Una extraña pareja ¿Hacia dónde va el nuevo gobierno italiano de Liga y 5 Estrellas?

Por Fernando Collizzolli*

     Durante la primera semana de junio, la novela política italiana del momento llegó al final, al menos, de su primera temporada. Tras varias marchas y contramarchas que se extendieron por 3 meses e incluyeron la posibilidad de recaer en un gobierno “técnico” y tener que volver a disputar elecciones, finalmente el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y la Liga sellaron un acuerdo para formar un gobierno de coalición, con la aprobación del presidente Sergio Mattarella.

    Giuseppe Conte se convirtió así en el primer ministro número 65 en 72 años de república italiana. Encabeza formalmente un Consejo de Ministros, que en la práctica empero, está dominado por los líderes de las dos principales fuerzas políticas que integran la coalición y que se reservaron para sí carteras estratégicas, además del cargo de vice primer ministro: Luigi Di Maio (M5E) es el nuevo Ministro de Desarrollo Económico, Trabajo y Políticas Sociales, mientras que Matteo Salvini (Liga) asumió como Ministro del Interior.

    Este ejecutivo categorizado con el mote de “populista” por los principales medios de comunicación y generador de incertidumbre al interior del sistema financiero y las instituciones europeas, es fruto del inédito acuerdo entre una derecha xenófoba que abandonó su discurso separatista -Liga- y un escurridizo movimiento antiestablishment que moderó su “denuncismo” para acceder al gobierno -M5E-; dos almas unidas por su posición crítica frente a la integración europea, las políticas migratorias y el sistema político italiano vigente.

Pero ¿cómo se llegó a este desenlace? Vayamos al inicio de la temporada.

EL RESULTADO ELECTORAL DE MARZO

    El domingo 04 de marzo se llevaron a cabo las elecciones generales italianas, que definieron la conformación del nuevo Parlamento. Los resultados confirmaron lo que presagiaban las encuestas, aunque con un alcance y una acentuación mayor a la esperada: el M5S (32,7%) se consolidaba como la principal bancada, con un crecimiento obtenido en gran medida a expensas del Partido Democrático (18,7%), que debe enfrentarse a una crisis de dimensiones; mientras la Liga (17,4%) crecía hasta superar a Fuerza Italia (14%) -el partido de Silvio Berlusconi- dentro de la Coalición de Centro-Derecha (37%).

    Así las cosas, nadie obtenía la mayoría necesaria para gobernar, e incluso, la reedición del Pacto del Nazareno del 2014 entre Matteo Renzi y Berlusconi (PD y FI), que a priori parecía la posibilidad más concreta de gobierno, quedaba descartada.

    En lo inmediato, este escenario de incertidumbre era resultado de la nueva ley electoral sancionada en Italia en octubre de 2017 con el acuerdo de los entonces partidos mayoritarios (PD, FI, Liga) buscando limitar las posibilidades del M5S. Inspirada en su par alemana, esta ley proporcional disfrazada de mayoritaria, obliga a obtener más del 40% de los votos a nivel nacional y triunfar en alrededor del 75% de los colegios electorales para alcanzar el gobierno, lo que prácticamente restringe la formación del ejecutivo a la conformación de una amplia coalición política.

   Estas elecciones, además, dieron cuenta de un incremento de la polarización política a nivel territorial, entre el sur italiano que eligió mayoritariamente al M5S, y el norte que votó a la Coalición de Centro-derecha; entre las demandas de trabajo en el sur, y de seguridad ante la inmigración en el norte; y en general, contra los políticos de Roma.

IDAS Y VENIDAS, VUELTAS Y REVUELTAS

  Descartadas, entonces, las posibilidades de tener un gobierno monocolor y también la reedición del pacto entre Renzi y Berlusconi, el presidente Sergio Mattarella inició las rondas de consultas entre los principales partidos resultantes de las elecciones de marzo.

   El rápido corrimiento del PD al lugar de oposición y la posterior negativa de FI de llegar a un acuerdo con los “grillini” -como se conoce a los miembros del M5S-, condenaron a Di Maio (M5S) y Salvini (Liga) a tener que entenderse.

