado de policía puro9. Ambos se complementan. El tema es la baja en la calidad que sufre el estado de derecho cuando se utiliza la fuerza en situaciones de tensión social grave. Cuando ante la ruptura social se utiliza el sistema penal como modo de resolver los conflictos sociales estamos en problemas. Allí corremos el riesgo de dejar de lado el estado de derecho.

       IX. Para que una comunidad sufra lo menos posible los efectos del estado de policía el  modelo penal debe seguir  al modelo social. Esto supone que el Estado debe tener un modelo social. La ausencia de modelo social en el estado de derecho implica dejar de lado el principio de fraternidad o solidaridad.  Creer que el modelo penal anda solo por el mundo como un alma sin cuerpo es una ficción panpenalista. La respuesta penal tiene que tener en cuenta el  contexto en el que se desarrolla la vida social y económica de una región o de un país.

       Esto lo deben tener claro sobre todo quienes tienen el deber de prevenir el delito. Para muestra basta un botón: los “sublevados” de diciembre de 2001 eran delincuentes para quienes ejercían el poder en ese momento en la Argentina; sin embargo la justicia determinó luego que fueron víctimas de violencia institucional y quienes dieron las órdenes y otros que las ejecutaron fueron juzgados ante los tribunales. En ese momento, se produjo una situación de tensión social tan grave que rompió el modelo social ( neoliberal) y llevó a una fractura del modelo penal ( las normas que ordenaban reprimir se mostraron ineficaces, los gobernantes renunciaron a las más altas responsabilidades y fueron juzgados por la mala aplicación del sistema penal). La tensión social produjo un grave debilitamiento institucional y un vacío de gobernabilidad que llevó a un cambio de modelo social y a una ruptura  del enfoque del modelo penal: los victimarios pasaron a ser víctima de violencia institucional, y los gobernantes juzgados por la violencia ejercida. Por eso lo que resulta relevante, para no caer en ficciones, es observar si la norma penal, que parte de un modelo de estado, se condice con la realidad social, de lo contrario se caería en situaciones paradigmáticas que deslegitiman de modo tal el “statu quo” que todo termina exactamente al revés.

       Las situaciones de desigualdad que vive la región hace que las tensiones sociales eclosionen con frecuencia en situaciones de violencia. Las desigualdades en Latinoamerica generan esas tensiones de modo constante y lleva a que esos quiebres se produzcan con mayor frecuencia que en las latitudes del norte, poniendo en jaque a las mismas instituciones. Es allí donde se producen las fracturas entre el modelo penal y el modelo social, y se corre el riesgo que la actividad de la policía y de los jueces quede pedaleando en el aire. Por ejemplo, no existe norma penal que pueda hacer callar las voces de protesta, so consecuencia de caer en situaciones ridículas. Por ello es rechazada por los sociólogos del penalismo y la mayor parte de los fallos la criminalización de la protesta social10. Distinto sería que esas voces de protesta fuesen acompañadas de acciones de violencia sobre los cuerpos o las cosas de las personas: allí se debe actuar con el ejercicio de la fuerza mínima, racional y necesaria para hacer cesar el ataque, en cumplimiento del deber de las autoridades de hacer cesar situaciones que afecten los objetos protegidos por los bienes jurídicos tutelados en el ámbito del estado constitucional y social de derecho ( art. 34 inc. 4 del Código Penal Argentino).

       X. Para que los conflictos permanentes que se producen en las sociedades de nuestras tierras sean resueltas del modo menos violento posible debe existir una correspondencia entre las tensiones dinámicas del modelo social y las del modelo penal. Así como Sebastián Soler decía que “A un Estado siempre se le puede decir: muéstrame tus leyes penales, porque te quiero conocer a fondo”11, hoy podríamos decir que para saber si un sistema penal  es respetuoso del sistema democrático y social de derecho bastaría con ver de qué modo se muestran los equilibrios a la hora de la intervención estatal en los graves conflictos que se suscitan a partir de la desigualdad en Latinoamerica.

        Las posiciones irreductibles, que violentan los más elementales derechos de las personas,  llevan a situaciones de tensión extrema que pueden terminar en tragedias. Los hechos del 2001 fueron los mismos que Neruda, cincuenta años antes, dijo en el “Canto General”12:

 Pueblo, aquí decidiste dar tu mano
al perseguido obrero de la pampa, y llamaste,
llamaste al hombre, a la mujer, al niño,
hace un año, a esta Plaza.

Y aquí cayó tu sangre.
En medio de la patria fue vertida,
frente al palacio, en medio de la calle,
para que la mirara todo el mundo
y no pudiera borrarla nadie,
y quedaron sus manchas rojas
como planetas implacables.