 Sin embargo, no fue sencillo el acuerdo entre los líderes de los dos principales partidos antiestablishment italianos, y en el medio de las negociaciones, ambas formaciones coquetearon con la posibilidad de ir a elecciones en julio, y el presidente Mattarella con la conformación de un gobierno provisional que aprobara el nuevo presupuesto y modificara la ley electoral.

  Al término de la segunda semana de mayo, finalmente, Di Maio y Salvini llegaron a un principio de acuerdo, que se selló el 18 de mayo con la presentación del programa de gobierno, y la posterior selección del desconocido abogado Giusseppe Conte -propuesto por el M5S-, para el cargo de primer ministro.

  A podo de andar y aun antes de la asunción de las autoridades, esta alianza debió poner a prueba su fortaleza al tener que sortear dos temporales considerables. Primero con los cuestionamientos públicos hacia Conte por haber mentido en su curriculum profesional, que era hasta entonces su mejor carta de presentación y fuente de legitimidad, y posteriormente con la negativa del presidente Mattarella a convalidar al euroescéptico Paolo Savona como Ministro de Economía. Conflicto que se terminó saldando con el nombramiento de Giovanni Tria en Economía, y el corrimiento de Savona a la cartera de Asuntos Europeos.

“CONTRATO PARA UN GOBIERNO DE CAMBIO”

   El viernes 01 de junio, entonces, Conte presentó juramente como nuevo Presidente del Consejo de Ministros y pocos días después obtuvo el voto de confianza de ambas cámaras legislativas.

   Este Consejo tiene el reto de llevar adelante el denominado “Contrato para un gobierno de cambio”, programa con el que la coalición busca desafiar el fatigoso ritmo de la política en la octava economía mundial que arrastra una tasa de desempleo del 11% y una deuda pública superior al 130% del PBI.

   En ese sentido, este programa postula la necesidad de reducir la deuda pública a través del incentivo al crecimiento económico y la demanda interna – lo que es todo un hallazgo en la Europa actual-, y ubica en el debate público dos reformas de envergadura: una reducción impositiva, con el establecimiento de un impuesto único para las empresas, familias y autónomos que oscilaría entre el 15% y el 20%; y otra de pensiones, en la que la edad jubilatoria quedaría supeditada a dos posibilidades: los ciudadanos podrían jubilarse cuando superen los 41 años de aportes independientemente de la edad (“cuota 41”) o cuando los años de edad y de contribución sumen 100 (“cuota 100”).

  En materia de política exterior, la coalición reconoce la pertenencia de Italia a la OTAN con Estados Unidos como aliado privilegiado, pero al mismo tiempo postula una apertura hacia Rusia. Respecto a los temores suscitados en sus aliados europeos, el programa de gobierno suaviza la posición previa frente a la Unión Europea, pasando de la amenaza de abandono y salida del euro a la necesidad de avanzar con la reforma de las instituciones europeas.

 El programa contempla también los grandes ejes de campaña sobre los que cabalgaron ambas formaciones: por el lado de los “grillini”, el denominado “redito di cittadinanza”, una renta básica ciudadana de 780 euros mensuales por un plazo máximo de dos años; y por parte de la Liga, la adopción de una fuerte postura antiinmigratoria que incluye la proyección de deportaciones masivas, y el recorte de las políticas inmigratorias.

 Párrafo aparte para la situación de los 5 millones de italianos residentes en el exterior, que son contemplados en la letra del contrato de gobierno, lo que le valió a la alianza el voto de confianza del MAIE, el partido del dirigente italoargentino Ricardo Merlo que fue nombrado Subsecretario de Relaciones Exteriores del nuevo gobierno1.

  En definitiva, un programa ambicioso, que recoge la heterogeneidad de la coalición y que presenta dudas sobre su efectiva viabilidad, ya que, por ejemplo, promueve un recorte de los ingresos impositivos al mismo tiempo que un incremento del gasto público.

  Del mismo modo, los plazos de su implementación ya han empezado a extenderse en el tiempo; tanto la reducción impositiva como la renta ciudadana no aparecen en el horizonte sino hasta mediados de 2019. Demasiado tiempo para un país en el que la media en la que un premier sobrevive en el cargo se sitúa en alrededor de un año y dos meses.

ELECCIONES COMUNALES

   A poco de asumir, el domingo 10 de junio se llevaron a cabo las elecciones comunales en más de 700 municipios italianos, en las que la Liga y el M5S se presentaron por separado.

  Más allá de su heterogeneidad, los resultados de estas elecciones marcaron un crecimiento de la centroderecha -impulsada por el avance de la Liga-, una derrota para el M5S y un respiro para el PD en su retroceso, en un contexto de baja participación electoral (61%) y con muchas elecciones que deberán definirse en el balotaje del 24 de junio.

  No casualmente ese mismo día de la elección, Salvini anunció que cerraba los puertos de Italia a la nave Aquarius que transportaba 629 inmigrantes rescatados en el Mar Mediterráneo, incrementando el drama humanitario y corriendo peligrosamente, en sus sucesivas intervenciones, los límites de lo decible en la arena política italiana.

  Italia es la principal vía marítima de entrada de inmigrantes en condición de irregularidad a la Unión Europea, y Salvini le reclama a sus socios europeos modificar la política migratoria común.

UN PASTICCIO ITALIANO

  “Necesitamos paciencia porque uniremos dos programas que no siempre son compatibiles”, admitió el propio Di Maio en medio de las negociaciones con la Liga2. Si bien históricamente el sistema político italiano favoreció los pactos entre fuerzas políticas dispares, esta vez las conversaciones fueron todavía un poco más allá.

   En este escenario, una doble crisis de alcance europeo hizo parte: el creciente malestar social frente a la condición elitista del sistema representativo de gobierno, y la crisis de la socialdemocracia europea producto de su capitulación ante el programa neoliberal, en tanto heredera y sujeto político de una época histórica que ya no existe más.

  Pero también, el propio derrotero de la política italiana. A principios de la década del ´90, el proceso judicial conocido con el nombre de “mani pulite” fue determinante en la implosión del sistema político italiano, que desde entonces nunca terminó de recomponerse.

  Como escribió Giovanni Orsina “La República italiana siempre ha tenido instituciones débiles, pero al menos tenía partidos fuertes; con la crisis de principios de los años noventa del siglo pasado también ha perdido los partidos, y desde entonces no logra encontrar un régimen político estable”3.

  Así las cosas, Italia tiene hoy un ejecutivo inédito, dirigido formalmente por un primer ministro que deberá hacer equilibrio sobre las tensiones que han comenzado a producirse entre las principales fuerzas que integran la coalición, las cuales deberán mostrar resultados rápidamente para no dilapidar su capital electoral, una vez que pierdan su carácter de novedad.

  El resultado de las elecciones comunales y las primeras semanas de gobierno, han mostrado a la Liga tomando la iniciativa dentro del gobierno, y consolidando su posición ya como el partido dominante de la derecha italiana. A las izquierdas italianas les espera un arduo camino por delante.

Esta novela seguramente continuará.

*Licenciado en Ciencia Política y Maestrando en Estudios Sociales Latinoamericanos (UBA). Integrante del Comitato Degli Italiani All’Estero -COMITES- de Lomas de Zamora.

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  1. El miércoles 13 de junio, Ricardo Merlo juró como Subsecretario de Relaciones Exteriores del gobierno italiano, por lo que incidirá en la definición de las políticas hacia los italianos en el exterior. Acceso disponible en: http://www.telam.com.ar/notas/201806/289422-un-senador-nacido-en-argentina-integrara-el-nuevo-gobierno-italiano.html
  2. Acceso disponible en: https://elpais.com/internacional/2018/05/10/actualidad/1525959225_152718.html
  3. Acceso disponible en: https://elpais.com/internacional/2018/02/03/actualidad/1517666670_394600.html
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