Fue cuando mano y mano de chileno
alargaron sus dedos a la pampa,
y con el corazón entero
iría la unidad de sus palabras:
fue cuando ibas, pueblo, a cantar
una vieja canción con lágrimas,
con esperanza y con dolores:
vino la mano del verdugo 
y empapó de sangre la plaza!

        Las historias se repiten, todo parece cíclico como lo anunció Heráclito hace más de dos mil años. Es que los temas y las situaciones son análogas en este contexto latinoamericano, sólo cambian los objetos, los nombres, los países, los paisajes. Es por ello que las fuerzas de seguridad y quienes las gobiernan están obligados a la prevención racional de estos conflictos, con la mejor intervención que es la proporcional y adecuada. Ello significa que la violencia propia del poder punitivo no puede ser desarrollado de cualquier modo.

        Las tensiones sociales llevan a conflictos que pueden o no habilitar la actuación violenta del sistema penal: en el modo de intervención se juega día a día la calidad del estado de derecho.

*Fiscal General Federal de Mar del Plata. Docente Universitario

Show 12 footnotes

  1. http://tragua.com/situacion-hidrica-en-america-latina/.  Según Tragua ,” latinoamérica es el continente con la disponibilidad más alta del mundo. Sus 3100 m3 de agua per cápita por año, duplican el promedio per cápita mundial. La gran mayoría de los países de la región cuentan con disponibilidades catalogadas entre altas y muy altas en razón de su superficie y población. Aunque la región ha experimentado un aumento en la cobertura de agua potable de un 33% en 1960 a un 85% en el 2000; 77 millones de personas aún no cuentan con acceso al agua. Cobertura de Servicios Sanitarios La cobertura de saneamiento presenta niveles aún más bajos. Aunque la región ha experimentado mejoras considerables, tan sólo el 49% de la población cuenta con servicios sanitarios. Esto significa que la población sin acceso al saneamiento sea superior a los 100 millones de habitantes”.
  2. Se lee en  http://es.catholic.net/op/articulos/46885/cat/417/la-virtud-de-la-pobreza.html “ No sería pues obstáculo para la pobreza cristiana tanto la materialidad de poseer, cuanto el apego a lo que se tiene. Por eso, no sería pobre en el sentido evangélico de la palabra, el que teniendo poco está, sin embargo, obsesionado con lograr más como objetivo último o decisivo de su existencia”. La parábola del hombre que sale de viaje y deja dinero a sus servidores testimonia el deber de los cristianos de generar riqueza en la tierra Mateo, 25,14-30.
  3. Sobre el tema in extenso Weber,Max “La ética        protestante y el espíritu del capitalismo”. https://fortunatti.files.wordpress.com/2015/04/la-etica-protestante-y-el-espiritu-del-capitalismo.pdf
  4. Existen distintos índices de medición la desigualdad. El más utilizado es el de Corrado  Gini  quien  dirigió entre 1926 y 1932 dirigió el Instituto Central de Estadísticas de Italia.v. De Pablo, Juan Carlos http://www.lanacion.com.ar/1464956-inequidad-y-desigualdad-no-significan-lo-mismo. De Pablo distingue entre inequidad y desigualdad y ejemplifica con el caso del aula: el alumno que decide no compartir sus altas notas con los que sacaron menos en el examen. El ejemplo no parece del todo convicente. En primer lugar, en una clase se está frente a iguales. En segundo término, a partir de allí es el esfuerzo de iguales lo que marca las diferencias, y no afecta el principio de equidad que alguien saque más notas que otro, ni tampoco es acorde a la realidad ( porque no entra en el concepto de evaluación) que las notas puedan ser repartidas por los alumnos
  5. En sentido crítico Campana, Gustavo “Prontuario. No hay neoliberalismo sin traición” Ed.Colihue 2017
  6. El desarrollo humano que incluye el económico se lee en las encíclicas de la Iglesia. V.Encíclica Populorum Progressiohttp://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html.
  7. Galeano, Eduardo. “Las venas abiertas de América Latina” Introducción. Pag. 4 http://ww2.educarchile.cl/UserFiles/P0001/File/articles-101858_Archivo.pdf
  8. V.gr. la obras de Juan Bustos Ramirez,  Zaffaroni, Alagia y Slokar; y Mir Puig entre otros.
  9. In extenso sobre el tema Zaffaroni,R.E. Alagia,A. Slokar, A.W.“ Derecho Penal. Parte General” Ediar 2002. Pag.
  10. Gargarella, Roberto “ De la injusticia penal a la justicia social” Siglo del hombre editores. Universidad de los Andes. Derecho y Sociedad, 2008, en especial pag. 166 y ss.
  11. Soler, Sebastían. “ Bases ideológicas de la reforma penal” Eudeba 1966 pag. 9
  12. Poesía La Muerte.
LinkedInFacebookTwitterEmailFlipboardGoogle+

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *